El servicio de ambulancias deja "tirado" en la calle a un octogenario cuando le llevaban a diálisis
Ambulancias Quevedo explican que el anciano se negaba a compartir la ambulancia e insistió en bajarse y coger un taxi

Juan y su hija con la denuncia a la guardia Civil.
El traslado sanitario de Juan Campoy, un vecino de Adra de 83 años que el pasado 13 de enero se dirigía al Hospital de El Poniente para recibir su tratamiento de diálisis, terminó de forma inesperada tras una discusión con el personal del servicio de ambulancias. El octogenario no llegó a su destino y quedó a mitad de camino, en la zona de Almerimar, según consta en la denuncia presentada posteriormente por su familia.
Durante más de dos horas, sus familiares desconocieron el paradero de Juan y vivieron momentos de gran preocupación, hasta el punto de verse obligados a dar aviso al Servicio de Emergencias 112. La situación derivó en la activación de un dispositivo de búsqueda por parte de la Guardia Civil y la Policía Local de El Ejido y acabó con una denuncia ante la Guardia Civil.
"El anciano se quería bajar e ir en taxi"
Según ha explicado Ambulancias Quevedo a LA VOZ, el traslado comenzó con normalidad, pero durante el trayecto el anciano se puso muy nervioso y comenzó a increpar tanto al conductor como al técnico de la ambulancia. El motivo fue su desacuerdo con que se recogiera a otros pacientes antes de llegar al hospital.
“Quería que le dejaran a él primero en el Hospital de El Poniente y luego volviesen a por el resto de pacientes”, señalan desde la empresa, algo que califican como inviable. “Hacemos 1.000 servicios al día, no tenemos flota suficiente para ese servicio. Nosotros hacemos el transporte según las características y necesidades de los pacientes, y este señor no tenía ninguna enfermedad ni impedimento para compartir el transporte con otro paciente”.
Desde Ambulancias Quevedo aseguran que el anciano llegó a ponerse violento y que, pese a las recomendaciones de permanecer en el vehículo, aprovechó una parada para la recogida de otro paciente para bajarse de la ambulancia. Según relatan el conductor y el técnico, Juan manifestó entonces que no volvería a subirse y que continuaría el trayecto en taxi hasta el hospital.
“No podemos obligar a alguien adulto en sus plenas facultades a subirse a la ambulancia. Avisamos al centro de coordinación del hospital de lo sucedido y tuvimos que continuar con el resto de pacientes”, explican desde la empresa.
La versión de la familia y la denuncia
Sin embargo, según denuncian los familiares ante la Guardia Civil de El Ejido, el anciano no tomó ningún taxi. Poco después de bajarse del vehículo, Juan llamó por teléfono a su hija María Dolores, visiblemente nervioso, para comunicarle que se encontraba solo en una rotonda de Almerimar, frente a un edificio amarillo, sin saber explicar con exactitud dónde estaba.
La familia contactó entonces con Ambulancias Quevedo para conocer qué había ocurrido. Según relatan, desde la empresa les indicaron que su padre “no quería subirse” y que, siguiendo el protocolo interno, habían informado al Hospital de El Poniente de la situación. También les señalaron que el anciano había sido dejado en la calle Brisamar número 20 de Almerimar, lugar donde se había recogido a otro paciente.
No obstante, cuando los familiares acudieron a ese punto, Juan ya no se encontraba allí. Al no conseguir localizarlo y ante la creciente preocupación, dieron aviso al Servicio de Emergencias 112, que recabó los datos personales y de vestimenta del octogenario y trasladó el aviso a la Guardia Civil y a la Policía Local de El Ejido para activar el protocolo de búsqueda.
Localización y llegada tardía al hospital
Durante el dispositivo, la Policía Local informó de que el anciano había sido visto en una plaza de Almerimar. Finalmente, tras la geolocalización de las últimas llamadas realizadas desde su teléfono móvil, fue localizado. Según la familia, Juan se encontraba bien, aunque desorientado y con frío corporal.
Una vez localizado, fue trasladado al Hospital de El Poniente, donde llegó pasadas las siete y media de la tarde. Debido al retraso acumulado, solo pudo recibir dos de las cuatro horas previstas de su sesión de diálisis, teniendo que completar el tratamiento al día siguiente.
Preocupación de los familiares
“Mi abuelo tiene 83 años, ha sufrido dos infartos y padece insuficiencia renal. Es frágil y vulnerable, y lo dejaron solo en la calle”, declaró su nieta Alicia. Los familiares sostienen que no recibieron una comunicación directa por parte del servicio de ambulancias y que solo se informó al hospital, algo que consideran insuficiente dada la situación.
Ahora, la familia asegura que su intención es que se conozca lo ocurrido y evitar que situaciones similares puedan repetirse. “Si la ambulancia siguió un protocolo, pedimos que esto no vuelva a ocurrir, porque puede ser muy peligroso dejar a un anciano indefenso en un pueblo que no conoce y sin posibilidades de comunicarse con sus familiares”, concluyen.