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"No hay uno que no se sienta orgulloso de haber nacido en Velefique"

Entrrevista a Rafael García Sola, alcalde de Velefique hasta el pasado viernes

Rafael García Sola.

Rafael García Sola.La Voz

Juan Antonio Cortés
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Rafael García Sola, alcalde de Velefique hasta el pasado viernes -23 años en el cargo-, es un enamorado de la bicicleta. Y nació en el pueblo perfecto. Cuestas empinadas, lugares con encanto, naturaleza viva. Y a veces, también a veces, la blanca nieve se escurre entre las piedras de pizarra.

Cumplidos los 73 años, Sola aún recuerda aquel abril de 2009 cuando la organización de la Vuelta a España confirmaba que la etapa reina iba a salir de la capital almeriense para terminar en la montaña que corona su pueblo. Era el 11 de septiembre y, desde aquella media tarde, la carretera que nos lleva hasta Bacares es un santuario para los amantes de las pedaladas. Ese día, el pelotón sufrió y disfrutó a la vez el imponente Alto de Velefique. Así lo bautizó el alcalde. Así ha quedado para la posteridad.

Es el hito sellado en letras de oro en la gestión pública de un alcalde sin sueldo, maestro por convicción, emigrante, bohemio y gran conversador. Eso hacemos ahora, echar un rato con lo que nos une: la palabra.

Cuándo y por qué entró en política.

Yo me metí con 23 años cuando no se podía hacer política. Esto lo llevo en la sangre. Ya en el año 1978 fundé, con otro de aquí, el Partido Socialista. Como decía un profesor mío de Formación del Espíritu Nacional: «Éste es un elemento peligroso por la educación sanguínea que lleva».

Has heredado ese gen político...

-Lo he mamao. Mi familia, tanto en la II República como después, hemos sido de izquierdas. De todos los nietos de mi abuelo José, yo he sido el que ha heredado más de lleno la política.

Ser maestro es también un sello de pedagogía en política.

He sido un maestro vocacional. Yo me planteé la enseñanza como una forma de contribuir a mejorar la humanidad, de inculcar valores coo la solidaridad sin adoctrinamiento. Los años de pedagogía me han servido en el Ayuntamiento de Velefique en la relación con los vecinos.

Dibuje su rutina en la gestion pública.

Hasta el año 2013 que me jubilé, estaba trabajando de maestro en Roquetas y tenía que hacer malabarismos. O bien los fines de semana o bien por la tarde-noche subía al ayuntamiento a hacer todo lo que podía. He sido un alcalde sin sueldo, pero he tenido una dedicación exclusiva (al pueblo).

Y desde la jubilación...

En los últimos 13 años hemos abierto el ayuntamiento los sábados para facilitar a las personas que viven fuera todas las actividades burocráticas que necesitan realizar.

Dígame cuál es su aportación más sutil.

La aportación más importante de mi equipo ha sido abrir el ayuntamiento a los vecinos. Antes no lo visitaban. Y hacerlos partícipes de las actividades que realizamos.

Un logro.

Inculcar a los vecinos que el pueblo teníamos que cambiarlo. Hacer una ordenación urbanística que marcó un antes y un después en la que todo el mundo hiciese su casa de piedra, pintada de blanco y de pizarra.

Vamos: evitar ese modernismo absurdo de algunos pueblos.

El mosaico que teníamos en el pueblo... Nos estábamos cargando la estructura de toda la vida.

Un hito.

En el 2009 fue la primera vez que terminó la Vuelta Ciclista a España en el Alto de Velefique. Eso sería lo que más nos ha marcado durante todas las legislaturas.

Rafael García Sola durante el paso de la Vuelta a España por Velefique.

Rafael García Sola durante el paso de la Vuelta a España por Velefique.La Voz

Un valor universal del velefiqueño.

El amor a nuestro pueblo. No hay uno que no se sienta orgulloso de haber nacido en Velefique o de tener raíces. Y eso se demuestra cuando llegan las fiestas patronales, que multiplicamos por diez el municipio, o cuando llega la Navidad o la Semana Santa.

Pueblo de emigrantes que vuelven. Y añoran.

Te voy a contar una anécdota. Un señor se fue a Cataluña en el año 1942 y lo pusieron en una fábrica. Cuando estaba allí, le dijo el capataz que se iba a trabajar a turnos. Y él le contestó que lo podía poner a trabajar los sábados, los domingos, cuando él quisiera, pero que el 13, 14 y 15 de agosto él se iba a Velefique. Yo no me pierdo las fiestas de mi pueblo, decía.

Eso es sentimiento de patria.

Yo he estado viviendo en Cataluña y a veces venía el fin de semana por unas carreteras horrorosas, estaba aquí siete u ocho horas y otra vez me iba. Mi pueblo es lo más grande.

Una estación, alcalde.

La primavera de Velefique. Siempre algo de agua nos cae. Es espectacular. Este año va a ser preciosa. De amapolas, todo florecido.

Su pueblo sabe a Filabres. Y las recetas son centenarias. La tradición mediterránea ha evolucionado poco (afortunadamente), como dice el chef Antonio Gázquez. Escoja un plato para un buen mediodía de domingo.

La berza de la matanza es mi plato favorito. Los gurullos, las migas..., pero como la berza no hay ninguno.

Supongamos que me invita a pasear. Un sitio para una conversación, alcalde.

El Barranco del Lugar, el Merendero de Triana es un sitio prcioso para sentarse a hablar.

Ahora, un sitio para darle vida al alma.

La mejor ruta es una circular en Los Filabres, una circular arriba en la sierra bajando hasta el río Boloyunta, que siempre lleva agua, viendo los cerezos en flor, los barrancos con agua, los pájaros cantando. Las vistas que tenemos hacia el Valle del Almanzora son impresionantes. Vamos viendo las dos cuencas: la del Andarax y la del Almanzora. El alto de Velefique, el paraje de Los Ruiseñores, Los Lirios, la majá El Potillo. Esa es la ruta más espectacular que tenemos.

De Santa María de la Asunción. De San Roque. En la ladera de una sierra. A 930 metros de altitud. De gran pasado árabe: cuna de la secta jarichí que el siglo X huyó de Córdoba. De talvinas, gurullos, turrones de almendra y suspiros. De cuentos al fresco de una noche de verano. De ciclistas domingueros que suben al collado. De gentes como Rafael.

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