La casa de la música está en un pueblo de Almería: cuatro generaciones mantienen vivo su legado
En 2018, Antonio y Aurora Egea pasaron a formar parte de la directiva de la Banda Anacrusa de Bacares

Algunos componentes de la Banda Anacrusa de Bacares.
Enclavado en plena Sierra de los Filabres, en el corazón de Almería, se levanta un pueblo que respira música. Bacares, con sus calles estrechas, su aire de montaña y su historia marcada por tradiciones centenarias, guarda un secreto que muchos de sus vecinos conocen: la casa de la música.
No se trata de un edificio oficial, ni de un conservatorio, ni de una escuela moderna. Es una vivienda familiar, una casa como tantas otras, pero que desde hace casi un siglo se convirtió en refugio y cuna de ensayos, donde clarinetes, saxofones, trompetas y tambores hicieron vibrar las paredes y el alma de quienes vivieron y quienes visitaban este santuario de la música.
Los orígenes: los 'Hijos del Pueblo'
La historia comienza con Manuel Egea Martínez, padre de Antonio Egea, un hombre con una querencia especial por la música. Trompeta, clarinete y laúd eran sus compañeros inseparables.
Amaba tanto este arte que forjó, junto a otros jóvenes entusiastas la agrupación 'Los Hijos del Pueblo', un grupo de músicos —muchos emigrantes que volvían desde Barcelona para las fiestas del Santo Cristo de Bacares o para la festividad de Santiago Apóstol cada 25 de julio— que no podían resistirse a la llamada de sus instrumentos.

Manuel Egea Martínez al saxo y su nieta Aurora, con el clarinete.
Este grupo de músicos llenos de juventud y ganas se reunían, ensayaban y tocaban para el pueblo. Aquellos músicos improvisados, “loquitos por tocar”, como recuerda la familia, fueron los verdaderos precursores de lo que más tarde sería la Banda Anacrusa de Bacares.
Fue sobre 1989 cuando se creó la Asociación Cultural musical Anacrusa de Bacares, impulsada por Manuel Egea y unos amigos, todos ellos entusiastas de la música soñaban con una nueva agrupación más profesional. Era más que una banda: era un símbolo de unión y de identidad para todo el pueblo.
La pasión contagió pronto a otros vecinos: familias enteras comenzaron a formarse en la música. Con el tiempo, se abrió en el pueblo una Escuela de Música, que permitió a decenas de jóvenes aprender solfeo y dominar diferentes instrumentos.
Para el hijo de Manuel, Antonio, estos recuerdos e inicios de la Banda Anacrusa son simplemente: entrañables. "Eran numerosas o casi todas las ocasiones que los ensayos se realizaban en nuestra casa y veo a mi madre Carmen Fenoy con el lío y preparación de uniformes y chaquetillas. Ahora le toca a mi mujer Aurora Carricondo con el lío de camisas y plancha. Recuerdo también a mi padre con los trajines de los instrumentos y mucho esturreo de partituras todas escritas y copiadas a mano, y ahora me toca a mí preparar partituras y carpetillas”, rememora.
La saga musical de los Egea
La vida de los Egea siempre estuvo ligada a la música. Sin embargo, el camino no fue lineal. Antonio Egea Fenoy, hijo de Manuel y actual presidente de la Banda, confiesa que durante su juventud nunca aprendió a tocar un instrumento. Los genes son caprichosos, pues la afición musical parecía haberse saltado una generación.

Algunos componentes de la Banda Anacrusa de Bacares, frente a la casa de los Egea.
La pasión reapareció con fuerza en su hija, Aurora Egea, que desde los seis años comenzó a dar clases de la mano de su abuelo, estuvo además en la escuela de música de Bacares. Siguió su formación en el conservatorio y hoy es maestra de música, además de mantener su vínculo con la banda del pueblo.
Su hermana Carmen también heredó la tradición, tocando el saxofón alto gracias a las enseñanzas de su abuelo Manuel, quien personalmente la guiaba con cada nota.
La cuarta generación no se hizo esperar
Andrés, hijo de Aurora, de 17 años, toca el clarinete bajo en la banda y también ha pasado por el conservatorio. Su hermana pequeña, también llamada Aurora, sigue los pasos de la familia y estudia flauta travesera.
Los hijos de Carmen también se suman: Óscar, de 14 años, se ha decantado por la trompeta, mientras que la pequeña Carmen, de 11, aprende clarinete en la escuela de música del pueblo.
“En nuestra casa se ha vivido siempre por la música”, asegura Antonio con orgullo. Y no exagera: su padre, Manuel, fallecido a los 92 años, ya provenía de una tradición que se remonta, según cuentan, a principios del siglo XIX.
Una segunda oportunidad para la Banda
La historia de la Banda Anacrusa de Bacares dio un nuevo giro en 2018, y el alcalde le propuso a Antonio y a su hija Aurora formar parte de la directiva de la banda. Entonces se formó una nueva directiva, con Antonio como presidente, además de jóvenes músicos que asumieron roles de tesorero, secretario y vocales.

Algunos componentes de la Banda Anacrusa de Bacares.
Desde entonces, la Banda se federó en la Federación de Bandas Andaluzas y experimentó un resurgir espectacular: hoy cuenta con casi 60 músicos en las grandes citas, reforzada por intérpretes de pueblos vecinos como Purchena, Serón y Tíjola.
El pasado 12 de septiembre, Bacares celebró un certamen de bandas junto a la agrupación de Montserrat de Almería, demostrando que la tradición musical no solo sigue viva, sino que está en pleno crecimiento.
Antonio, músico tardío
El propio Antonio protagoniza una de las historias más curiosas de esta saga. Aunque nunca había aprendido a tocar, tras jubilarse decidió, con 61 años, comenzar clases de solfeo y probar con un instrumento. “Nos hacía falta un percusionista, así que empecé con el bombo”, explica.

Antonio Egea con su inseparable bombo.
Hoy, con 68 años, sigue tocando en cada actuación de la banda. “Es verdad que me cuesta más que a los jóvenes, pero poco a poco he ido aprendiendo. Llevo ya siete años con el bombo, y es una satisfacción enorme”.
La habitación de la música
Aunque la Banda dispone ahora de un local propio, para la familia Egea nada sustituye a la habitación de la música, en la antigua casa de Manuel. Ese cuarto fue durante décadas el dormitorio de Manuel y hoy sigue siendo un espacio sagrado donde hijos y nietos se reúnen a tocar.
“Me emociono”, confiesa Antonio, con la voz quebrada y los ojos llenos de lágrimas. “Me acuerdo de mi padre, de verle ensayar aquí… Y pienso que, donde esté, nos tiene que estar viendo, y que lo que él empezó hoy sigue con toda una generación detrás de él. Es un orgullo muy grande”.

Algunos componentes de la Banda Anacrusa de Bacares, antes de la procesión del Santo Cristo un 14 de septiembre.
En Bacares, la música no pertenece solo a una familia: es patrimonio de todo el pueblo. La memoria de los Hijos del Pueblo, los acordes de las fiestas de antaño y la dedicación de la familia Egea han convertido la casa familiar en un lugar que con cariño ven como “casa de la música”.
Un lugar donde el pasado y el futuro se encuentran, donde cada ensayo es un homenaje a quienes ya no están, y donde cada nueva nota escrita por los más jóvenes es la promesa de que la música seguirá sonando, generación tras generación.