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El único bar de un pequeño pueblo de Almería busca cocinero para volver a abrir sus puertas

El cierre por la pandemia y la falta de personal mantienen bajada la persiana del icónico Cortijillo, aún recordado y buscado por sus clientes cuatro años después

Restaurante Museo el Cortijillo.

Restaurante Museo el Cortijillo.La Voz

Marina Ginés
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Hace ya cuatro años que el emblemático restaurante Museo El Cortijillo, en Olula de Castro, cerró la persiana pensando en un “hasta pronto” que, con el tiempo, se ha convertido en un adiós indefinido. Sus propietarios, los hermanos Isabel y Benjamín Martínez, siguen sin encontrar un cocinero que permita reabrir el que es el único restaurante del pueblo.

Nos es imposible encontrar un cocinero. Nadie quiere venirse aquí. Hay gente a la que le da respeto subir hasta los Filabres, piensan que está muy lejos, pero estamos a poco más de 40 minutos de la capital. El restaurante está a las afueras del pueblo y tiene un aparcamiento muy amplio”, explica Isabel.

La chimenea central encendida.

La chimenea central encendida.La Voz

Los hermanos aseguran que están abiertos a distintas opciones: “Buscamos cocinero o, si alguien quiere alquilarlo por completo, estamos dispuestos a negociar”. A pesar de llevar cuatro años cerrados, los clientes no se han olvidado: “El restaurante iba tan bien que incluso después de cuatro años cerrados muchos clientes nos siguen llamando para reservar. No te puedes hacer una idea”, asegura Benjamín.

Platos tradicionales, comida de cuchara y carne a la brasa

El Cortijillo solo abría los fines de semana y ofrecía un menú del día centrado en lo mejor de Los Filabres, con recetas tradicionales, platos de cuchara y su especialidad: la carne a la brasa. 

“Los menús los cambiábamos constantemente. La pena es que nunca dejó de venir la gente. Nos vimos obligados a cerrar por el COVID-19 y un pueblo sin bar es su muerte. Al pueblo lo conocían por el restaurante. Actualmente viviendo todo el año hay unos 50 vecinos; censados unos 180…”, explica Isabel.

 “Mi marido era el cocinero, pero ya se ha jubilado. La cocina es muy sacrificada y él no quiere seguir entre fogones. Por eso buscamos a alguien que continúe con su legado y reabra El Cortijillo”, añadió Isabel.

El cocinero de El Corrijillo preparando unas migas.

El cocinero de El Corrijillo preparando unas migas.La Voz

Nunca faltó clientela. “Siempre que abríamos estábamos llenos. Solo fines de semana y festivos, pero siempre llenos. En Fiestas y en verano venían muchas familias que tienen aquí segunda residencia, y la gente de los alrededores venía expresamente a comer al restaurante El Cortijillo”.

Un restaurante almeriense muy querido

A día de hoy, El Cortijillo mantiene 5 estrellas sobre 5 en las reseñas de Google, donde los comentarios hablan por sí solos: -“Un lugar de pueblo, comida de pueblo, calidad-precio muy bien”. -“Excelente lugar para comer, con buena comida y tapas, deliciosas brasas y buenos precios. Ambiente cómodo y calentito”. - “Un sitio encantador, comida estupenda y buen precio”.

Uno de sus platos estrella, la pierna de cabritillo.

Uno de sus platos estrella, la pierna de cabritillo.La Voz

Y en Tripadvisor, las valoraciones son igual de contundentes. Algunos comentarios son casi crónicas completas de lo que significaba comer allí: -“Fuimos un sábado de invierno con lluvia. Se come estupendamente de menú, gran variedad de platos a elegir. El servicio espectacular, gente simpática y agradable. Merece la pena ir aunque esté en un lugar un tanto apartado. Volveremos pronto sin duda”. 

-“He estado allí varias veces, en grupo y con mi pareja. El sitio es idóneo para ir en invierno, con esa chimenea enorme que tiene en medio del salón. Es de mis sitios preferidos de Almería para comer”. -“Sorprendente encontrar una cocina y un servicio tan bueno en un sitio olvidado de la mano de Dios. Paramos de casualidad haciendo una ruta en moto. Vale la pena repetir y recomendar”.

Un pueblo tranquilo que espera recuperar su punto de encuentro

Y es que, como muchos comensales indican Olula de Castro a priori podría sonar a un lugar "perdido de la mano de Dios", sin embargo se encuentra a poco más de 50 kilómetros de la capital, en la comarca de Los Filabres, se accede por autovía y la carretera es muy buena, pero sin duda lo mejor llega cuando te bajas del coche, respira el aire puro y...de repente: el silencio y los pajaritos cantando

Olula de Castro es uno de esos pueblos que aun conserva la calma y la esencia de antaño. Casitas de una o dos plantas, calles empedradas y serpenteantes, una pequeña plaza con su ayuntamiento y su iglesia, y el olor a leña que se mezcla con el silencio del día a día. Un lugar donde aún se escucha un “buenos días” o un “vaya usted con Dios” al cruzarse con algún vecino.

Los hermanos Martínez solo desean una cosa: ver El Cortijillo lleno otra vez. “Solo necesitamos un cocinero —dice Isabel—. Lo demás ya lo pone la casa… y el pueblo”, bromeaba.

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