Bares de Almería que no son lo que parecen: el restaurante frente al mar que se convierte en discoteca
En el local sabes a qué hora llegas, pero no a qué hora te marchas

Maracas Almerimar.
En una de los rincones más de moda en la provincia de Almería, frente al mar y con las velas como telón de fondo, hay un local que reparte el día y la noche en dos ambientes bien diferenciados. Arriba, manteles, brasas y arroces; abajo, luces, cabina y pista para quienes alargan la jornada hasta que clarea.
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Quienes conocen la zona recuerdan aún la antigua Safari, la discoteca que marcó una época en la noche de Almerimar. En ese mismo enclave, ocupando una de las esquinas del edificio Jaleo, fue creciendo poco a poco lo que hoy es Maracas: primero como sala de fiestas y, con el tiempo, sumando la planta de arriba para abrir un restaurante con otro ritmo.
La parte superior se ha ido consolidando como un espacio amplio y cuidado, pensado para comidas y cenas en clave más tranquila, mientras la planta baja mantiene el pulso nocturno con sesiones de DJ, eventos de temporada y un ambiente que llena el puerto en fines de semana y verano, sin descuidar el 'tardeo'. Esa continuidad entre mesa y pista ha convertido el local en una parada habitual para varias generaciones que han visto cómo el viejo punto de encuentro se transformaba sin perder presencia en la noche.

Uno de los postres que ofrecen en el local.
Cocina de producto con acento marinero
La carta del restaurante combina platos pensados para compartir con propuestas más contundentes. Entre las entradas aparecen ensaladas como la Maracas —con brotes tiernos, aguacate, manzana, jamón deshidratado, nueces y queso de cabra con salsa de mostaza y miel—, salmorejo, alcachofas con huevo frito y jamón, croquetas caseras de jamón, choco en su tinta o bogavante, así como tablas de quesos y anchoas del Cantábrico.
El mar tiene un papel central en la llamada 'Barquita de Maracas', donde cada día se trabaja con pescado fresco a la parrilla con leña de encina y espetos de sardinas, además de mariscos según mercado. A partir de ahí, desfilan los arroces (de verduras, carrillera, secreto, marisco, pulpo o bogavante meloso, entre otros) y las carnes a la brasa, como el secreto de Angus o el solomillo de vaca, que apuntan a una cocina de producto reconocible, sin excesos de artificio.
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Bodega, cócteles y sobremesas que se alargan
La oferta líquida es amplia, con vinos blancos y tintos de distintas denominaciones, espumosos, champanes y cavas, además de vermuts y cervezas. Completa la propuesta una carta de cócteles clásicos —Aperol Spritz, Moscow Mule, Margarita, Espresso Martini— y sangrías que funcionan como puente natural entre la sobremesa del restaurante y el ambiente de la planta baja.
En el apartado de postres aparecen opciones como la tarta de queso de pistacho, el brownie, tiramisú o elaboraciones más golosas a base de nata, frutos secos y helados de fruta, pensadas para compartir al centro. Son finales de comida que invitan a no mirar el reloj y facilitan que la conversación acabe transformándose en plan de noche.
Discoteca consolidada y 'hermano' en la capital
Con los años, la sala se ha asentado como una de las discotecas más conocidas del Poniente almeriense, con horario amplio, fiestas señaladas y una terraza desde la que se ve caer el sol sobre la bahía antes de que empiece la música. El esquema se repite fin de semana tras fin de semana: grupos que llegan a comer o cenar arriba, bajan después a por el primer cóctel y terminan la noche en la pista, sin cambiar de dirección.
El proyecto, además, tiene 'hermano' en la capital: Maracas Almería, situado en la calle San Pedro, que lleva el mismo sello de ocio nocturno en pleno centro de la ciudad. Entre uno y otro, han ido tejiendo una red de locales reconocibles para quienes buscan alargar el día entre mar, cocina y música.