Las fiestas del ingeniero Cervantes
Francisco Javier Cervantes fue uno de los padres del puerto y una figura clave en la ciudad

Cervantes, en el centro de la imagen con su clásico mostacho, en una de las reuniones en el Casino cuando era su presidente.
El ingeniero Cervantes era un seductor que llegó lejos en su oficio, haciendo carrera en Almería y convirtiéndose en uno de los padres del puerto moderno. Llegó allá por 1899, cuando acababa de terminar la carrera para trabajar en el proyecto del ferrocarril, sin saber entonces que se convertiría en un almeriense más y que esta ciudad lo marcaría para siempre. “Almería es mi madre querida porque aquí nací para el trabajo y aquí se creó mi familia”, dijo en uno de los homenajes que se organizaron en su honor cuando era uno de los personajes más conocidos y más influyentes de la sociedad local.
Al margen de sus indudables facultades de ingeniero y del sello que dejó a lo largo de su vida profesional, Francisco Javier Cervantes destacaba por su atractivo personal. Era un hombre que cautivaba en las distancias cortas y que en determinados contextos, como el de las fiestas y los banquetes, se convertía en la estrella de la reunión. Tenía don de palabra y estaba dotado de una gracia especial que lo hacía imprescindible.
Cuando en la primavera de 1904 el Rey Alfonso XIII visitó la ciudad y fue a inspeccionar los trabajos en el puerto, el ingeniero Cervantes fue el encargado de ponerse el traje de buzo y sumergirse en las aguas del morro para poner la primera piedra en presencia del monarca. No había entonces un acto social ni una fiesta donde no estuviera el señor Cervantes. Su presencia llenaba de vida cualquier acto y siempre terminaba pronunciando un discurso y siendo aclamado por la concurrencia.
En febrero de 1908, cuando el exministro de Fomento Rafael Gasset visitó la ciudad, el ingeniero Cervantes fue a esperarlo a Guadix y lo invitó a almorzar a bordo de la draga del puerto y por la noche le organizó un banquete en el Teatro Apolo. Un mes después, vino a Almería el ministro de Fomento, señor Besada, invitado por Francisco Javier Cervantes para que fuera el encargado de poner la última piedra del dique de Poniente y de paso agradecerle su colaboración y ganarse sus favores para futuras empresas. El propio Cervantes fue el encargado de organizarle un banquete por todo lo alto que tuvo como escenario el patio de butacas del Teatro Variedades.
Cervantes era entonces el hombre de moda y sus movimientos estaban presentes en la prensa local. Cada vez que se iba de viaje o venía de una estancia en Madrid, ciudad que visitaba con frecuencia, los periódicos daban la noticia. También era célebre por su automóvil, en el que el ingeniero subía a los notables de la ciudad y a las personalidades que nos visitaban. En enero de 1909 llevó al Arzobispo de Zaragoza y al Obispo de Almería a dar una vuelta por las calles principales y por el puerto a bordo de su coche, tras disfrutar de un suculento banquete en el Palacio Episcopal.
El coche del ingeniero era conocido en toda Almería y la prensa hostil, la que no dudaba en criticarlo con fuerza por su vinculación con el partido Conservador, que llegó a dirigir, estaba pediente de cualquier percance que le ocurriera conduciendo para darlo como noticia. El diario El Radical bautizó el coche de Cervantes como “el automóvil de los accidentes”.
Pero Cervantes se crecía ante las adversidades de la misma forma que crecía en público rodeado de amigos. En los banquetes era Dios, sobre todo cuando los colegas le pedían que culminara la fiesta con unas palabras. Tenía alma de estrella y sabía aprovecharla.
Esa devoción que muchos sentían por él tuvo su momento cumbre en el homenaje que las fuerzas vivas de la ciudad organizaron en su honor el 14 de noviembre de 1910, como prueba de gratitud por el trabajo realizado para dotar a Almería de uno de los mejores puertos del Mediterráneo. El acto se celebró en el Teatro Variedades con siete enormes mesas que se colocaron en el patio de butacas. Allí estuvieron los principales personajes de la sociedad y del comercio almeriense, entre ellos Emilio Ferrera, que entonces estaba considerado como uno de los grandes empresarios de Almería.
En marzo de 1913 el ingeniero Cervantes volvió a convertirse en el hombre de moda cuando se organizó un nuevo homenaje en su honor, en esta ocasión por ser el autor del proyecto del ferrocarril estratégico desde Torre del Mar a Zurgena. Fue otro banquete histórico que se desarrolló en el Camino de la Estación, en el solar donde años después se instaló el Tiro Nacional.
Un mes después, Francisco Javier Cervantes fue recibido como un héroe en Tabernas, un pueblo agradecido por las ventajas que el estratégico les iba a reportar a su vida y a su economía. El banquete, para más de doscientos comensales, se celebró en la finca Los Albardinales, de Antonio Benítez Blanes, y fue recordado como el convite más largo y más espléndido que se organizó jamás en aquellas tierras.