La rueda de prensa muda
La rueda de prensa muda
A los periodistas ya mayorcitos nos ha tocado conocer un instrumento de comunicación nuevo que no estaba prescrito en ningún libro de estilo ni prontuario deontológico. Es la rueda de prensa sin derecho a preguntas. La persecución al periodista tiene a lo largo del tiempo los más diversos matices de crueldad y refinamiento, pero este hecho antinatural de que la información venga solo del poder estaba reservado para el siglo XXI, en una Europa, madre de los derechos humanos, y más concretamente, en una España civilizadora del orbe. No me cansaré nunca de repetir el principio de nuestra Constitución donde se prescribe que la soberanía reside en el pueblo, viga maestra que sostiene al menos teóricamente nuestro estado democrático. Pues bien, algunos políticos entre los cuales destaca el Presidente del Gobierno, han inventado la rueda de prensa muda, un artificio que consiste en llamar a los periodistas para que asistan a los que ellos nos quieran decir como si fuéramos estatuas, pero eso sí sin réplicas y sin poner objeciones. Qué bien, oiga. Debe ser esto un resabio de la dictadura, pues de sobra es sabido que allí hablaba el caudillo como depositario de la verdad revelada y ay de quien pusiera objeciones porque el depositario podía llevarte al depósito de cadáveres. De aquel miedo institucional, nacido de una guerra, parece desprenderse este otro miedo a que los periodistas hagan preguntas. Dicen de Romanones que lo primero que hacía cuando llegaban los periodistas era darles de comer. Ahora ni comer ni leches, los hartan de discursos triunfalistas sobre el futuro inmediato, y tras horas de tedio, hala, ya podéis iros que sois muy peligrosos para el pueblo. Precisamente, los periodistas somos los controladores del poder, en beneficio del ciudadano; mudos nos convertiríamos en una banda de discapacitados que sale a ver la procesión.