La Voz de Almeria

Tal como éramos

Aquellas bicicletas con motor Ratón

En la posguerra aparecieron las bicis equipadas con motor 'El Ratón T48'

Félix Expósito, con su bici de motor Ratón en la carrera de la Feria de 1952 en el Paseo.

Félix Expósito, con su bici de motor Ratón en la carrera de la Feria de 1952 en el Paseo.La Voz

Eduardo de Vicente
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En aquellos tiempos la mayoría de las bicicletas llevaban incorporadas sobre la rueda trasera un espacio para el portaequipajes, que le daba más prestaciones al vehículo. En ese extraño e improvisado asiento de atrás podías llevar a un pasajero y sobre todo, podías colocar una caja, la compra del día o cualquier instrumento del trabajo. 

El portaequipajes era un complemento importante de la bicicleta que no solía venir montado de la fábrica, sino que era el propio ciclista el que lo colocaba acudiendo a alguno de los numerosos talleres que entonces se repartían por todos los barrios de la ciudad.

En ese espacio reservado para el ‘maletero’ apareció un extraño inquilino que acabó haciéndose famoso en los años de la posguerra. Se trataba de un exótico motor, una especie de ratón de hierro que fue bautizado comercialmente con el nombre de ‘Ratón T48’ y que permitía que los esforzados ciclistas pudieran descansar cuando iban a lomos de la bici y que fuera el motor el que hiciera su trabajo. 

Aquellas bicicletas de motor de dos tiempos las trajo por primera vez el concesionario de José Rodríguez, en la calle Azara, junto a la calle de las Tiendas. Montó una en el escaparate, la única que trajo de la fábrica ya que comercializar el invento suponía una auténtica aventura en una época donde los posibles clientes no estaban en disposición de grandes inversiones, ya que como era natural, el nuevo vehículo tenía un coste muy superior al de una bicicleta convencional.

La bici de motor Ratón fue un acontecimiento en la ciudad y se intentó promocionar en carreras populares, compitiendo con las carreras tradicional que se organizaban en la Feria de Almería en esa avenida para todo que era el entonces llamado Paseo del Generalísimo.

Pero al Ratón le salió pronto un duro competidor, el conocido popularmente con el nombre de ‘Mosquito’, que sí triunfó en el mercado y se hizo con un hueco en las calles de Almería. El ‘Mosquito’ era como el hermano mayor de la bicicleta. El pequeño motor que llevaba incorporado le daba un aire de seriedad y lo convertía en un vehículo para adultos.

El ‘Mosquito’ era una bici de luto que tenía un ruido peculiar, inconfundible, como un zumbido quejumbroso que alertaba a los niños cada vez que pasaba por una calle. Recuerdo que en mi barrio pasaba a menudo el ‘Mosquito’ del funcionario que iba cobrando los recibos de los bancos. Tenía un toque extravagante, aquel señor vestido de uniforme, tan formal, tan serio, con la responsabilidad incrustada entre las cejas, montando en aquel artefacto con pedales y motor que de vez en cuando se paraba en una cuesta y había que empujarle para que volviera a caminar.

Fue en los años cincuenta cuando este curioso artefacto empezó a popularizarse en Almería. Lo trajo el agente Blas García Vicente, que puso un escaparate lleno de ‘mosquitos’ en la calle Reyes Católicos. Como reclamo, colocó un cartel que decía: “Ciclistas, dejen de pedalear y adquieran un motor Mosquito M-50 c.c”. Los primeros vehículos se vendían a dos mil ochocientas pesetas y eran fabricados en las Industrias Subsidiarias de Aviación S.A., bajo la licencia de la casa Garelli de Italia. A mediados de los cincuenta se fue generalizando su uso, sobre todo entre los funcionarios de bancos y de Correos.

El invento llegó también a los pueblos y hubo algunos cosarios que se abrazaron a la modernidad a lomos de aquellas bicis con motor. Fue muy comentado el caso de Martín Navarro, el recovero de la Mojonera, que allá por 1955 apareció por los cortijos más olvidados de Adra, Sovilán y Albuñol, montado como un conquistador en su flamante ‘Mosquito’. Los aldeanos, que no conocían el invento, salían a recibirlo echándose las manos a la cabeza y diciendo aquella frase de “no saben ya que lo van a inventar”.

Al modesto ‘Mosquito’ le salió un hermano más elegante y distinguido, el llamado ‘de lujo’, que costaba cinco mil pesetas y presumía de tener una moderna transmisión directa, un volante magnético con luz y un funcionamiento silencioso.

El humilde ‘Mosquito’ compitió en popularidad en aquellos años nada más y nada menos que con la Vespa. El ‘Mosquito’ era un vehículo más callejero, de andar por el barrio, mientras que la Vespa tenía un porte señorial y una potencia que le permitía conquistar cualquier distancia.

La primera Vespa la trajo el empresario Modesto García Ortega y fue de exhibición, no estaba a la venta. Los interesados en adquirir una tenían que firmar previamente un contrato para que el concesionario hiciera el pedido correspondiente y mandaran la moto desde Madrid. 

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