La Voz de Almeria

La Foodineta

Cómo nació y sobrevivió el sueño de un romano que trajo las auténticas pizzas italianas a Almería

El 12 de abril de 2001, hace casi 25 años, el establecimiento abría sus puertas por primera vez

Lorenzo Gallina, fundador de La Trattoria.

Lorenzo Gallina, fundador de La Trattoria.Elena Ortuño

Elena Ortuño
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Esta es la historia de un romano. Pero no de esos que usaban casco y coraza. Ni siquiera de los que, aferrados a la sombra del Coliseo, creen que más allá de la Ciudad Eterna solo hay mapas borrosos y silencio. No. Este es otro tipo de romano: uno que cada verano escapaba de la capital de las siete colinas para pasar largas temporadas allá donde el sol pasa el invierno. 

Le damos la bienvenida a una de esas historias protagonizadas por almas inquietas, gentes que no se resignan al dictado gris de la rutina y que empujan la vida hasta donde haga falta. Hasta las últimas consecuencias. Esta es una de esas aventuras que, a veces, acaban saliendo bien. Y en el caso que nos ocupa, así fue.

En los 90, Lorenzo Gallina era un geólogo que transitaba por las milenarias calles de Roma arropado por bufandas, jerséis de lana y uno de esos abrigos que llegan hasta la rodilla. A varios grados bajo cero, no dejaba de pensar en aquel viaje que acababa de hacer a una desconocida ciudad española en la que, por casualidad, había pasado la Nochevieja. 

La calidez de sus días invernales, el tranquilo rumor del mar y la sonrisa de sus gentes no abandonaban sus pensamientos. Tanto es así que durante aquella época no dudó en regresar en varias ocasiones. Almería se había convertido en su lugar vitamina, aquel al que volvía para recargar pilas. Pasó el tiempo, llegó el cambio de milenio y con este, el cese de los viajes. En el año 2000, mientras miles de personas esperaban el fin del mundo, Lorenzo dio el paso definitivo: "Me mudé a Almería", confirma con una sonrisa de oreja a oreja.

Un cálido recibimiento

"Mis padres estaban un poco perplejos, les parecía un cambio muy raro", reconoce encogiéndose de hombros el romano, quien llegó persiguiendo la idea de buscar trabajo como geólogo. No pasó mucho hasta que se dio cuenta de una realidad que en aquellos años difícilmente podría pasar de largo para un romano: los almerienses no sabían comer pasta. Ni pizza. Apenas había en toda Almería lugares donde comer la auténtica comida italiana.

"En aquel entonces tenía un amigo cocinero, también romano, que, como yo, se había venido aquí a vivir. Me reuní con él y con unos cuantos más y decidimos levantar todo esto. No tenía experiencia en hostelería, fue como una aventura", relata con un acento que, después de tantos años, no ha conseguido dejar atrás. Del grupo de socios primigenios, solo queda Lorenzo, aunque parte del equipo -ente cocineros y camareros- lo acompaña desde hace más de 20 años.

El 12 de abril de 2001, hace casi 25 años, el establecimiento abría sus puertas por primera vez, sustituyendo a un antiguo bar de tapas de El Zapillo. Durante esa primera etapa, el trabajo no cesaba. 

"Me harté de tener que explicarle a la gente que la carbonara se hacía con huevo y no con nata", recuerda entre risas el italiano, quien se percató que en aquella ciudad del Mediterráneo la gente mayor todavía recelaba de la comida extranjera: "El local se puso de moda enseguida porque no había apenas oferta, pero la mayoría de mis clientes eran jóvenes".

En busca de los auténticos ingredientes italianos, Lorenzo partía en una furgoneta desde la calle Lanjarón, donde instaló-y aún sigue- La Trattoria original, hasta Roma, donde cargaba el maletero de mascarpone o galletas para tiramisú, y luego regresaba: "Por aquel entonces no había proveedores italianos en España. Ahora las cosas han cambiado".

Ese primer año lo recuerda como si de un sueño se tratase, no por ideal, sino por atolondrado: “Aparecieron aquí 15 o 20 amigos procedentes de Roma, que habían venido a visitarme y a ver cómo me iba. Yo no podía atenderlos porque tenía que sacar todo adelante, así que les dije que si me querían ver, tenían que comer aquí, en La Trattoria”, sonríe con humildad, pero con el agradecimiento reflejado en la mirada.

Con un ojo en el ahora y otro en el mañana

Lorenzo Gallina, desde la ventana de La Trattoria del Mar, en el Paseo Marítimo.

Lorenzo Gallina, desde la ventana de La Trattoria del Mar, en el Paseo Marítimo.Elena Ortuño

Después de un cuarto de siglo de vida, la evolución del restaurante es evidente. En 2015 abrió en el Paseo Marítimo La Trattoria del Mar, una extensión de la originaria pero con preciosas vistas al mar: “Era extraño, porque hace 20 años apenas había oferta gastronómica por aquí”, cuenta Lorenzo, sentado junto a una cristalera desde la que se pueden observar las olas del Mediterráneo.

Después de tanto tiempo, Lorenzo no puede estar más agradecido por haber hecho la maleta aquel año 2000. Entre helados artesanales, delicados postres y pasta hecha a mano, el italiano no duda cuando, tras un suspiro de tranquilidad, concluye: “Almería es lo mejor que hay”.

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