La Voz de Almeria

Almería

Un callejón olvidado bajo la Alcazaba que se revitaliza con nuevas viviendas

La fiebre por las casas de planta baja resucita viejos solares

Una de las obras para vivienda que han comenzado en la calle de la Música.

Una de las obras para vivienda que han comenzado en la calle de la Música.Eduardo de Vicente

Eduardo de Vicente
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Hubo un tiempo en que las familias hacían el equipaje y dejaban sus casas antiguas llenas de humedad y de recuerdos, buscando la comodidad que ofrecían las nuevas edificaciones. Los pisos, que empezaron a aflorar por todos los barrios en la segunda mitad de la década de los sesenta, representaban la modernidad, con sus dormitorios individuales para que cada hijo pudiera tener el suyo, con su amplias cocinas y sobre todo, con los cuartos de aseo con bañera y con bidé, dos adelantos que en la mayoría de las humildes viviendas de puerta y ventana no existían. En barrios antiguos como la Almedina y el entorno de la Alcazaba, fueron muchas las familias que se marcharon a las zonas de expansión, atraídas por esas nuevas construcciones, dejando casas y solares vacíos.

La moda de los pisos fue decayendo y ahora, el fenómeno es el contrario: la gente busca desesperadamente una casa antigua en los barrios de toda la vida para rehabilitarla y hacerse su propio refugio, huyendo en muchos casos de las molestias que generan las comunidades. Los operarios de las inmobiliarias recorren a diario las calles en busca de alguien que esté dispuesto a vender su casa para atender a la demanda creciente de este tipo de viviendas.

Un ejemplo claro lo encontramos en la calle de la Música, que en los últimos años había sufrido como ningún otro rincón del casco antiguo el fenómeno de la despoblación. Se fue quedando vacía y se fue llenando de solares, dando la impresión de un escenario decadente al borde de la desaparición.

En los momentos complicados fueron dos o tres vecinos los que aguantaron en sus casas de toda la vida, esperando que llegaran tiempos mejores, y ahora ven como su resistencia puede haber merecido la pena porque con el proyecto de recuperación del entorno de la Alcazaba, el viejo callejón se ha convertido en un lugar atractivo para nuevas inversiones. Algunos de sus solares ya se han vendido y en dos de ellos ya han comenzado los trabajos de rehabilitación que anuncian nuevas viviendas y nuevos vecinos. Esa resurrección de la calle va a depender en gran parte del destino que los propietarios le den a las nuevas edificaciones. No es lo mismo que sean familias las que habiten las viviendas y se vengan al barrio, que éstas se empleen para el negocio del turismo, que está convirtiendo muchas calles de la Almería antigua en lugares fantasma. El turista deja dinero en la cuenta de los propietarios de la casa, pero no se implica en la vida del barrio ni deja dinero en la farmacia ni en la tienda de la esquina ni desayuna en los bares de la zona. El turista no se implica en los problemas de su calle, no exige mejores servicios al Ayuntamiento ni fomenta la vida vecinal, por lo que no sería la mejor solución para la recuperación de una calle que parecía moribunda.

El despertar de la calle de la Música debería de traer de la mano también la modificación del tráfico. No es comprensible que un callejón de apenas cuatro metros de anchura, que por lógica debería ser una vía peatonal de camino hacia la Alcazaba, haya sido transformada por las autoridades municipales en una avenida con un tráfico insoportable. Hoy, la pintoresca calle de la Música es una prolongación de la calle del Pósito y soporta un tráfico insoportable que hace temblar los muros de las viviendas, ya que sus cimientos no están preparados para tanto tránsito.

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