Juan Antonio Romero: dueño de cinco de los locales nocturnos más emblemáticos de Roquetas
De la discoteca Sherezade a Disco Club 13, su historia va del seminario a convertirse en una leyenda de la hostelería roquetera

Juan Antonio Romero, el hostelero más famoso de la Urbanización de Roquetas de Mar.
“Sin duda, fui ‘Él Hostelero’ de Roquetas de Mar”, confiesa Juan Antonio Romero Rodríguez con esa mezcla de orgullo y nostalgia que solo alguien que lo ha vivido todo puede mostrar. Y no exagera: en su mejor época llegó a gestionar cinco de los locales de noche más famosos de la ciudad, entre ellos la icónica discoteca Sherezade y el legendario Disco Club 13, espacios que marcaron toda una era del ocio en la urbanización, atrayendo no solo a roqueteros sino también a visitantes de toda la provincia y de su natal La Rábita.
Roquetas de Mar
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Marina Ginés
Pero antes de ser un nombre de referencia en la hostelería, Juan Antonio vivió una infancia que marcaría su carácter y su visión: nació en La Rábita, donde su familia vivía frente a la de Gabriel Amat, con quien compartiría amistad y recuerdos de juventud. “Ambas familias decidimos venir a Roquetas de Mar para innovar en la agricultura, usando plástico y arena. Eran unos visionarios en aquella época”, recuerda. Entre burros, intercambios de pescado por hortalizas, Juan Antonio creció viendo cómo la perseverancia y la visión transformaban un territorio casi desértico en una oportunidad para crecer.
Del seminario al mundo real
Su educación continuó en Cuevas del Almanzora, enviado al seminario por recomendación de su padrino, hermano de Gabriel Amat. “Era algo que realmente me llamaba la atención y él me aconsejó que fuera, y así lo hice. Allí aprendí de cuentas, de letras… y todo lo necesario para desenvolverme en el mundo religioso, sin embargo la vida le tenía otros planes guardados a Juan Antonio…”, rememora.

Juan Antonio junto a sus compañeros de seminario.
Esos años le dieron disciplina, manejo de las cuentas y las letras. Aprendió organización, además de aprender a relacionarse con las personas, herramientas que luego serían esenciales en su carrera hostelera. Sin embargo, su etapa en el seminario finalizó de forma abrupta.
"Me echaron", confiesa Juan Antonio entre risas. Mientras a algún amigo se le escapa un sonoro: "Le gustaban más las mujeres", a lo que ambos acaban a carcajadas.
Sus comienzos en la Urba como botones
Con apenas 16 años, Juan entró como botones en el Hotel Aguadulce, el único hotel de la zona en aquel momento. “Empecé llevando maletas, aprendiendo a atender clientes… y cinco o seis meses después ya estaba en la oficina, haciendo nóminas y cuentas a mano”, recordó.
Juan recuerda que llegaba a cobrar unas dos mil pesetas, pero solo en propinas llegaba a cobrar mil pesetas en un solo día. "Era una época donde no había nada, aunque teníamos dinero no había ni un restaurante para ir a comer fuera, lo máximo que hacíamos era irnos a comer un bocadillo. No había otra cosa", explicaba.

Autógrafos que le firmaban los artistas a Juan Antonio.
“En verano llegábamos a tener 150 empleados para 70 habitaciones”, dice Juan, sorprendido incluso al recordar esos números. Fue allí donde empezó a comprender cómo funcionaba el turismo, cómo organizar a la gente y ofrecer un servicio de calidad. Después de seis años, trabajó también en el Hotel Mediterráneo y el Hotel Sabinal, consolidando su experiencia y conociendo de primera mano la transformación turística de Roquetas de Mar.
El cine western y el despertar hostelero
“Lo que realmente me hizo querer dedicarme a la hostelería fue el cine”, admite Juan. En los años 60 y 70, Almería se convirtió en un destino favorito del cine western, con películas que hoy son leyenda. Directores, productores y estrellas de Hollywood venían a rodar en escenarios naturales de la provincia, y Juan tuvo la fortuna de conocer a actores y actrices de primer nivel, incluyendo a la mismísima Brigitte Bardot.

Autógrafos que le firmaban los artistas a Juan Antonio.
“Verlos, hablar con ellos, recibir autógrafos… eso fue increíble. Fue la chispa que me hizo querer entrar en hostelería: quería trabajar cerca del cine, del glamour, del mundo que traía estas películas a nuestra tierra”, cuenta con entusiasmo. Los rodajes no solo generaban un espectáculo efímero, sino que fueron los primeros motores del turismo en Roquetas y Aguadulce, atrayendo a visitantes nacionales e internacionales a hoteles y bares que hasta entonces apenas existían.
Hotel Aguadulce: los primeros pasos en la hostelería
Con apenas 16 años, Juan entró como botones en el Hotel Aguadulce, el único hotel de la zona en aquel momento. “Empecé llevando maletas, aprendiendo a atender clientes… y cinco o seis meses después ya estaba en la oficina, haciendo nóminas y cuentas a mano”, recuerda.

En la imagen Juan Antonio junto a Antonio García que fue su jefe y su mejor amigo.
“En verano llegábamos a tener 150 empleados para 70 habitaciones”, rememora. Fue allí donde comenzó a comprender cómo funcionaba el turismo, cómo organizar a la gente y ofrecer un servicio de calidad. Después de seis años, trabajó en el Hotel Mediterráneo y el Hotel Sabinal, consolidando su experiencia.
Colosimo, Sherezade y Disco Club 13: la época dorada
En 1979 abrió Colosimo, su primer bar en la urbanización, que rápidamente se convirtió en un punto de encuentro para locales y turistas. Con el tiempo, llegó a gestionar cinco locales simultáneamente, entre pubs y discotecas, incluyendo Sherezade y Disco Club 13.
“Era La Moda. Todos querían venir allí. Gente de Roquetas, turistas de fuera y personas que llegaban desde todos los puntos de la provincia e incluso de La Rábita”, recuerda Juan. Fue el reflejo de un turismo que ya no solo venía por el sol y la playa, sino por el cine y el glamour que traían las películas rodadas en Almería.
“Cuando llegamos, Roquetas no era nada. No había aeropuerto, ni restaurantes, ni turismo como hoy. Todo era desierto, agricultura y pesca. Todo ha cambiado, y a veces me da pena ver cómo muchos bares cierran y los turistas ya no salen de los hoteles”, comenta Juan.
El turismo pasó de ser curioso y explorador a un modelo de todo incluido, donde los visitantes permanecen encerrados en los hoteles. “Antes la gente vivía el sitio, iba a los bares, conocía a la gente, disfrutaba la ciudad… eso es lo que le da alma a Roquetas”, asegura.
Resiliencia y pasión: la vida después de todo
Incluso frente a los mayores desafíos, Juan ha mostrado fortaleza. En 2021, tras contraer COVID-19, estuvo en coma durante dos meses, perdió el habla y la movilidad. Hoy está totalmente recuperado y no pasa un solo día sin ir a su bar José Antonio.

Juan Antonio en la puerta de su bar José Antonio.
“Esto no es trabajo, es diversión, es hobby… me encanta relacionarme con la gente y seguir creando”, dice. Juan Antonio Romero Rodríguez no es solo un hostelero; es una memoria viva de Roquetas de Mar, testigo de la transformación de Aguadulce y referente humano querido para todos los roqueteros.
“Si miro atrás, veo todo lo que hemos construido, lo que hemos vivido… y me siento afortunado. La hostelería me ha dado amigos, experiencias, alegrías y recuerdos que nadie me podrá quitar. Esa es mi vida, y no la cambiaría por nada”, concluye Juan, dejando claro por qué todos lo recuerdan como “Él Hostelero de la Urbanización”.