La fotógrafa que se subió al tren de la muerte llega a Almería: "Lo peor no es la violencia, es la impunidad"
su exposición se muestra por primera vez en España y estará disponible en el CAF de Almería hasta el 6 de septiembre

Una de las fotografías de La Bestia, exposición en el Centro Andaluz de la Fotografía.
A unos 70 kilómetros del río Suchiate, donde Guatemala y México apenas se separan por una fina línea, un tren de mercancías inicia su recorrido hacia el norte. Transporta combustible, materiales de construcción y toneladas de carga. Pero lo más valioso no viaja dentro de los vagones, sino sobre ellos: cientos de personas que se juegan la vida agarradas a una plancha de hierro.
Hubo un tiempo que lo llamaron el tren de las moscas. Hoy casi nadie lo conoce así. Un nuevo nombre, más brutal y honesto, ha surgido en el vocabulario popular: La Bestia, o, sencillamente, el tren de la muerte. Para quienes huyen del hambre, la violencia o la persecución en sus países de origen, ese monstruo de acero representa, paradójicamente, la única posibilidad de alcanzar una vida mejor. Aunque el precio de subir a él sea, demasiadas veces, no volver a bajar jamás.

Exposición 'La Bestia', de Isabel Muñoz en la Sala AFAL del CAF.
Es esta realidad la que la fotógrafa Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía 2016 y doble ganadora del World Press Photo, quiso capturar a través de su cámara. Una mirada desgarradora y humana que hoy -y hasta el 6 de septiembre- se expone, por primera vez en España, en el Centro Andaluz de la Fotografía, situado en la capital almeriense.
El origen del proyecto
La suya es una generación marcada por el concepto de frontera. Tras vivir la caída del Muro de Berlín, Muñoz se empezó a preocupar por los movimientos migratorios desde un nuevo ángulo. En el caso de La Bestia -nombre bajo el que bautizó a su último trabajo fotográfico, hoy en Almería-, todo nació de una fortuita conversación con la magistrada Rosa María Fortín, una destacada profesional del derecho en El Salvador.
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"Yo estaba allí para hacer un trabajo sobre las maras. Hablando con ella, me comentó que las mujeres, antes de emprender el camino para cruzar la frontera a México, se empezaban a tomar la píldora anticonceptiva. Ahí fue donde se encendió la chispa. Enseguida supe que quería hacer un trabajo sobre la frontera, pero la única que conocía era la del norte", explica la barcelonesa.

Una de las fotografías de La Bestia, exposición en el Centro Andaluz de la Fotografía.
La idea de la frontera sur, la gran olvidada, entró en escena cuando recayó en sus manos el primer artículo sobre la frontera de Guatemala con México. "Lo ojeé y no había ni una sola fotografía. Alguien tenía que ponerle rostro a esas historias", señala, para después reconocer que no estuvo sola en tal empresa: "Yo no sabía cómo tratar en situaciones de cárteles, mafias, etc., pero conté con la ayuda de dos maravillosos periodistas, Óscar y Carlos Martínez, que llevaban dos años investigando sobre el asunto. Me puse manos a la obra".
Fue un trabajo arduo que se extendió durante dos o tres años, con viajes semestrales a México, marcados por la incertidumbre y las desapariciones de aquellos con los que contactaban. "Acudíamos cada seis meses a la frontera, pero nunca sabíamos realmente cuándo pasaría el tren. Muchas de las personas que conocíamos no volvían de una visita a otra: secuestros, tráfico de órganos o simplemente nunca más se sabía nada más de ellas. Las historias nacían de esos momentos muertos esperando a La Bestia", relata con un temple ganado a pulso de la experiencia.
El paralelismo con el Mediterráneo y Almería
Si bien puede parecer una tragedia lejana, Isabel Muñoz insiste en que La Bestia está mucho más cerca de lo que creemos. Cambian los paisajes, los idiomas o los medios de transporte, pero las fronteras siempre acaban pareciéndose.

Fotografía de la exposición 'La Bestia', en el CAF.
En Guatemala y México, miles de migrantes se encaraman a ese tren de mercancías con la esperanza de alcanzar Estados Unidos, un viaje que para muchos termina convirtiéndose en un auténtico infierno. En el Mediterráneo, esa misma desesperación adopta otra forma: una patera. La fotógrafa traza un paralelismo tan sencillo como demoledor: "En el caso de las personas que llegan a Almería, La Bestia es el mar. En México, La Bestia es ese tren. Ambos se convierten en un cementerio de inocentes", resume.
Más que la violencia explícita, a la artista le golpea la normalización de la barbarie y la impunidad con la que actúan quienes se aprovechan de los inmigrantes. Denuncia que muchos abandonan su documentación antes del viaje, quedando así sin derechos y a merced de las mafias.
"En casi todas las familias de nuestro país hemos tenido historias de migraciones. España fue un país de emigrantes hace no tanto, pero se nos olvida porque la mayoría ya nacimos con los derechos conquistados", apunta la catalana, para después añadir: "Aquellos que se suben al tren podríamos ser nosotros, nuestros hijos o nuestros nietos".
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Las historias detrás de las fotografías
La forma de trabajar de Isabel Muñoz es digna de estudio. En sus fotografías, aparecen rostros marcados por la fatiga, gestos serios, ceños fruncidos... y miradas. Miradas que remueven las tripas, pero que revelan historias tras las pupilas. Son esas historias las que la fotógrafa intenta conocer y comprender antes de pulsar el disparador: "Para mí, lo más importante es conocer a las personas que han confiado en mí para contar sus realidades. La fotografía llega luego".

Exposición 'La Bestia', de Isabel Muñoz en la Sala AFAL del CAF.
En un trabajo tan delicado como el de La Bestia, la confianza es un factor clave. La relación con las personas fotografiadas se basaba en el convencimiento de que contar sus historias podría evitar que otros sufriesen lo mismo. "Es un acto de generosidad por su parte. Al final acabas creando un vínculo que dura hasta que el tren nos separa. Ese vínculo también nos protegía".
Aunque las fotografías muestran el dolor de los inmigrantes, también rescata la humanidad, el amor y la dignidad que sobreviven incluso en los contextos más extremos. "Yo no soy política, pero sí soy una enamorada del ser humano. Yo he capturado miradas de amor, miradas de miedo, miradas de niños que se han perdido y miradas de esos mismos niños cuando encuentran a sus familias. Son miradas que podrían pertenecer a cualquiera de nosotros. Cambias el nombre y, desgraciadamente, es la misma historia que en otras partes del mundo", puntualiza.
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Antes de terminar la entrevista, Isabel Muñoz solo pide una cosa a aquel que visite su exposición: que el visitante no mire sus fotografías, sino que las escuche. Porque detrás de cada imagen hay una vida, una ausencia, una historia de dolor o de amor esperando a ser completada por quien la contempla. Al fin y al cabo, ese ha sido siempre el hilo conductor de toda su obra: recordarnos que, por encima de las fronteras, las etiquetas y las tragedias, seguimos hablando de lo mismo. Del ser humano, con todas sus luces y todas sus sombras.