Una historia de amor entre Francia y Almería que comenzó hace más de 60 años
Joël Chauvin conoció por correspondencia a su esposa Pilar Fernández, de origen nijareño, en 1962

Joël Chauvin el pasado año en el Paseo de Almería, durante una de sus visitas a la tierra de su esposa, Pilar.
“Hicimos Erasmus cuando no existía Erasmus”. En una terraza de la Plaza Marqués de Heredia, acariciado por un suave sol otoñal y frente a un café, Joël Chauvin recuerda cómo conoció a su esposa, Pilar Fernández, de raíces nijareñas: fue por correspondencia, en 1962. Seis años después se casaron en la iglesia de Los Franciscanos, en la Rambla Alfareros. Aquella primera misiva no solo fue el germen de una relación sentimental: marcó el inicio de una historia de amor entre este catedrático de instituto francés y Almería.
Desde ese chispazo inicial, no hay año en que Chauvin no visite la tierra de su mujer. Sigue la actualidad: las obras que transforman la fisonomía de la ciudad, el crecimiento de la provincia, los eventos culturales. Se informa leyendo LA VOZ en la Biblioteca Central José María Artero, uno de sus rituales diarios en cada escapada. En esta ocasión, el matrimonio ha pasado algo más de un mes en este rincón peninsular, a casi 1.800 kilómetros de la fría Normandía, donde residen. Tienen tres hijos repartidos por distintos países y cinco nietos.
“Ella me descubrió la belleza del Cabo de Gata, de Los Escullos, de Genoveses, de Mónsul... Todo virgen, algo extraordinario”
Joël y Pilar entablaron amistad por azar: ambos querían practicar el idioma del otro y sus centros educativos los pusieron en contacto para cartearse. “Ella hablaba francés porque de niña había vivido en Argelia”, cuenta. Él eligió español como segunda lengua extranjera y se enamoró de nuestra cultura gracias a una profesora. “La señora Grimaud era fantástica. Tenía un deportivo, lo que nos llamaba mucho la atención. No solo nos enseñó el idioma: nos hablaba de libros y de las costumbres de las distintas provincias”.
Un jersey en verano
Tras un par de años de amistad epistolar, Joël quiso conocer a Pilar en persona. Era el verano de 1964. “Llegué en pleno agosto con un jersey rojo, pese al calor, para que supiera quién era; nunca nos habíamos visto. Ella me descubrió la belleza del Cabo de Gata, de Los Escullos, de Genoveses, de Mónsul... Apenas había gente: mirabas el fondo del mar y veías plantas, peces... Todo virgen, algo extraordinario”. Poco después leyó ‘Campos de Níjar’. de Juan Goytisolo. “No es una visión romántica, sino un estudio psicológico que me ayudó a comprender mejor esta tierra”, asegura.
“Haber conocido Almería de joven y otra forma de vivir diferente a la de Francia me ha hecho más tolerante, más abierto”
La relación continuó y Pilar recibió permiso familiar para visitarle en 1966. “Soy de Sarthe, el departamento al que pertenece Le Mans. Le enseñé mi región, donde están los castillos del Loira”. Un año más tarde ya eran novios formales y en 1968 se casaron en Almería.
La pareja se instaló en Francia: él se convirtió en catedrático de Historia y Geografía y ha dedicado su vida a la educación, buena parte como director de instituto. Gracias a los intercambios han viajado por medio mundo: Bélgica, Italia, Alemania, Países Bajos, Noruega, las antiguas Yugoslavia y Alemania del Este, China... “Haber conocido Almería de joven y otra forma de vivir diferente a la de Francia me ha hecho más tolerante, más abierto”.
Joël Chauvin pronto cumplirá 80 años. Habla con dulzura de la Almería del ayer. “Recuerdo los festivales de la Alcazaba, la apertura del Gran Hotel, vimos a Lennon tomando café en el Costasol; y la Feria en el Parque, el hombre que vendía agua de Araoz, los jóvenes subiendo y bajando el Paseo, tantos bares...”. Como buen deportista, ha explorado la provincia en bicicleta y ha recorrido con su coche los pueblos de Poniente a Levante, pasando por el interior.
Pero no es nostálgico. “A mi edad esto es un ‘carpe diem’. Me encanta venir a Almería: la gente es amable, servicial y quiere a su tierra, sin chauvinismos”.
Mientras se escriben estas líneas, acaba de darse un baño en La Térmica, como a los 20 años. “El agua está a 21 grados”, mensajea al periodista. Es 1 de noviembre, Normandía se vislumbra a la vuelta de la esquina y las ganas de volver el año que viene siguen intactas.