“¿Y tú, mi amor, dónde vas a estar?”: Dick y Gloria se despiden tras dejar su casa en Roquetas
El juez aplazó un mes el lanzamiento, pero Dick ingresó en una residencia y Gloria renuncia volver: "Yo no quiero estar más en esa casa"

Dick y Gloria Patricia se despiden.
Dick Beekhus ha acabado en la residencia para mayores Fuentevicar de Vícar, mientras que Gloria Patricia Velásquez será alojada en el Hostal Juan Pedro, frente a la iglesia de Roquetas de Mar, hasta el próximo 2 de marzo con pensión completa. Ambas soluciones correrán a cuenta del Ayuntamiento de Roquetas de Mar. La plaza de Dick es temporal hasta que le asignen una residencia definitiva de la Junta de Andalucía, pero mientras tanto su situación estará totalmente cubierta, sanitaria y residencialmente y Gloria se enfrenta ahora a la incertidumbre.
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“Nos han cubierto todos los gastos, de podología, peluquería, todos los tratamientos y cuidados que requiera Dick. Además tendrá su propia habitación individual”, le explicaba la trabajadora social a Gloria.
Después de semanas sin dormir y casi sin comer, Gloria respiró tranquila por fin. “Es muy bonita, mi amor, tu habitación tiene mucha luz, y aquí vas a poder hacer muchas actividades. Esta es nuestra nueva casa”, le decía a su esposo, enfermo de Alzheimer y cáncer de próstata.
Dick, entre lágrimas y sin comprender del todo la situación, le preguntó: “¿Y tú, mi amor? ¿Dónde vas a estar?”.
Gloria miró hacia arriba para contener el llanto y no alterarlo: “Aquí contigo, los dos vamos a estar juntos”. Pero no sería así. Solo podrá verlo en horario de visitas, como el resto de residentes: de 11 a 14 y de 17 a 20 horas. “¿Pero podré venir a ducharlo o a darle de comer?”, preguntó ella, acostumbrada a encargarse de todo. “No, eso ya lo haremos nosotros. Usted solo tendrá que venir para disfrutar de la visita”, le explicaron.
La expresión de Gloria cambió en segundos. “Estoy contenta porque Dick tenga este espacio donde va a estar atendido. Me imaginaba otra cosa… pero realmente el sitio es muy bonito”, repetía, con esa sensación agridulce que solo tienen las despedidas definitivas.
Nadie vino. Nadie.
El lunes 23 de febrero amaneció como cualquier otro, pero para Gloria era un abismo. La vivienda de la Avenida Cádiz, número 9, se había convertido en un hervidero de prensa y curiosos de todo tipo ante el inminente lanzamiento de los dos ancianos de la vivienda.
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Pero pasaban las horas y allí no apareció nadie. Ni juez. Ni policía. Ni trabajador social. Nadie. Un coche esperaba en la puerta para trasladar a Dick, que apenas podía incorporarse sin gritar de dolor, empotrado a la cama y sondado. Miguel, el auxiliar de enfermería que llevaba años cuidando de él, estaba allí como cada día, pendiente de que el traslado fuera lo menos doloroso posible.
Tras dos horas de llamadas y gestiones, a cargo del portavoz de Izquierda Unida en Roquetas de Mar, Zakarías Lekal, apareció finalmente una ambulancia. Gloria se subió con su esposo. Aún nadie le había comunicado cuál sería su destino.

Dick sonríe cuando ve a su esposa Gloria Patricia.
Mientras tanto, en la vivienda, colombianos que no conocía de nada acudieron a ayudarla a empaquetar sus pertenencias. También un ciudadano holandés alertado por la situación de un compatriota se sumó a la ayuda.
A las 14:00, cuando Dick ya estaba ingresado, la trabajadora social llamó a Gloria para informarle que el juez había aplazado el desahucio un mes más.
Pero Gloria lo tenía claro: “Yo no quiero estar más en esa casa”. Y entonces comprendió lo que siempre había temido: no podía quedarse más tiempo en esa casa. No quería prolongar la agonía. Había pasado años cuidando de Dick, días enteros sin salir, sin dormir del todo, sosteniendo a un hombre que se iba apagando lentamente. Ahora todo lo que tenía, todo lo que conocía, se reducía a cajas de cartón y recuerdos.
“Ha sido un marido estupendo, cariñoso y respetuoso. Y ahora, en sus últimos días, tendremos que separarnos. No sé qué va a ser de mí”, decía entre sollozos. Cada palabra llevaba el peso de una vida entre cuidados, amor y rutina, rota de repente por la burocracia, la falta de vivienda y la indiferencia de las instituciones.
Ahora solo quedaba la certeza de que Dick estará cuidado, aunque no podría estar a su lado cada instante. Y Gloria Patricia con 63 años, sin familia, sin vehículo, sin apoyo, debe empezar un nuevo camino que nunca quiso recorrer: sola, desamparada, y con la sensación de que el mundo había decidido mirar para otro lado.
El día terminó sin la escena espectacular que esperaba la prensa. No hubo lanzamiento violento, ni gritos, ni policía forzando puertas. Pero la soledad de Gloria, la separación de Dick, la fragilidad de su existencia en un país que no le pertenecía, fueron mucho más devastadoras que cualquier imagen mediática.
La verdadera historia no está en el desahucio que no llegó a ejecutarse. Está en la pregunta que quedó flotando en el aire, cargada de amor y miedo: “Mi amor, ¿dónde vas a ir tú?”.