La Voz de Almeria

Huércal de Almería

Tri-Xforce, donde los trillizos entrenan a las mujeres de Huércal de Almería

Tres hermanos emprenden en Almería con un centro especializado en fuerza y readaptación

Los hermanos Javier, Ángel, Alejandro Melero por orden de izquierda a derecha.

Los hermanos Javier, Ángel, Alejandro Melero por orden de izquierda a derecha.La Voz de Almería

Melanie Lupiáñez
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Tres trillizos treintañeros jienenses llegaron a Almería por amor, uno de ellos se enamoró de una almeriense, y el año pasado se aventuraron a abrir su propio centro de entrenamiento. Alejandro, Ángel y Javier Melero nunca se han separado desde que nacieron. Fueron juntos al colegio y la Universidad donde estudiaron INEF. Sus diplomas lucen relucientes en el despacho, junto a un peso y otros dispositivos que utilizan para evaluar a sus clientes.

Aunque al principio la aventura de emprender les daba vértigo, hoy están muy contentos ya que llegan a las expectativas que se habían marcado y porque el negocio es suyo. “Han sido muchos años de trabajar para otros, de trabajar en todo lo que podíamos; recogiendo aceitunas, en el invernadero, de camareros”, dice Alejandro con una sonrisa.

-¿Cómo nació Tri-Xforce?

Llevábamos años pensando en montar algo nuestro. Los tres hemos estudiado lo mismo y siempre habíamos tenido ganas de trabajar juntos. Queríamos crear algo diferente y que nos gustara a los tres. El problema era encontrar un local adecuado, porque la reforma que necesitábamos era importante y no tenía sentido hacer una inversión así en un alquiler.

-¿Qué supone ser un negocio familiar?

Tiene sus dificultades. En un negocio entran en juego el dinero, los horarios, las vacaciones y muchas decisiones. Pero nos conocemos de toda la vida y tenemos mucha confianza. Podemos discutir por el negocio y al minuto siguiente estar como si no hubiera pasado nada. Intentamos separar la relación personal de la profesional.

-La puesta en marcha se alargó más de lo previsto.

Muchísimo. La idea era abrir en septiembre del año pasado, pero la obra se retrasó. Al final estuvimos prácticamente un año con todo el proceso. Hubo meses en los que ya estábamos pagando el local y todavía no podíamos trabajar. Fue bastante desesperante.

-Y finalmente abristeis en una época complicada.

Sí. Nos dieron la licencia en junio y empezamos entre junio y julio, que no es precisamente la mejor época para comenzar un negocio de este tipo. Pero desde el primer mes conseguimos rentabilidad. Empezamos con más de 30 clientes y ahora estamos en más de 70. Para llevar unos tres meses, estamos muy contentos.

-¿Cuál es vuestro perfil de clientes?

Más mujeres que hombres y las edades son muy variadas. El más veterano tiene 80 años.

-Eso permite que personas con necesidades muy distintas puedan compartir entrenamiento.

Exactamente. Aquí puede entrenar una persona mayor, una embarazada, alguien con una lesión o una persona joven. No queremos que nadie se sienta apartado. Todos pueden hacer el mismo entrenamiento, pero nosotros adaptamos los ejercicios. Si alguien necesita algo mucho más específico, también tenemos la opción de trabajar de manera individual.

-¿Qué aporta el entrenamiento de fuerza a una persona mayor?

Sobre todo, calidad de vida. No se trata de que una persona de 80 años quiera ser deportista de élite. Se trata de que pueda levantarse de una silla, caminar mejor, cargar una bolsa de la compra o tener más estabilidad. La fuerza es fundamental para el día a día.

-¿También influye en el bienestar psicológico?

Muchísimo. Hay personas que vienen aquí no solo a entrenar, sino también a relacionarse. Si un día no pueden entrenar, lo echan de menos. Incluso ha habido ocasiones cuando hacemos domicilios en las que alguien no podía hacer ejercicio y hemos estado hablando o jugando al dominó. Al final también hacemos una labor de acompañamiento.

-Esa idea de comunidad parece importante para vosotros.

Mucho. Queremos que nuestro centro sea una familia y un sitio seguro. No queremos que la gente venga, haga una hora de ejercicio y se vaya. Organizamos actividades fuera del centro para que los clientes se conozcan. Hemos hecho barranquismo y tenemos previstas otras actividades, como jornadas de playa o voleibol.

-¿Hay algún requisito especial para entrenar en vuestro centro?

Sí, que hay que entrenar descalzo. Al principio puede parecer un poco raro, pero después de adaptas y es muy cómodo. La moqueta no se pisa con las zapatillas.

-¿Habéis atendido a alguien con algún tipo de dismorfia?

No es lo más habitual. Vino una chica que solo quería entrenar glúteo, a pesar de que ya entrenaba, pero le explicamos que iba a descompensar y podía lesionarse. Pero fuera de eso nada más.

-¿Qué consejo daríais a alguien que esté pensando en emprender?

Que sepa que el comienzo es muy complicado. No te lo ponen fácil y la inversión inicial puede dar mucho miedo. Pero si realmente te gusta lo que haces, al final merece la pena. Con trabajo y esfuerzo, puede salir adelante.

-¿Qué futuro imagináis?

Queremos seguir creciendo, pero sin perder nuestra esencia. Un sitio seguro, con grupos reducidos, donde pueda entrenar todo el mundo, independientemente de su edad o de sus circunstancias. Para nosotros, esa es la diferencia.

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