La Voz de Almeria

La Foodineta

En Almería, el bar La Charka se mete de nuevo en un charco

Vuelve a bajar la persiana la bulliciosa y clásica taberna de la calle Trajano

Fachada del bar La Charka, en la calle Trajano.

Fachada del bar La Charka, en la calle Trajano.

Manuel León
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Hacían un buen tándem, Juan García y su hija Ana, patronos fundadores de La Charka, una ambidiestra taberna enclavada en la calle consagrada al más exitoso de los emperadores romanos; allí, en la estrecha umbría de Trajano, los García atendía a derecha y a izquierda en un local en forma de L adornado con óleos pintados por la propia dueña, entre ellos el del célebre personaje El Palomo (DEP). Juan era un tipo que te aguantaba la mirada cuando le pedías una tapa de callos mientras tu te debatías pensando entre si te iba a mandar lejos o te iba a poner la tapa en tiempo y forma. La Charka la abrió ese esforzado hostelero de mandil y lápiz en la oreja en el ya lejano 1975, el año que cambió todo en este país. Y ha aguantado, desde entonces, como uno de los bares más bulliciosos de los fines de semana en el centro de la ciudad; un bar correoso, de pringá y cerveza Cruzcampo, de pinchos de cordero y bravas crepitantes como la leña. Por allí pasaron briosos camareros como Ramón Belmonte (Bahía de Palma), Juan Francisco Orta o Néstor Scarbone. Con los años se modernizó un poco, hizo obras de mejora, pero mantuvo siempre ese ambiente cañí y ese estilo rústico que lo hacía inconfundible. Hasta hace poco más de un año, que los fundadores colgaron la bayeta y bajaron la persiana para pescar algún arrendatario con ganas de continuar la bizarra labor de dar de comer y beber a impacientes almerienses. 

Y retomó la actividad de La Charka el pasado marzo un nuevo inquilino, con un nuevo concepto de carnes a la brasa, a través de un traspaso intermediado por la consultoría Beltrán Asesores, recuperando así el centro uno de sus rincones hosteleros emblemáticos, demostrando que el relevo en hostelería es posible sin perder los mimbres. Pero ha durado poco el viaje del nuevo responsable, puesto que ha cerrado de nuevos sus puertas La Charka y el local vuelve a portar un letrero en la fachada de 'Se traspasa' por un precio de 900 euros al mes y un traspaso de negocio de 60.000 euros. La Charka vuelve a meterse en el charco del cierre hasta no se sabe cuando. 

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