La Voz de Almeria

Almería

Almería cambia el nombre a una calle y los vecinos no se encuentran ni en Google Maps: "Esto es un lío"

El Tagarete está indignado y sorprendido por un cambio sin previo aviso que afecta a su día a día

La antigua calle Crucero Canarias, hoy rebautizada como calle Padre Antonio Vivas.

La antigua calle Crucero Canarias, hoy rebautizada como calle Padre Antonio Vivas.Elena Ortuño

Elena Ortuño
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Fue sin previo aviso. Sin carta informativa de una alcaldesa comprensiva. Sin ninguna indicación sobre qué hacer cuando, de la noche a la mañana, pasas a vivir en una calle que no aparece ni en Google Maps. Un sábado llegaron un par de obreros, descolgaron el letrero, lo sustituyeron por otro y se marcharon, dejando a los vecinos del Tagarete "en pañales".

Hoy, en lugar de por Crucero Canarias , la calle está presidida por el Padre Antonio Vivas, un nuevo nombre para una vieja barriada. Entre la placa recién atornillada y el GPS desactualizado, el vecindario vive así en una dirección a medias, con los perjuicios que conlleva: "Cuando pides un paquete, ya no sabemos a dónde pedirlo. Nadie sabe dónde está la calle Padre Antonio Vivas y no lo pueden buscar ni en internet", denuncia Sergio Gil, un almeriense que lleva 18 años en el barrio.

Un símbolo del franquismo

La permuta no ha sido fortuita. El antiguo nombre hacía referencia al Crucero Canarias (C-21), buque insignia de la Armada Española entre 1936 y 1975. Fue el último crucero pesado de su clase y el más potente tras la Guerra Civil. Participó activamente en el bando franquista y se convirtió en uno de los símbolos navales del régimen de Francisco Franco. 

En ese simbolismo del nombre reside el motivo del cambio. En cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática, el Ayuntamiento está obligado a retirar símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática, incluidas aquellas referencias que exalten el régimen dictatorial. No es la primera calle que se cambia, ni será la última. Y, sin embargo, no por ser algo recurrente se ha evitado el desconcierto de los vecinos.

El caos cotidiano

Más allá del debate histórico, lo que indigna a los almerienses no es el cumplimiento de la ley, sino que se haya actuado de manera furtiva: "Lo que no paso es el caos en el que nos hemos sumergido: no nos llegan las cartas, mi dirección en el DNI es incorrecta...", subraya Gil con malestar, quien reconoce que actualmente sigue poniendo el nombre de siempre cuando pide algo a casa, porque es el que, después de casi tres semanas, "sigue saliendo en Google".

Sergio Gil, vecino de la que hasta ahora era la calle Crucero Canarias.

Sergio Gil, vecino de la que hasta ahora era la calle Crucero Canarias.Elena Ortuño

Mientras Sergio habla de la situación, varios vecinos pasan por allí y se paran a mirar la placa entre exclamaciones de sorpresa e indignación. "El problema más serio no es que no te llegue la pizza a domicilio, sino las escrituras, que están mal desde hace 70 años", señala Antonia, una vecina que explica que llevan 3 o 4 años corrigiendo errores históricos de numeración: "La persona que vive aquí resulta que está enfrente. Y ahora nosotros nos preguntamos: ¿habrá que volver a la notaría otra vez?".

Ante sus preguntas, el Ayuntamiento ha trasladado a LA VOZ que, "a nivel municipal, los ciudadanos no tienen que hacer nada. Es un procedimiento automático que hacen desde el Área de Cultura, que es la encargada de cambiar los nombres de las calles, por lo que no genera molestias"; unas últimas palabras con las que los vecinos no están de acuerdo.

Parcialmente olvidados

Mientras los técnicos deciden qué nombre debe figurar en la historia, los vecinos saben que la vida en el barrio no espera. La limpieza y el cuidado cotidiano pesan en su día a día: calles sucias y aceras con falta de arreglar siguen sin ser prioridad municipal.

Antonia lo dice con la sencillez de quien ha visto pasar casi un siglo: nació, vivió y sobrevivió en el Tagarete. Mientras habla, sus ojos recorren el barrio que conoce de memoria, donde cada esquina guarda un recuerdo más tangible que cualquier decreto. Y entre la placa nueva y el GPS que todavía señala el pasado, los vecinos siguen enfrentando el dilema de siempre: historia escrita en la pared, rutina pendiente en la puerta de casa.

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