El último adiós

“Pérez Siquier nos enseñó a mirar el mundo a través de sus fotografías”

Carlos Pérez Siquier en La Briseña (Foto: Ramón Crespo)
Carlos Pérez Siquier en La Briseña (Foto: Ramón Crespo) La Voz

Es noche aún. La noticia de su muerte, inesperada a pesar de su edad, significa mucho para esta ciudad que parece no querer despedirse, sin darle un último adiós a este hombre singular, a este fotógrafo único. Dicen que los grandes artistas son aquellos que dejan las puertas abiertas y  mil caminos para el futuro. Él dejó tantos. Pérez Siquier nos enseñó a mirar el mundo a través de sus fotografías. Su amor por este arte solo tenía un parangón: su amor por Almería. Nunca imaginó una vida alejada de este mar que miraba para ver lo que otros solo verían a través de sus ojos. Así son los maestros, descubridores de una realidad nunca antes vista. De esa conjunción, amor por la fotografía y amor por la tierra, surge una nueva mirada llena de modernidad. Su serie sobre 'La playa' es inimaginable en otro lugar que no sea en estas playas del sur, y es que todas las playas fueron para él la misma.


Tenía, Carlos Pérez Siquier, un ojo educado en el oficio de mirar, y nada le pasaba desapercibido. Era un gran observador, de gentes y de cosas, de la rutina de los días y de esos momentos transcendentes que se esconden. A su obra fotográfica en blanco y negro, ya de por sí magnífica, agregó el color. Fue un pionero, un adelantado. Cuando nadie apostaba ni un penique por el color fue capaz de ver las inmensas posibilidades artísticas que ofrecía. Sus trabajos como fotógrafo colaborador de Ministerio de Turismo, durante mucho tiempo, más de dos décadas, le permiten conocer otros lugares y sobre todo reafirmarse en la que es su obra de creación. Una demostración de la importancia de saber ponderar los avatares de la vida, y navegar entre grandes vientos, nadie como él los conocía por su nombre, yo creo que los presentía porque atesoraba ese conocimiento de la gente antigua de Almería, él tan moderno, tan adelantado a su época y, al mismo tiempo, tan profundamente almeriense. Su tesón, su convencimiento, terminaron por darle la razón, en esa espera tranquila, hasta que llegaron los años del reconocimiento, de las alegrías, de los premios, de los halagos… que igualmente supo contextualizar.  


De su fotografía han escrito muchos, y muchos lo seguirán haciendo, sin duda. La obra de Carlos es vastísima, su archivo seguirá ofreciendo imágenes inéditas, y seguirán sorprendiéndonos. Desde aquella Almería de posguerra, donde creó junto a José María Artero nada menos que la revista AFAL, un planeta revolucionario de la fotografía, hasta La Briseña, sus últimas fotografías publicadas en 2017, el fotógrafo documenta casi dos tercios de siglo. La Briseña es su último testimonio, el de los lugares queridos, íntimos, los de un cortijo cercano a Gádor, donde la vida transcurre entre naranjos del fértil valle del Andarax. Allí compartimos con él y con Teresa tardes inolvidables. La conversación y ese fluir que la existencia te regala muy pocas veces al lado de  alguien irrepetible sigue vivo en la memoria. Como lo sigue él.   





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