Gloria y Dick buscan casa: “No quiero que me regalen nada, solo que me alquilen una vivienda”
Gloria tiene ocho días antes de que termine su estancia en el hostal pagado por el Ayuntamiento; asegura que puede asumir un alquiler con la pensión de su marido y solo pide “una oportunidad”

Dick y Gloria se reencuentran tras dejar su vivienda en Roquetas de Mar.
El próximo 2 de marzo termina la estancia de Gloria Patricia Velásquez en el Hostal Juan Pedro de Roquetas de Mar. Ocho días para encontrar un alquiler. Ocho días para no volver a quedarse en la calle. Ocho días para intentar reunirse con su marido, Dick Beekhus, ingresado en la residencia La Fuente de Vícar.
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“Solo quiero que me den una oportunidad para alquilar una vivienda, no quiero que me regalen nada. Nosotros tenemos la pensión de Dick, son 1.160 euros. Con ella hemos estado pagando un alquiler de 450 euros hasta que vendieron el piso. Nosotros nunca dejamos de pagar, pagamos la luz y el agua hasta el último día”, insiste.
Gloria no cuestiona al nuevo propietario que decidió no renovar el contrato. “Yo entiendo que el nuevo dueño no quiera alquilar”, reconoce. Su problema no es ese. Su problema, repite, es que nadie más le da la oportunidad. “Solo necesitamos que cualquiera nos dé la oportunidad de pagarle un alquiler. Nosotros tenemos la pensión y el Ayuntamiento nos da su apoyo si lo necesitamos”.
El foco, dice, nunca debió ser separarlos. “El caso no era alejarme de Dick, el caso era habitacional”.
Una residencia espectacular, "pero yo quiero que estemos juntos"
Hoy su marido está en una residencia que ella misma describe como excelente. “Yo sé que Dick está en una residencia espectacular, que está muy bien cuidado, es un lugar excelente, de lujo, la gente lo trata con mucho cariño”. No hay reproche en sus palabras hacia el centro ni hacia la atención que recibe. El dolor está en la distancia.
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“Pero mi deseo y el de él es que pase sus últimos días en un hogar junto a mí”.
Dick es holandés, pudoroso, con sus costumbres, sus preferencias culinarias, sus pequeñas manías construidas a lo largo de toda una vida. “Yo estoy en mis plenas facultades para cuidarle y atenderle y es mi deseo hacerlo”, explica Gloria. Lo ha hecho durante años. Con cama articulada, grúa, silla de ruedas. Con ayuda a domicilio municipal tres horas al día desde hace seis años. Con botón de emergencias. Con disciplina.
“Hay tres cosas que sé que se pagan sí o sí: el alquiler, el agua y la luz. Esas cosas se pagan”, afirma con rotundidad.
Agradecimiento a las instituciones
Gloria deja claro que agradece el apoyo institucional. “Siempre que hemos solicitado ayuda nos la han dado”, reconoce sobre el Ayuntamiento de Roquetas de Mar y la Junta de Andalucía. La ayuda a domicilio, los recursos técnicos, el acompañamiento. Pero insiste: el problema nunca fue asistencial, fue habitacional.
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“En los últimos meses he llorado tanto que yo misma me caigo mal”, confiesa. Recuerda cómo medios de comunicación, políticos y programas acudieron a su caso. “Tanta gente vino, la radio, la televisión, difundieron eso, me mostraban en mis momentos más vulnerables”. Y sin embargo, hoy la situación vuelve al punto de partida.
“Mira, a mi esposo lo llevaron a la residencia que vale más de 2.000. Muy bien. Yo estoy en un hostal, una semana… ¿no te parece que con ese dinero podrían haber encontrado una vivienda? Es que mi problema no era que me separaran de él, mi problema es que me ayudaran a buscar una casa”.
Sale cada día a preguntar. Puerta tras puerta. “No hay alquiler. Solo encuentro alquiler vacacional. Y por otro lado la gente tiene miedo de meter personas en su casa, que no paguen, que se hagan ocupas”. Y así, el círculo se cierra.
Desde Servicios Sociales le insisten en que busque vivienda, que la ayudarán si encuentra una opción viable. “Pero yo busco y busco y nadie me da una oportunidad. Estoy desesperada porque el tiempo corre”.
“Ahora estoy separada de Dick, estoy yo como una cometa… ocho días y después, ¿a dónde voy?”.
No pide caridad. No pide una vivienda gratuita. No pide privilegios. Pide un contrato. Un alquiler. La oportunidad de pagar y vivir con dignidad los últimos días junto al hombre con el que compartió más de una década. “Porque yo soy una persona responsable”, repite. Y el calendario avanza.