Román sigue enseñando fútbol a Almería
Una fotografía de 1964 junto a Pirri en el Granada rescata otra lección de vida de uno de los grandes sabios del balón almeriense

La imagen del Granada 1963-64 con José Martínez, Pirri y Juan Antonio Román.
La muerte de Juan Antonio Román Castillo, el 22 de enero de 2025, dejó al fútbol almeriense sin uno de sus grandes maestros. Se fue el futbolista, el entrenador, el formador y el hombre de conversación infinita capaz de explicar un partido como quien relata una novela. Pero hay personas que nunca terminan de marcharse porque dejan sembradas historias en demasiadas generaciones. Para mí siempre fue Román. Desde niño lo vi cerca por la relación entre nuestras familias y, con el paso de los años, el fútbol me regaló la oportunidad de cubrir su etapa como entrenador. Entonces comprendí que detrás del técnico había un sabio capaz de enseñar mucho más que fútbol.
Con el tiempo me contó episodios de una vida repleta de vestuarios, viajes, ascensos, derrotas y aprendizajes. Granada, Sevilla, Valladolid, Salamanca, Cartagena o Almería fueron estaciones de un recorrido extraordinario. Pensaba que conocía buena parte de su historia hasta que hace unos días apareció una fotografía en Facebook. Era una imagen del Granada de 1964. Una alineación detenida en el tiempo. Y allí estaba Román. Agachado, cerrando la fila por la derecha. Antes, un joven llamado Pirri. Una fotografía que él nunca me enseñó y una historia que prefirió guardar para cuando ya no estuviera. Otra lección inesperada de maestro.

Juan Antonio Román era más almeriense que el Cable Inglés.
Juan Antonio Román Castillo
- Empezó a jugar en Almería y saltó al Cádiz
- Lo fichó el Granada en Segunda y lanzó su carrera
- Disfrutó de la Primera en el Sevilla como extremo
- Ya en Valladolid lo pusieron a jugar de lateral
- Cuando volvía a Almería como rival lo bordaba
- Colgó las botas en el equipo de su ciudad
- Fue uno de los primeros entrenadores nacionales de Almería
- Como técnico dirigió por toda Andalucía
- Tenía mano para conseguir futbolistas del Sevilla
- Hasta el último de sus días Román pensaba fútbol
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Una foto que vale una vida
La imagen corresponde al partido disputado en El Clariano de Onteniente el 12 de abril de 1964. Al repasar la alineación, el corazón de aficionado se detiene inevitablemente en un nombre: Pirri. Basta citarlo para que aparezca la historia del fútbol español. Futuro emblema del Real Madrid y de la selección. Allí estaba junto a Román compartiendo camiseta y sueños en aquel Granada que buscaba abrirse camino.
Para cualquier amante del fútbol, esa fotografía posee un valor incalculable. No solo porque une a dos jugadores que acabarían recorriendo caminos muy diferentes, sino porque retrata un tiempo donde el fútbol todavía conservaba la esencia de los pioneros. Un recuerdo rescatado más de sesenta años después que permite entender mejor la magnitud de la trayectoria de Román.
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Román salía en los cromos que coleccionábamos los niños de los 60 con el Sevilla.
El otro fútbol que enseñaba Román
Román dominaba una materia que no aparece en las estadísticas. Enseñaba el otro fútbol. El que se juega en los detalles, en la observación y en la comprensión profunda del juego. Hablaba de espacios cuando todavía casi nadie los nombraba. Explicaba comportamientos colectivos cuando el análisis táctico estaba lejos de convertirse en una industria.
Muchos aprendieron de sus entrenamientos. Otros de sus charlas. Yo tuve la fortuna de aprender de ambas cosas. Cada conversación terminaba dejando una idea nueva. Una forma distinta de mirar el juego. Una enseñanza que permanecía mucho tiempo después. Por eso resulta imposible resumir todo lo que me aportó. Porque Román no enseñaba conceptos; enseñaba a pensar el fútbol.

Juan Antonio Román con una buena cerveza junto a Pepe Cayuela.
El legado de un sabio eterno
Ahora que no está, siguen apareciendo historias. Fotografías olvidadas. Recuerdos que regresan. Anécdotas que completan un puzzle inmenso. Como si Román hubiera dejado preparadas algunas páginas más para seguir conversando con nosotros desde la memoria.
La fotografía junto a Pirri es una de ellas. Un regalo inesperado para quienes admiramos su figura. Una prueba de que las leyendas nunca terminan de escribir su historia. Siguen haciéndolo desde el recuerdo. En un viaje me contó cuando hizo ‘Las Américas’ con el Sevilla y se hizo de oro. Literal, se compró anillos que pudo pasar por la Aduana. No fue el único.
Y mientras aparecen nuevas imágenes y nuevos relatos, Román continúa enseñando. Igual que cuando yo era un niño. Igual que cuando cubría sus entrenamientos. Igual que siempre. Porque hay maestros que nunca dejan de dar clase. Y Juan Antonio Román Castillo pertenece para siempre a esa categoría.