Rubi, así no vamos ni a Primera ni a ninguna parte

Cabos sueltos en el Almería

Rubi en la banda de El Toralín.
Rubi en la banda de El Toralín. La Voz

Decir, como dijo Rubi después del fracaso de Ponferrada, que no tenía nada que reprochar a sus jugadores es un error, un desatino y un desvarío.  

Cuando durante cien minutos solo se ha tirado a puerta menos veces de los dedos que pueden contarse en un mano, cuando el centro del campo ha sido un erial de ideas y un desierto de capacidad creativa, cuando la defensa ha cometido fallos de regional y cuando solo el acierto de Fernando impidió el regreso a Almeria con tres o más goles en contra, no puede afirmarse sin sonrojo que no hay nada que reprochar a quienes han protagonizado el desastre.

El destino

Un entrenador debe defender a sus jugadores… pero cuando lo merezcan, no cuando colectivamente no han sabido estar a la altura de las circunstancias ni de las nóminas que cobran. Ahí lo que procede es el silencio, no la defensa de lo indefendible.  

Decir que no hay nada que reprochar es asumir que han hecho lo que pueden hacer, que no están capacitados para más, que con estos mimbres no se puede esperar hacer cestos mucho mejores. Y esa afirmación provoca inquietud en la afición e inseguridad en los jugadores. Si hacen todo lo que pueden y, por tanto, nada hay que reprocharles, su capacidad de rendimiento futuro les condena a la mediocridad. Si hacen lo que pueden y ese esfuerzo conduce a la derrota- ante el Amorebieta antes, ante la Ponferradina ahora-, ¿qué mensaje de esperanza se le transmite a la afición más allá de la inquietud y el desaliento?



Las cosas claras

Hacer reproches en publico es un error, pero decir en público que no hay nada que nada que reprochar es un pésimo mensaje. Es asumir que no hay capacidad de mejora y eso es reconocer que estamos iniciando un viaje a ninguna parte.  

Que nadie interprete esta reflexión como un análisis técnico de los porqués de lo sucedido en el campo; para eso están los analistas de La Voz, la SER y los otros medios. Líbreme el dios del respeto a los entrenadores entrar en sus decisiones tácticas.  

El juego es una cosa y el mensaje que se transmite después de la victoria o la derrota es otra.
La Ponferradina venció al Almeria; Rubi, con su declaración, derrotó la esperanza de la afición.

Lo mejor de todo es que en el fútbol la victoria o la derrota es una emoción efímera, solo dura lo que tarda en comenzar el próximo partido. 



 

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