Más valientes y menos gilipollas
La vida nos pone en ocasiones diferentes obstáculos, caprichos del destino que nos acercan a desafíos y precipicios difíciles de controlar. Hace años comprendí que lo que nos hace grandes por encima de todo es el nivel de valentía que tengamos.
No hay ningún secreto ni poder de atracción. Aseguran que todo se puede solucionar, sin embargo, nos pasamos media vida arrepintiéndonos de personas y cosas. Por algo será.
Al contrario de lo que muchos piensan o dicen, tengo claro que la mayoría de los errores pasados cuentan con dudoso arreglo. Hay momentos que nunca volverán, otros difícilmente repetibles, y oportunidades que volaron para siempre. Es por eso que los valientes tienen un hueco privilegiado entre los guionistas del destino. Puede que las casualidades existan (yo no lo creo), pero solo los valientes alcanzan la mortalidad de equivocarse.
Sin embargo, el miedo a lo efímero nos está volviendo demasiado frágiles, nos gusta engañarnos para no sentirnos culpables. Es curioso, frente a las decisiones importantes siempre queremos más tiempo, cuando en realidad el tiempo es lo único que no tenemos. Dejamos para mañana lo que ya teníamos que estar haciendo desde ayer.
Porque el miedo a enamorarnos nos aleja del verdadero amor, porque el miedo a la vejez nos convierte en jóvenes vacíos, y porque olvidar el pasado y querer aprovechar el presente se confunde frecuentemente con negarnos lo que significa el futuro. Día que dejas pasar sin decir lo que sientes, día que arrojas al saco de arrepentimientos posibles.
Creo que nuestros errores de cálculo cada vez son mayores, posiblemente nos estemos equivocando de ‘fórmula de felicidad’. Nos hemos quedado con lo de “eres único e irrepetible”, y hemos ignorado el “exactamente igual que todos los demás”.
En fin, que a veces nos empeñamos en pensar que el mundo es muy muy muy pequeño. Creemos que nuestro culo es el único que hay que admirar, adorar e idolatrar. A veces pasamos todo por alto, y otras en cambio no perdonamos ni una. Pensamos que la empatía es una enfermedad y que tener orgullo es sinónimo de poseer dignidad.
Cuando mentimos pensamos que engañamos, y cuando nos engañamos no reconocemos que nos estamos mintiendo. Pues sí, en ocasiones parecemos gilipollas, y otras veces en cambio, lo somos.