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La ruta gastronómica imprescindible por Almería, según el restaurante de cocina fusión más popular

Belén y José, al frente de Errante, comparten los lugares donde comen, beben y se inspiran cuando salen de sus fogones

José Carlos Rebolloso y Belén Ibáñez, propietarios del Restaurante Errante

José Carlos Rebolloso y Belén Ibáñez, propietarios del Restaurante ErranteSara Ruiz

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Todo empezó sin grandes planes, sin más pretensión que cocinar con verdad. Belén Ibáñez y José Carlos Rebolloso encontraron en la cocina una forma de reconectar con lo esencial: el sabor, el gesto, el detalle. El Restaurante Errante nació así, casi sin darse cuenta, como un proyecto pequeño pero lleno de alma.

La aventura se inició en Cabo de Gata, en un bar diminuto sin cocina convencional, donde cada plato llegaba desde casa y se servía con el mimo de quien cocina para los suyos. Durante cuatro años, aquel 'Errante del Cabo' fue un refugio de cercanía, un lugar donde la cocina hablaba sin prisas y el sabor era siempre la prioridad.

Con el tiempo, el camino los trajo de vuelta a Almería. En una antigua casa familiar de C. Arqueros número 17, levantaron el Errante actual: un restaurante que desde diciembre de 2020 crece con una identidad clara, cocina breve, honesta y sensible, hecha desde la intuición y el producto.

Y hoy, lejos de los fogones por un momento, Belén y José nos llevan por su propia ciudad. Una ruta gastronómica que recorre los lugares donde desayunan, se inspiran, brindan y siguen disfrutando del placer de comer bien.

¿Dónde desayunar?

Para arrancar el día, Belén y José se dividen. Belén lo tiene claro: la Maricastaña, frente al mar, en la Avenida Cabo de Gata. “Desayunar mirando al mar es otra cosa”, dice. Un café temprano, la brisa del paseo marítimo y el rumor del agua como banda sonora.

José es más de ciudad y de ambiente: Clasijazz, ese local donde la música suena bajito y el ritmo de la mañana te acompaña sin prisas. Buen café, buen ambiente y la sensación de empezar el día con calma.

¿Dónde tomar el aperitivo?

Belén elige uno de los lugares más queridos del centro: Salitre (calle Granada). Allí, el vermú se acompaña de conversación y siempre hay vinos nuevos que David presenta con pasión. Es su parada para abrir el apetito.

José, en cambio, vuelve a los orígenes: el Bar Liceo, en General Moscardó. El bar del barrio donde lo llevaban sus padres, de esos que mantienen la esencia de siempre: caracoles, manitas de cerdo, y tapeo clásico “del que no falla”.

¿Dónde comer?

Para comer, la elección de Belén viaja hacia los sabores que la emocionan: la cocina marroquí de Marhaba, donde María borda platos llenos de aroma, guisos lentos y especias bien entendidas. Una parada que recuerda que Almería también se nutre de sus influencias vecinas.

José, fiel al litoral, elige un clásico del paseo marítimo: el Building. Allí trabajan el pescado “como Dios manda”, con honestidad, producto fresco y platos de cuchara de los que reconfortan sin artificios.

¿Dónde tomar un café y un dulce?

Ninguno de los dos es especialmente de dulces por la tarde, pero si toca tomar algo, prefieren estar en la calle, viendo pasar la vida. Su sitio de referencia: el Kiosco Amalia, en Puerta Purchena. Un punto mítico de Almería donde siempre hay ambiente.

Y cuando Belén quiere darse un capricho dulce que le recuerde a Argentina, se acerca a Don Croissant, donde preparan piezas con dulce de leche que le saben a casa.

¿Dónde tomar unas copas?

Para el momento copas no dudan: el lugar es el mismo para los dos. Pub Vértice, en las Cuatro Calles. Un bar que forma parte de la historia nocturna de Almería, con buena música, luz tenue y ese ambiente de siempre que no pasa de moda. “De toda la vida, Vértice”, dicen.

¿Dónde cenar?

Para cenar, José recomienda La Casualidad, en Costa Balear. Un local llevado por dos mujeres que saben trabajar el atún en todas sus versiones. Buen producto, ambiente agradable y platos pensados con cariño.

Belén, por su parte, tiene claro su sitio: Katsu Izakaya, en calle Javier Sanz. Los chicos de Katsu “lo hacen muy bien” y su cocina japonesa es uno de sus lugares favoritos cuando salen a disfrutar de una noche diferente.

Un producto que comprar en el mercado

Lo tienen claro: producto del mar. Belén cualquier cosa que venga del litoral y José destaca uno especialmente: el calamar de potera de Cabo de Gata, un imprescindible de la lonja y una joya del producto almeriense.

Un 'souvenir' gastronómico

Belén apuesta por un clásico del territorio: sal en escamas de Cabo de Gata. Un tarro pequeño que lleva dentro el viento, la luz y el sabor de esta tierra.

José se queda con algo más líquido: Cerveza Nevada, el proyecto artesanal de Concha y José, en Fondón. Destilados, cervezas y un trabajo muy cuidado que aterriza en la maleta como un regalo perfecto.

Al final, la ruta de Belén y José es un reflejo de lo que también es Errante: una mezcla de memoria, barrio, mar y sencillez bien hecha. Una forma de mirar Almería sin prisas, disfrutando de cada parada y cada gesto. Lugares que hablan de ellos, pero también de la ciudad: de su cotidianidad, de su luz y de esa manera tan almeriense de vivir alrededor de la mesa. Una ruta hecha de recuerdos, bocados y afectos que invita a descubrir —o redescubrir— Almería con el paladar despierto.

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