El superhéroe del Cañillo y Simago

Rafael Amat Martínez es el creador de un superhéroe chapucero que intenta luchar contra el mal

Rafael Amat Martínez  ha escrito el argumento y la elaborado los dibujos del cómic ‘Regreso al Oeste’.
Rafael Amat Martínez ha escrito el argumento y la elaborado los dibujos del cómic ‘Regreso al Oeste’. La Voz

El suyo es un superhéroe que nada tiene que ver con aquellos personajes americanos que dotados de poderes excepcionales pasaban por la vida arreglando el mundo sin nadie que pudiera derrotarlos. Volaban, corrían como cohetes, poseían la fuerza de un ciclón y la inteligencia y la astucia de diez sabios juntos. Eran invencibles y por eso cautivaban a millones de niños que se emocionaban con sus triunfos.


El héroe que ha creado Rafael Amat es mucho más cercano, sobre todo para aquellas generaciones de niños de los años sesenta y setenta que venerábamos a los personajes del tebeo como Carpanta, Rompetechos, Mortadelo y Filemón o el Botones Sacarino que eran la antítesis del éxito. Nos cautivaban con sus ocurrencias, con sus fallos infalibles, con esa  vitola de perdedores que nos despertaban todas las ternuras de la infancia.


“Yo empecé dibujando a los superhéroes americanos de los años ochenta, fueron mi primer referente, pero acabé decantándome por esa mezcla de humor y aventura que tenían los cómics españoles”, reconoce.


Sus primeros escarceos con los personajes de leyenda fueron con Astérix. Sus padres le regalaron la colección y cuando terminó de leerla, como era un niño muy generoso, una mañana se asomó a la ventana y repartió los tebeos entre los otros niños.


Una de sus ilusiones era ir a comer los domingos al Rincón de Juan Pedro, lo que era una costumbre habitual en las familias de los años setenta. Cuando terminaban de almorzar el padre le daba unas monedas para que se acercara al kiosco de la Puerta de Purchena y se comprara un tebeo. Uno de aquellos domingos el niño no se conformó con Mortadelo ni con Pepe Gotera y se dejó llevar por el instinto y por la sugerente portada de una revista erótica. “Es para mi padre, le dijo al kiosquero”. Desde aquel día estuvo un  tiempo sin ir solo al kiosco.


Todas las vivencias acumuladas en sus años como lector salen a relucir ahora en su último trabajo, en  el que le ha dado vida a un personaje llamado Súper Joven  que en la realidad es todo lo contrario a un héroe. Es un heredero de don Quijote, un tipo con gafas de culo de vaso y sin poderes que de tanto leer cómics acabó perdiendo la cordura. “Su objetivo es ir por las calles haciendo el bien, ayudando a los débiles y resolviendo injusticias, pero a la hora de la verdad no resuelve nada, nada le sale bien porque en el fondo es un pupas”, explica su autor.


La aventura se titula ‘Regreso al Oeste’ y es un retorno al pasado, una internada en el túnel del tiempo donde el protagonista se cuela en la Almería de 1968. “Aunque yo no viví aquella época, ya que nació en 1973’, me atrae mucho. Existe un halo mítico de aquellos tiempos cuando el cine y los rodajes estaban en plena ebullición. Como a mí me hubiera gustado vivirla he creado un personaje que me lleva de la mano por la ciudad de entonces”, asegura.


El cómic es una relación de amor con Almería. Las viñetas son un recorrido por la ciudad donde van apareciendo lugares comunes desde la estación de ferrocarril hasta la Puerta de Purchena, con su cañillo del agua y con su bar Los Claveles. Simago, el Puga, la casa de Doña Paquita, el Club Náutico, el Cable Inglés, la residencia de ancianos, forman parte de los paisajes donde el aventurero se mueve deshaciendo entuertos, o tratando de deshacerlos.


Además de los escenarios van apareciendo una serie de personajes que también forman parte de la memoria común de la ciudad: el autor le rinde un homenaje a los indalianos y al querido Pepe el Habichuela, que se convierte en el mejor amigo de Súper Joven y lo introduce en el mundo del cine, presentándole a personajes de la talla de Sergio Leone y Claudia Cardinalle. El Habichuela, para Rafael Amat, fue un personaje que tenía mucho en común con su héroe ficticio. “Siempre me atrajo la figura de el Habichuela. Me parecía fantástico cuando iba por las calles vestidos de  pistolero sin que se estuviera rodando ninguna película”, me comenta.


A la hora de poner en marcha su trabajo disfrutó más con los dibujos, su verdadera vocación, que con el argumento, una tarea que le resultó mucho más complicado. El resultado final ha sido un cómic con formato de lujo que puede convertirse en un éxito editorial este otoño. Si los lectores responde pronto volverá a encerrarse en su estudio para darle vida de nuevo a este héroe bonachón y cargado de inocencia que no resuelve sus andanzas con un final feliz. “Lo más importante es su lucha por que triunfe siempre el bien, que después lo consiga o no es lo de menos si la aventura ha merecido la pena y la gente se ha divertido en el personaje”, subraya el autor.

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