El Puerto entra en una nueva era: más comercial y menos marinero

Con el derribo de las casetas de pescadores y astilleros, Almería enfila el modelo de Málaga

Las máquinas han empezado a derribar las naves de los antiguos astilleros de la ciudad.
Las máquinas han empezado a derribar las naves de los antiguos astilleros de la ciudad.

Sebastián el Mariscano es uno de los últimos hombres de la mar de Almería que ha tenido que abandonar las viejas casetas de armadores del Puerto para trasladarse a la nueva superficie de naves junto al edificio del Instituto Social de la Marina.


 Antes tenía de vecino a un pescador como él y ahora lo que tiene a su vera es a Rosario del Mar, una cofradía de Semana Santa que puede presumir de tener la sede más marinera de toda la ciudad.


Como Sebastián, otros viejos  jabegotes y pescadores de bajura han tenido que entregar las llaves de sus casetas -donde hacían nasas o cosían trasmallos- que han empezado a ser derribadas por las palas y excavadoras de la empresa Nila.



Por esos solares, donde aún huele a estopa y salitre, discurrirá dentro de unos años la nueva vía de tráfico pesado que conectará la Autovía al Puerto para el transporte de mercancías. 


También irán abajo las otras casetas donde está el bar Tiburón y donde se extienden las redes y artes de pesca de arrastre y de cerco.



La demolición para dejar diáfana la superficie portuaria ha comenzado esta misma semana con el derribo de las naves de los antiguos astilleros. Allí ejercía labores de mantenimiento de botes y lanchas Juan el Che y en desuso estaban las instalaciones vecinas de Zapata y Hernández y de Ramón Rodríguez. Se salva de la quema, sin embargo, el Astillero Loha, el único que quedará como una reliquia de toda esa tradición tan almeriense de construcción naval, de viejos calafates y carpintero de ribera, que comenzó en el viejo malecón con las antiguas atarazanas morunas.


Tampoco van a resultar afectados las instalaciones de la piscifactoría de Culmarex, el Servicio Aduanero y la Agencia Tributaria, la Guardia Civil y la caseta para inmigrantes de Cruz Roja, al límite del Puerto de Poniente. 


Otro de los aspectos que inquietan a los pescadores jubilados y aficionados que mantienen pequeñas embarcaciones fondeadas en la bahía sin ningún punto de amarre en los dos nuevos pantalanes. Aunque está prevista la construcción de otros dos, hasta entonces no podrán continuar fondeados por orden de la Autoridad Portuaria de Almería.


El Puerto de Almería, el viejo puerto de donde nació toda la ciudad actual, entra con estos primeros golpes de la piqueta derribando naves en una nueva era en la que pierde cada vez más su sabor marinero sacrificado en pos de unos nuevos tiempos encaminados al diseño del futuro Puerto Ciudad. Algo que ya ocurrió en Málaga, donde el Puerto actual es más un reclamo turístico, comercial y hostelero que una dársena  dedicada a la actividad pesquera. De hecho, las embarcaciones se trasladaron al Puerto vecino de la Caleta de Vélez.


Tanto la Autoridad Portuaria como el Ayuntamiento de Almería quieren también reforzar ese carácter comercial y de negocios de hostelería abiertos a los ciudadanos en base a un nuevo ordenamiento de la superficie del Puerto hasta conectar con el Paseo Marítimo pasando por el dique de Levante, el Cable Inglés y Las Almadrabillas.


 

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