Santa Fe, su estación y su puente
La construcción del ferrocarril fue un gran empuje social y económico para Santa Fe

Estación de Santa Fe, construida a finales del siglo XIX como una de las obras que dejó la llegada a Almería del tren.
Aquel edificio, con formas de fortaleza y rodeado de amplios ventanales, llegó como una bendición al humilde pueblo de Santa Fe, que se convirtió en uno de los destinos importantes del trazado del ferrocarril que en los últimos años del siglo XIX nos trajo el progreso a la provincia.
La estación de Santa Fe ocupaba un terreno situado a 186 metros de altura sobre el nivel del mar y desde su inauguración se convirtió en una de las más importantes de la provincia, pues recibía a las gentes que iban y venían en tren desde los pueblos de Alhabia, Alicún, Terque, Huécija, Bentarique, Illar y todos los de la cuenca del Andarax. Desde el primer tren que piso aquellas vías, la estación fue el edificio más visitado del pueblo y una de las grandes obras que se realizaron en la zona, junto al mítico puente de Santa Fe, una de las grandes obras en el proyecto del trazado del ferrocarril de Linares a Almería.
Había que salvar el obstáculo del río y para ello era preciso levantar un puente majestuoso a más de 25 metros de altura del nivel del cauce y con una longitud superior a los 400 metros para poder unir las dos orillas de los cerros, la ladera de Gádor con la de Santa Fe para abrir un paso seguro sobre el abismo a los trenes que debían de acabar con nuestro aislamiento.
Estaba en juego el futuro de la provincia que en aquel tiempo pasaba por el ferrocarril, el único camino posible, además del mar, para que Almería pudiera darle salida a los mercados exteriores a su rica producción de mineral. A comienzos del año 1892, cada paso que se daba, cada avance en el trazado, era recibido con aires de fiesta en la ciudad y se tachaba una fecha en el calendario, un día menos para que los almerienses pudieran ver hecho realidad un sueño que había comenzado a gestarse sin éxito veinte años atrás, cuando las Cortes Constituyentes votaron la ley de 20 de julio de 1870 donde se daba luz verde para que se procediese al estudio de la construcción del camino de hierro del ferrocarril de Linares a Almería, quedando incluido en el plan general de ferrocarriles.
Después de numerosas vicisitudes, de retrasos continuos, por fin, el 16 de julio de 1890, se colocó la primera piedra del trazado del ferrocarril, en un acto celebrado a lo grande por toda la ciudad y donde el considerado como principal impulsor del milagro, don Ivo Bosch, fue llevado a hombros por la multitud. Se había convertido en un héroe. Se iniciaba así un largo periodo de esperanza donde nunca faltaron los problemas, la escasez de recursos, las partidas de dinero que se atrasaban y los obstáculos que iban surgiendo de un trazado sinuoso que obligaba a salvar los desniveles del terreno con costosas obras de ingeniería. Esa lista la encabezaba el viaducto del río Andarax, fundamental para terminar uno de los tramos finales del ferrocarril en su camino hacia la estación de Almería.
En la primavera de 1892, la empresa Fives-Lille, envió desde París al ingeniero Mr. Cousell, de gran renombre en Francia, para que se encargara de la dirección de la obra. El seis de mayo desembarcó en el puerto el vapor Cabo de San Antonio con una parte del material y unos días después llegó el buque Juan Cunningham directamente desde el puerto de Amberes. Para hacer realidad el majestuoso puente de Santa Fe se necesitaban más de novecientas toneladas de hierro, material que solo se podía transportar a través del mar.
Cada vez que arribaba un barco con material corría la voz en la ciudad y eran cientos los almerienses que acudían a contemplar el gran espectáculo en el que nuestro muelle se llenaba de vida. Cada vez que llegaba un vapor con material eran muchos los obreros que conseguían un jornal en la descarga y transporte de las vigas de hierro y no había un carrero en Almería que no sacara tajada de tanto movimiento. Las obras del puente se iniciaron ese mismo verano de 1892. Antes de empezar a levantar el gigante de hierro, los ingenieros tuvieron que trabajar duro durante meses para fundar los pilares en el lecho del río, una tarea que resultó muy escabrosa debido a la inestabilidad del terreno, una zona de aluvión, muy castigada por las corrientes y por las frecuentes avenidas de la rambla.
Los operarios tuvieron que recurrir a la utilización de aire comprimido y llegar a una profundidad de más de quince metros para conseguir una base sólida sobre la que empezar a armar los pilares de piedra sin poner en peligro la estructura.
Las obras del puente sobre el río constituyeron, durante tres años, un gran espectáculo para los vecinos de aquellos parajes del Andarax y sirvieron para aliviar el paro. Cuando se terminó, fue un orgullo para Almería, tal y como quedó reflejado en este artículo aparecido en el periódico ‘El Noticiero’ en agosto de 1895: “Qué hermoso es el puente de Santa Fe. Los viajeros se apean y contemplan esa magnífica obra de arte: sobre columnas altísimas y colgadas aparece el puente con una curva, con una pendiente considerable. El tren avanza majestuoso, mientras que el viajero, con el ánimo suspenso, cruza sin latirle el corazón”.