Una almeriense con parálisis y su padre se gradúan a la vez en la UAL reivindicando la diversidad
Su familia diseñó para la pequeña un método propio de aprendizaje que distribuyó Anaya. Años después, Isabel se gradúa en Trabajo Social

María Isabel Díaz, José Luis Díaz y el perrito de la familia.
El próximo 5 de junio María Isabel Díaz subirá segura de sí misma las escaleras de un escenario frente a la atenta mirada de sus compañeros y el orgullo de su familia. Allí, alguno de sus profesores le pondrá una beca color naranja, esa que simboliza la culminación de una etapa de esfuerzo y dedicación; el logro de las metas, la madurez personal y la obtención de los conocimientos necesarios para iniciar una nueva etapa.
Será protagonista de un final, pero también de un comienzo. Y de algo más. Su graduación significará tirar barreras, romper prejuicios y aportar al mundo una nueva trabajadora social con una mirada que a muchos les falta.
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Y este momento tan especial, no lo vivirá sola. A su lado se alzará una persona que no solo ha sido su compañero de clase durante todo este tiempo de vida académica, sino un apoyo fundamental en su ahínco por no quedarse atrás en las clases: su padre, José Luis Díaz.
Ambos, padre e hija, lucirán la banda que gritará, con emoción, que son graduados en Trabajo Social. "Con la única excepción del TFG y las prácticas, que las completaremos el año que viene", reconocen ambos, con la seguridad de que tampoco aquello supondrá un bache en sus planes.

Foto de archivo de una graduación pasada.
Un sistema propio que conquistó a Anaya
A raíz de su nacimiento prematuro y la falta de oxígeno, María Isabel padece desde bebé de una parálisis cerebral. Su capacidad intelectual es normal, pero no ocurre lo mismo con su psicomotricidad fina, por lo que le cuestan tareas tan importantes en la universidad como escribir.
Ya en su más tierna infancia sus padres pasaban días y días pensando cómo lograr que la niña no se quedase atrás en la escuela debido a esta circunstancia. Una noche, la bombilla se encendió. Contactaron con informáticos y desarrollaron, sin tener ellos ningún conocimiento previo en tecnología, un sistema que digitalizaba los libros de María Isabel y le permitía escribir, dibujar e incluso colorear con un ratón especial.

Artículo de prensa enmarcado del momento en el que Anaya se unió a la idea.
Este sistema, además de lograr que la almeriense pudiera seguir el ritmo de sus compañeros, terminó por ser útil para otros niños en su misma situación gracias al interés que Anaya puso sobre él, de manera desinteresada.
Un ejemplo a seguir
A veces, cuando alguien pregunta el porqué de una elección, es difícil contestar. En el caso de María Isabel, no hay dudas ni titubeos: "Me encanta asesorar a la gente. Trabajo Social no es solo acompañar, es ayudar a las personas a encontrar su camino", responde.
Está convencida de que la mirada del trabajador social es distinta a la del resto y que ella, desde su experiencia con la diversidad funcional, puede aportar un diferenciador que enriquezca su trabajo. Prueba de ello son las ocasiones que ha decidido corregir a alguno de sus profesores, siempre con respeto y educación: "Me gustaría que se dejase de usar la palabra discapacidad, porque diversidad funcional es un término mucho más acertado. Al final todos somos diferentes", aclara con decisión.
Ejemplo de esas diferentes necesidades que ella misma menciona es el sistema que ha desarrollado para estudiar: José Luis coge los apuntes en clase y luego ella se los dicta a su ordenador, que recoge y transcribe su voz, de modo que estén digitalizados. Después de eso, se lo pasa a "la loca" -como la llama ella de forma humorística-; un asistente virtual que le lee los apuntes una y otra vez, proyectados a su vez en la pantalla de la televisión, para memorizarlos.
"Así me saqué la selectividad. Fueron tres intentos y no fue hasta que seguí este sistema que lo conseguí. Fue una alegría". Afirma que fue un proceso difícil, pero que, al final, lo importante es que logró estar dentro de la universidad.
Para la UAL solo tiene palabras de elogio. La Unidad de Inclusión y Atención a la Diversidad de la Universidad de Almería ha estado siempre, según relata José Luis, atenta a las necesidades de su hija, quien, si echa la mirada atrás, puede decir con satisfacción que no se ha encontrado barreras ni físicas ni sociales para llevar a cabo su ilusión: graduarse.
"Sí es cierto que en Almería hay muchísimas limitaciones arquitectónicas. A veces, incluso me veo obligada a ir por la carretera, en lugar de por la acera. Pero de la universidad no me puedo quejar", afirma con una sonrisa sincera. Porque María Isabel sonríe, y sonríe tan inmensamente como, a su vez, demuestra un agudo sentido del humor.
Son esas ganas de vivir y su desparpajo lo que hace, además, que nadie se extrañe cuando la joven almeriense revela que su vida no se limita a los estudios: "Tengo dos mundos: la música y la carrera. Canto, bailo danza inclusiva y amo el flamenco".
Lo cuenta con ese brillo especial en la mirada de quien siente pasión por lo que hace. La materialización de dicha pasión es el Dúo Verisa, compuesto por la conocida artista almeriense Verónica Pintor y por la propia María. "Hemos actuado en el Teatro Apolo, en la peña del Morato... incluso fuimos seleccionadas en un casting de La Voz para ir a Madrid, aunque el COVID me dejó sin voz y sin oportunidad".
En paralelo se encuentra su padre, graduado en su juventud en Derecho. El abogado se matriculó para ayudar a su hija y, sin embargo, se ha reencontrado -gracias al plan de estudios- con un interés que ya echaba en falta: el de aprender y la satisfacción personal que ello conlleva: "No lo hago por currículum. La verdad es que la universidad te cambia la visión social".
Una mirada puesta en el futuro
Hoy, ya con la miel -el título universitario- en los labios y con el graduado a la vuelta de la esquina, María Isabel pone la vista más allá. Con ambición y seguridad, afirma que le gustaría crear junto a su fiel e inseparable compañero, su padre, un despacho que aúne abogacía y trabajo social. "Recoger la banda es una satisfacción, pero el verdadero orgullo llegará cuando logremos ayudar a alguien con lo que hemos aprendido", concluyen ambos.