Gana quien pierde
Gana quien pierde
Creo que no tengo ni la capacidad ni el espacio necesario para poder analizar con la precisión necesaria el abracadabrante escenario sociopolítico que dibujan, y de qué modo, los resultados electorales en Andalucía. Gana el que pierde, pero gana además con la ayuda interesada de quien, torciendo su lema "rebélate", cambia la rebelión por la prebenda. De locos. Y cuando la categoría es así de inabarcable, uno prefiere buscar el detalle para intentar explicar con la metáfora las cosas que pasan. Por ejemplo, no puedo dejar de pensar en la cara que, en la sala de televisión de la cárcel en la que están encerrados por su participación en la trama de saqueo de los ERES falsos, irían poniendo el ex director general de Trabajo de la Junta de Andalucía y su estupefaciente chofer, a medida que los datos de la noche electoral iban perfilando el sorprendente respaldo que estaban recibiendo quienes, según declaró el ex alto cargo, eran plenamente conscientes de lo que él y otros como él estaban robando. Es muy probable que a medida que se iba viendo que miles de andaluces habían refrendando con su voto a quienes apoyaron, dirigieron o permitieron sus delitos, la sensación de los reclusos fuera la de preguntarse ¿y por qué nosotros? ¿Es que somos peores que ellos? El caso es que contados los votos, parece demostrarse que por insólito que pueda parecer, las tramas de aprovechamiento ilícito del dinero público tienen en Andalucía la misma influencia en la decantación del voto que el anuncio del fin de la edición impresa de la Enciclopedia Británica en la vida de Belén Esteban. A mí no me mire, pero así son las cosas.