“Por la mañana recogía calabacines y por la tarde hacía fotografías”: el agricultor almeriense que expuso en Londres
Juan Tapia ahora prepara un libro de fotografía artística realizada de forma íntegra en el invernadero

Juan Tapia el agricultor roquetero y fotógrafo.
Cada mañana, Juan Tapia entra al invernadero como lo ha hecho durante casi tres décadas. Revisa cultivos, controla el estado de las plantas y continúa con una rutina que se repite en miles de explotaciones agrícolas de Almería. Sin embargo, mientras sus manos están ocupadas en el trabajo del campo, su mirada se detiene en detalles que para la mayoría pasan desapercibidos: la cal adherida al plástico, las hojas secas olvidadas entre los cultivos o las texturas que deja el tiempo sobre los materiales agrícolas.
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Porque Juan Tapia no es solo agricultor. También es fotógrafo, y uno de los nombres más reconocidos dentro de la fotografía de naturaleza en España. Su obra ha viajado por festivales internacionales, ha sido premiada en concursos de prestigio y ha llegado incluso a exponerse en el Museo de Historia Natural de Londres. Todo ello sin abandonar nunca el invernadero de Roquetas de Mar, donde conviven sus dos vidas.
El origen: un taller que cambió su mirada
Su historia comienza en 2002, cuando decide apuntarse a los talleres municipales de fotografía de Roquetas de Mar casi por curiosidad. No tenía formación técnica ni aspiraciones profesionales. Utilizaba una vieja cámara Minolta familiar y empezaba desde cero.
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Allí descubre algo que cambiaría su forma de entender la imagen: el laboratorio analógico, el revelado químico y la construcción de cámaras estenopeicas con simples cajas de cartón o tubos de riego agrícola. Aquella experiencia le abre una puerta inesperada.
“Yo pensaba que las fotografías las hacía una máquina. Y de repente descubres que una caja con un agujero puede crear imágenes”, recuerda. Desde ese momento, la fotografía deja de ser una afición para convertirse en una forma de pensamiento.
2015: la imagen que lo llevó a Londres
El punto de inflexión llega en 2015 con una imagen tan poética como arriesgada. Tapia ideó una escena casi imposible: una golondrina atravesando un cuadro.
Colocó una pintura rural en la ventana de un almacén agrícola y realizó un hueco en el lienzo para permitir el paso de las aves. Durante horas, escondido en un camión y trabajando con flashes sincronizados, esperó el instante preciso.

Fotografía de Juan Tapia ganadora en la categoría impresiones en el Wildlife Photographer of the year 2015
El resultado fue una fotografía única: la naturaleza atravesando literalmente la pintura, rompiendo el marco de lo representado.
La imagen fue presentada al Wildlife Photographer of the Year, el concurso de fotografía de naturaleza más prestigioso del mundo, organizado anualmente por el Museo de Historia Natural de Londres, donde ganó una categoría en 2015. La obra pasó a formar parte de la exposición oficial del museo británico.
“Yo venía por la mañana a coger calabacines y por la tarde estaba exponiendo en Londres. Era surrealista”, resume. A partir de ahí llegaron conferencias, talleres y reconocimiento internacional, sin abandonar nunca su trabajo en el campo.
El nuevo proyecto: el invernadero convertido en arte
Pero si hay un proyecto que define su presente creativo es el libro artístico en el que trabaja actualmente. Una obra construida íntegramente dentro del invernadero almeriense, donde pretende transformar el paisaje agrícola en un lenguaje visual propio.
No se trata de un libro documental ni de una mirada costumbrista sobre la agricultura. Su intención es mucho más ambiciosa: convertir lo cotidiano en poesía visual.
“No quiero que se vean tomates ni pepinos. Quiero que las imágenes hablen de naturaleza, metáforas y emociones”, explica.

Fotografías de Juan Tapia en el invernadero.
En su obra, los elementos más comunes del invernadero se transforman por completo. La cal depositada sobre los plásticos tras el blanqueo agrícola se convierte en montañas nevadas o paisajes helados vistos desde el aire. Las hojas secas y restos vegetales generan composiciones abstractas que recuerdan a óleos o grabados. Incluso las setas podridas adheridas a mantas térmicas reutilizadas adquieren formas que evocan estampaciones orgánicas.
El resultado sorprende por su ambigüedad: nadie diría que esas imágenes nacen en un entorno agrícola intensivo. Muchas parecen pintura contemporánea, fotografía experimental o incluso procesos gráficos digitales, aunque su origen es completamente real y cotidiano.

Fotografías de Juan Tapia en el invernadero.
Con el tiempo, Tapia asegura que su forma de mirar ha cambiado por completo. El invernadero ya no es solo su lugar de trabajo, sino un espacio creativo permanente. “Antes las imágenes venían solas. Ahora también las busco”, explica.
Una mirada marcada por la poesía
Detrás de su trabajo también existe una influencia íntima: la poesía. En su familia, la escritura poética formaba parte de la forma habitual de expresarse, algo que ha marcado profundamente su manera de construir imágenes.
Por eso su fotografía no se limita a documentar, sino que interpreta. No describe, sino que sugiere. Sus imágenes funcionan como metáforas visuales abiertas, donde la realidad se transforma en algo más ambiguo y simbólico.
Entre dos mundos
Hoy, con 47 años, Juan Tapia sigue compaginando la agricultura con la fotografía. No ha abandonado ninguno de los dos caminos. Pero es en ese equilibrio donde ha encontrado su identidad.
El invernadero sigue siendo su trabajo. La fotografía, su vocación. Y en esa tensión entre ambos mundos ha nacido una obra que ahora se prepara para convertirse en libro.
Un proyecto que, en el fondo, intenta responder a una misma idea: cómo un paisaje cotidiano puede transformarse en arte sin dejar de ser lo que es.
Porque en el caso de Juan Tapia, el invernadero no es solo un espacio agrícola. Es también el origen de una mirada que ha conseguido algo poco habitual: convertir lo invisible en poesía visual capaz de viajar desde Roquetas de Mar hasta Londres.