Cómo nació y sobrevivió la bodega de Adra que hoy es un templo gastronómico con solete Repsol
De una taberna de pescadores al reconocimiento nacional: 35 años de historia, familia y amor por el producto en el corazón de Adra

Carlos Linares de Los Finos, Adra.
Hay nombres que, al pronunciarlos, te transportan de inmediato a un lugar concreto. Nombres que evocan recuerdos, sabores y emociones. Los Finos es uno de ellos. Un apodo convertido en seña de identidad, en símbolo de una forma de entender la cocina y la vida. Porque desde hace ya 35 años, este establecimiento es uno de los grandes nombres propios de la gastronomía abderitana, un lugar donde la tradición, el esfuerzo y la pasión se sirven cada día en la mesa.
La historia de Los Finos comienza en 1989, cuando Antonio, conocido en Adra como ‘El Fino’, tras una vida ligada al mar, decidió que aquel oficio era demasiado sacrificado y quiso ofrecer un futuro mejor a sus cinco hijos. Así nació una bodega de pueblo, humilde y sincera, que tomó el nombre del apodo familiar: Los Finos. Un nombre que, más de tres décadas después, sigue intacto.

Uno de los platos de Los Finos.
Antonio tuvo cinco hijos —Antonio, Paco, Miguel, Juan y Carlos— y aquel primer local era, sobre todo, un punto de encuentro para los hombres trabajadores del pueblo: agricultores y pescadores que se reunían para tomarse un chato de vino y hacer “el costo”, como se denomina en Adra al pequeño tentempié tras la jornada laboral, antes de volver a casa. La cocina era sencilla y honesta: el pescado que entraba ese día se freía o se hacía a la plancha, sin artificios ni pretensiones. Como dicen muchos, era simplemente “lo que había”.
Con el paso del tiempo, sería Carlos, el menor de los cinco hermanos, quien recogería el testigo de su padre. Y lo haría transformando la cocina no solo en su profesión, sino en una auténtica pasión vital. Sin haber sido cocinero de formación, el abderitano ha logrado desarrollar una cocina cuidada, elaborada y personal, a la altura de grandes chefs.
Reconocimientos y triunfos de Los Finos
El resultado no ha pasado desapercibido. Los Finos ha sido reconocido por la Guía Macarfi como el décimo mejor restaurante de la provincia de Almería, además de figurar en la Guía Repsol y haber sido beneficiario de uno de sus soletes, también aparece en Tapas Magazine.
“Es un orgullo y una confirmación de que estamos haciendo las cosas bien”, confiesa Carlos. “Aunque la principal razón por la que la gente nos visita es el boca a boca”.
Y es que, Carlos y todo su equipo pueden presumir de que grandes nombres de la gastronomía avalen su trabajo. El chef José Álvarez, de La Costa, con una estrella Michelin, ha recomendado el restaurante en numerosas ocasiones. También Francisco Rodríguez y Blanca Díez, de Pa’Levante en Roquetas de Mar, sitúan a Los Finos como uno de los grandes referentes gastronómicos de la provincia.
Este año, además, el pueblo de Adra reconocerá la labor de Los Finos durante el Día del Municipio, el próximo enero, con la máxima distinción: La Torre. El pasado martes 16 de diciembre, el Pleno aprobó por unanimidad esta concesión por “la promoción turística ligada a la gastronomía del Restaurante Los Finos, que lleva años haciendo de nuestra cocina y tradiciones una seña de identidad”, en palabras del alcalde Manuel Cortés, quien destacó que estas condecoraciones “reflejan valores de la sociedad abderitana”.
Una nueva era para Los Finos
Ubicado en el número 12 de la calle Miró, en Adra, el restaurante poco tiene que ver —y al mismo tiempo lo tiene todo— con aquella antigua bodega. Hoy es un espacio elegante, con terraza y una cocina de autor que transita entre lo tradicional y lo innovador. Pero la esencia permanece intacta: el respeto absoluto por el producto y por la tradición.
“Compramos pescado fresco todos los días, las verduras son de nuestra tierra, las mejores y las más frescas. Nuestro secreto es ofrecer calidad y producto”, afirma Carlos.

Uno de los platos de Los Finos.
Mirar atrás despierta inevitablemente la nostalgia. Carlos reconoce que a veces echa de menos aquellos tiempos en los que podía poner a la plancha lo que él mismo pescaba cada mañana —porque aún hoy sale a pescar antes de irse al restaurante— o el arte de secar pescado: musina, boquerones, bacaladillas, pulpo…
“Antes lo secábamos nosotros mismos. Hoy sería impensable por los controles sanitarios. Me da pena, porque así se pierde parte de nuestra identidad y de nuestras tradiciones”.
Movido por las ganas constantes de mejorar y evolucionar, Carlos lleva años recorriendo España en busca de nuevos sabores y referencias. “Mis vacaciones son rutas gastronómicas”, explica con una sonrisa. Uno de sus destinos habituales es Barbate, protagonista indiscutible de su carta, donde el atún de almadraba ocupa un lugar destacado en múltiples versiones: trufado, sashimi, encebollado, con huevos, tartar o picante.

Uno de los platos de Los Finos.
Carlos es claro en su reflexión: “A los almerienses nos falta sacar pecho por lo nuestro. Tenemos el mejor pescado y las mejores hortalizas, pero no les damos el valor que merecen. Fuera, cualquier producto te lo explican, lo ensalzan. Nosotros no somos conscientes de lo que tenemos”.
Siempre en los fogones
“Ahora mismo estoy asando unos pimientos Palermo de aquí de la tierra, con aceite de brandada de bacalao…”. Nada más que añadir.
En su carta de pinchos se encuentran auténticos bocados de autor: atún en pan de cristal, pepito de calamares, brioche de carrillada, pimiento palermo, croquetas y los ya míticos buñuelos de rape, un bocado que eleva los sentidos con su cremosidad, crujiente y explosión de sabor.
La propuesta se completa con pescados como gallo pedro, cherna, calamares o boquerones, además de carnes de primera calidad: wagyu, pierna de lechal, presa, secreto o pluma ibérica.
Con modestia, Carlos asegura que el único secreto para llevar 35 años en activo y seguir creciendo es ofrecer siempre producto de primera. Y la clientela lo respalda con una valoración de 4,3 sobre 5 estrellas en Google, con reseñas que hablan por sí solas.
El futuro está servido
“Las tapas están destinadas a desaparecer, no son rentables. Nosotros apostamos por los pinchos, pequeñas exquisiteces más elaboradas, con un coste acorde al producto”.
Los Finos sigue siendo un negocio familiar: “Aquí trabajamos mi mujer, mi sobrino y yo. Hay trabajadores que llevan conmigo 14 años. En cocina somos siete y en verano hasta diez”. Tradición y cocina actual, de la mano.
Y el legado continúa. Carlos tiene dos hijos y uno de ellos estudia cocina. “Todos los días me manda una lista con lo que tengo que comprar para practicar recetas nuevas”. Estudia en el Basque Culinary Center, una institución de referencia a la que muy pocos logran acceder.
“Ahora tiene 20 años, es muy joven, le queda mucho por aprender, pero apunta maneras. Intenté quitarle la hostelería de la cabeza por el sacrificio que conlleva… pero esto se lleva en la sangre: o lo amas o lo odias”. En Los Finos, está claro, se ama. Desde 1989.