La Voz de Almeria

Almería

Las calles con nombres de personajes que pocos saben quienes fueron

Había un proyecto para darle alma a las placas de nomenclatura de la ciudad

La mayoría de los almerienses cuando pasa por esta calle no sabe quién fue Eduardo Pérez.

La mayoría de los almerienses cuando pasa por esta calle no sabe quién fue Eduardo Pérez.La Voz

Eduardo de Vicente
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Estamos hartos de pasar por una calle, mirar la placa con el nombre y preguntarnos quién sería ese personaje que fue merecedor de tal honor. Almería es una ciudad llena de nombres propios que pocos saben nada de su historia. Había un proyecto, hace ya más de una década, que quería darle alma a las calles colocando debajo del nombre del personaje una pequeña reseña contando lo más destacado de su vida, el motivo principal por el que pasaron a la posteridad. 

Esta iniciativa cobra importancia ahora que se está tratando de revitalizar el casco histórico a fuerza de bares y en el que convendría humanizar un poco sus calles, mirar hacía atrás, reconstruir su historia y compartirla también con la gente que nos visita. Cuántos almerienses saben quién fue José María de Acosta, nombre que figura en una de las principales calles que conducen a la Alcazaba. Quién fue Joaquín Santiesteban, se preguntarán muchos cuando están en su calle, enfrente de la fortaleza.

Si hiciéramos una encuesta en el Paseo preguntando por la figura de Eduardo Pérez Ibáñez, no es arriesgado pensar que ni un diez por ciento sabría contestar quién fue este personaje que lleva más de un siglo dándole su nombre a la calle que une Trajano con la Plaza de la Catedral. 

Pocos saben la historia de este ilustre almeriense al que el Ayuntamiento honró con una calle después de muerto. En febrero de 1917, unos días después de su fallecimiento, se acordó que la calle del Cid llevara su nombre para inmortalizar su memoria y que los almerienses tuvieran muy presente a un ciudadano ejemplar que destacó por su labor humanitaria en el ejercicio de la medicina y en los dos años que desempeñó el cargo de alcalde. 

Calle céntrica de Almería que dedicaron al maestro de escuela Enrique Cabezas.

Calle céntrica de Almería que dedicaron al maestro de escuela Enrique Cabezas.La Voz

Don Eduardo fue ante todo un prestigioso médico que llevó a cabo una labor fundamental en la beneficencia. Fue uno de los pilares del Hospital Provincial y su nombre quedó inscrito entre los profesionales que promovieron la construcción del manicomio. Estuvo al frente del grupo de médicos que se encargó de dirigir los servicios del centro del barrio de Los Molinos desde que en diciembre de 1898 empezaron a llegar los primeros internos, procedentes del Hospital Provincial.

Si en esa encuesta a los ciudadanos sobre los nombres propios que figuran en las placas de nuestras calles incluyéramos el de Enrique Cabezas, el porcentaje de aprobados sería tan exiguo que dudo de que hubiera alguien capaz de decir una sola frase coherente sobre aquel ilustre maestro de escuela que dejó una huella profunda en los niños de su generación. 

Su calle es un callejón que une Regocijos con Gran Capitán, un lugar con historia donde una vieja placa de piedra recuerda a aquel pedagogo que fundó el antiguo colegio de La Fé, en la calle de Regocijos. 

La leyenda del maestro se agrandó el día de la inundación que sufrió Almería el 11 de septiembre de 1891. La escuela de don Enrique Cabezas fue una de las que mayores pérdidas sufrieron y el maestro de los que más heroicamente se portaron en los momentos de la catástrofe, salvando de una muerte cierta a más de cien niños que se hallaban en la escuela en el momento de las impetuosas corrientes. 

El señor Cabezas, a pesar de que veía arrastrados por la corriente sus muebles, sus ropas, toda su fortuna, sólo le preocupó la idea de salvar la vida a tanta inocente criatura que estaba en peligro de perecer, y hasta que lo consiguió, no cesó un instante. 

“Merece un aplauso entusiasta y una recompensa por tan heroico proceder”, decía la prensa de aquel tiempo. Hoy, 135 años después de aquel suceso, el bueno de don Enrique merecería que los almerienses supieran algo más de su vida con una pequeña leyenda que la resumiera debajo de la placa que lleva su nombre.

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