La Voz de Almeria

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Borbalán, el niño de Los Molinos que llegó a la élite del Fútbol Europeo

Carta del director

Pedro M. de la Cruz junto a Fernández Borbalán.

Pedro M. de la Cruz junto a Fernández Borbalán.La Voz

Fue sin querer. Como canta Serrat, ni lo busqué ni él me vino a buscar. El encuentro, propiciado por Juan José Melero (el almeriense que más sabe del futbol y sus contornos), posibilitó la oportunidad de conocer la apasionante historia de David Fernández Borbalán, aquel niño de 13 años que una tarde recorrió la calle Regocijos para inscribirse en el Colegio provincial de árbitros y que hoy es director del Comité Técnico de Árbitros en España y hasta hace cuatro temporadas era uno de los mejores árbitros europeos. Lo que van a leer no es una entrevista, es la traducción libre de una conversación improvisada pero que, sin duda y por su interés, le va a apasionar al lector.

“Es curioso, pero a mí me llevó al arbitraje la oposición de mi padre a que jugara al fútbol. Si, Pedro, parece una contradicción, pero así fue. Veras. Mi hermano jugaba y, claro, el tiempo que dedicaba a entrenar, que era casi todo, se lo quitaba al estudio. Suspendió, y mi padre no estaba dispuesto a que yo, que no jugaba nada mal eh, siguiera por el mismo camino. lógicamente no le hice caso. Continuaba jugando y, de verdad, no lo hacía mal.

Eso sí, jugaba sin que él lo supiera. Mi madre me lavaba la camiseta a escondidas. Hasta que un día mi padre, puf, mi padre vio la camiseta del Plus Ultra en el cubo de la ropa. Se armó la marimorena. Tuve que dejarlo y fue entonces cuando, con trece años, conocí a un amigo en el colegio. Le conté el porqué no podía continuar jugando y, sin pensárselo dos veces, me dijo: bueno, pues hazte árbitro. Y el que no se lo pensó fui yo. Esa tarde me fui hasta el número 100 de la calle Regocijos y me presenté para apuntarme en el Colegio Provincial de Árbitros. Ahí comenzó mi carrera.

Cuando recuerdo aquella prohibición de mi padre para que el fútbol no me distrajera de mi obligación de estudiar no puedo evitar recordar también- y perdona, pero me emociono- la primera vez que pité en el viejo San Mamés. Mi padre murió tres años después de la visita de aquella tarde en la que con trece años llegué a la calle Regocijos, pero él era del Bilbao y cuando como árbitro pise por primera vez el viejo San Mamés viví una emoción que todavía siento cada vez que la recuerdo. ! que orgulloso se hubiera sentido de verme pitar a su Bilbao!

Claro que antes de llegar aquella tarde a San Mamés pasaron muchas cosas, muchas. Veras Pedro. Comencé mi carrera como linier en tercera regional. Nunca he olvidado aquel partido La Rábita. Fíjate, era un campo situado cerca del mar, tan cerca que cuando el balón salía fuera del recinto caía al mar y allí estaba, impasible, un aficionado subido en una barca dispuesto a recoger el balón del agua y devolverlo al campo. Así empezó todo, en campos y en divisiones infernales.

Pero a mí me fue bien. Cada sábado pitaba dos partidos y lo mismo cada domingo. Cuando acababan los partidos me iba a trabajar de camarero- lo hice algún tiempo en Bayana y otros restaurantes de Almería- y el domingo por la noche llegaba a mi casa con el sobre: !25.000 pesetas! la mitad de lo que había ganado se lo daba a a mi madre y la otra mitad la metía en la cartilla. Siempre fue así. Mi madre no se explicaba de dónde salía el dinero. Pero salía de los cuatro partidos del fin de semana y de mi trabajo como camarero.

Luego, entre semana, estudiaba por la mañana, estrenaba por la tarde y, tras el entreno, a trabajar de camarero. Siempre fui metódico y reflexivo, me gusta pensar las cosas, no precipitarme.

En aquellos tiempos los árbitros ascendíamos cada dos años de categoría. Era lo normal, pero en segunda B me atasqué. Durante cinco años esperaba cada noche de San Juan – la decisión siempre era por esa fecha-, a que el comité hiciera público los ascensos. Nunca salía mi nombre. Así que un día llamé al presidente de la Andaluza. Le dije que quería hablar con él. Me recibió en Sevilla y no me fui por las ramas. Le pregunté si había algún motivo por el que no ascendía y que, si lo había, dejaba el arbitraje. Siempre he sido muy directo. Él también lo fue. Me dijo que no había ningún motivo especial.

Al año siguiente debuté en segunda. Fue en un Murcia-Leganés. Un ascenso que años después me llevó a Primera. Debuté en un Levante -Racing y no me fue mal. Recuerdo que al día siguiente de mi debut me llamó el presidente y me dijo que me sentara. Así lo hice. Y fue entonces cuando me dio la noticia: el próximo domingo árbitras el Bilbao- Real Madrid. Uff, vaya reto. Por supuesto le dije que estaba preparado para enfrentarme a un reto así. Y también fue bien. Aquellos dos partidos me dieron una seguridad que nunca me ha abandonado.

Me preguntas que si hay tensión antes de un clásico? Pues claro. Un Madrid- Barca es mucho partido. Cuando te comunican que eres tú el designado sientes alegría, casi euforia, pero el día antes comienzas a sentir un hormigueo en el estómago. La noche anterior de un clásico o un partido importante siempre he dormido bien. ¿Pastillas contra la ansiedad? No. Mi sistema es más rudimentario: una cena tranquila y a dormir. Cuando duermes peor es después del partido, ahí siempre me costaba más trabajo alcanzar el sueño. Repasas el partido y eso te provoca una sensación extraña, a ver qué dicen los periódicos mañana o qué han dicho en los programas de la radio hoy, le das muchas vueltas y eso dificulta conciliar el sueño.

Quien diga que no le afectan los comentarios después de un partido no está diciendo la verdad. Claro que te afecta. Pero mira, Pedro, lo que no te afecta son los insultos del público.

Pero en el campo no solo oía los gritos de los aficionados. Allí, en medio del césped escuchas hasta su respiración. Yo escuchaba hasta el sonido del golpeo de la bota al balón. Si, si, no te sorprendas. En medio de un ambiente infernal los árbitros escuchamos ese sonido. Y ya sabemos hacia dónde y a qué velocidad va el balón. Como sabemos por los cambios tácticos y por la actitud de los defensas cuando se puede producir un penalti. Si, si, no te sorprendas. El penalti se ve venir antes de que se produzca. Y cuando lo pitas no tienes duda. 

No, no me preguntes por los jugadores o por los entrenadores más conflictivos. No te lo voy a decir, pero los hay. Y los conocemos. Los árbitros debemos ser prudentes. Los jugadores y los entrenadores hablan después de cada partido de la actuación del árbitro.

Nosotros, en cambio, no debemos ni podemos hablar de cómo han jugado o como ha planteado el partido el entrenador. Esa es la norma. Y está muy bien. Los árbitros, a arbitrar y hacerlo con honestidad y acierto”.

Borbalán ha sido un árbitro excelente. David es un tipo cabal. Y un almeriense de los pies a la cabeza, de los de verdad.

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