Jalika Demba Jatta, la niña que llegó de Gambia para convertirse en la primera abogada africana de Almería
Tras una adolescencia en Almería marcada por bromas inocentes, la abogada ve ahora un racismo más agresivo y bidireccional

La abogada de Almería Jalika Demba Jatta galardonada con el Premio Turno de Oficio 2023.
El 21 de marzo es la fecha que la ONU estableció para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, en recuerdo de la masacre de Sharpeville de 1960, una jornada que cada año invita a reflexionar sobre los avances y los desafíos pendientes en la lucha contra el racismo.
En Almería, una provincia donde la migración está marcando el paisaje humano y económico, esta jornada adquiere un significado especial. En medio de titulares que hablan de tensiones en asentamientos agrícolas, rechazos en el acceso a la vivienda o delitos de odio que saltan a las redes, surge una voz distinta, serena y directa: la de la abogada gambiana Jalika Demba Jatta (45 años), probablemente la primera letrada africana—y negra—, colegiada en la provincia con un número singular: el 3.333.
Su testimonio no es el de quien ha sufrido discriminación sistemática, sino el de quien ha vivido una integración adecuada y que, desde esa perspectiva, observa con preocupación cómo el racismo parece recrudecerse hoy, cómo se magnifica en redes el odio y cómo, a veces, se convierte en “la excusa perfecta” para no asumir responsabilidades. “Antes éramos cuatro gatos y la gente era más tolerante. Ahora hay más visibilidad migrante y lo perciben como amenaza: ‘vienen a quitarnos el trabajo, a quitarnos lo nuestro’. Las redes sociales lo magnifican todo”.
Una niña gambiana siguiendo a sus tíos
Llegó a España desde África Occidental siendo una niña de la mano adoptiva de sus tíos, a quienes considera como sus padres y con el paso de los años, construyó una trayectoria que rompe moldes. Es licenciada en Derecho, colegiada desde 2010 y especializada en Derecho Penal y Extranjería.
Su tío, militar gambiano en el Ejército español, fue destinado primero a Puerto del Rosario (Fuerteventura, Canarias), donde se instalaron inicialmente. En julio de 1996, cuando tenía unos 15 años, la familia se trasladó a Almería capital por un nuevo destino en la Base Álvarez de Sotomayor. “Mi camino ha sido todo lo rosa que puede ser”, dice ella misma, sin ironía ni victimismo.
Creció en los pisos militares del barrio de Las 500 viviendas, en una ciudad donde la presencia de población afro era algo anecdótico. “Éramos los primeros negros del barrio y del instituto Nicolás Salmerón”, recuerda. En aquella adolescencia experimentó un micromachismo al que ella no achaca mala fe. “Al principio nos decían ‘vete a tu país’, pero era el típico cachondeo de críos. Éramos uno más. Nos criamos con los blancos: íbamos al mismo colegio, al mismo instituto. Nunca sentí que me sentí diferente, ni que me hicieran diferente".
Una abogada negra en un mundo de blancos
En sus inicios profesionales acumuló situaciones que evidencian cómo el color de piel aún genera sorpresa en un entorno mayoritariamente blanco.
Muchos clientes, al verla, se sorprendían: “Pensaba que mi abogada era blanca”. Incluso en los juzgados tenía que identificarse constantemente, aún llevando la toga plegada bajo el brazo. Al intentar acceder, le pedían el DNI o el carné colegiado para comprobar que realmente era una letrada. Ahora, con los años, muchos ya la conocen, bromean con ella y hasta falta que le pongan la alfombra roja, como ella misma dice, pero al inicio era frecuente esa microdesconfianza inicial. “Les choca porque tienden a generalizar: piensan que no estudiamos, que todos somos analfabetos o trabajamos en el campo. Cuando ven que no, les sorprende".

Fotograma de Jalika Demba en el documental Diola El Viaje, d
Jalika Demba, cuya mayor parte de su cartera de clientes es española y blanca, está ganando notoriedad entre sus “paisanos” —término que utiliza para referirse a la comunidad africana en Almería— por su trabajo en asuntos de extranjería. "Corre la voz: "hay una paisana que es abogada". “Aunque yo solo hablo castellano y un dialecto mandinga que no se habla mucho aquí, l origen pesa. Les genera tranquilidad".
Un fenómeno bidireccional
La letrada gambiano-almeriense sí encuentra una barrera cultural y emocional: muchos llegan con desconfianza hacia el sistema y ven racismo en casi todo lo negativo que les pasa. El cliente a menudo dice: “Me condenan porque soy negro” o “No me dan el papel porque soy africano”. Ella responde con claridad: “Soy tu abogada negra, a mí no me vale esa excusa”. Entiende esos miedos porque viene del mismo origen, pero insiste en mirar los hechos concretos, no generalizar.
Considera que el racismo actual es mucho más grave que en su época de infancia y adolescencia en Almería. Para ella el racismo actual es un fenómeno bidireccional y recrudecido: los blancos lo ejercen más por percepción de amenaza y amplificación digital; los migrantes lo sufren, pero también lo reproducen internamente entre etnias y, en ocasiones, lo convierten en muleta para evitar responsabilidades. “Sí, hay discriminación incluso entre los propios africanos [...] el racismo empieza desde ahí: tu etnia es mejor que la de tu vecino”.
Combatirlo donde existe
Menciona que estos prejuicios étnicos están muy arraigados desde la infancia y persisten en España: “Hay gente que lo vive al 100% y se piensa que es cierto [...] aunque le diríamos que eso ya ha cambiado, que somos todos iguales”.
Advierte que tanto blancos como negros tienden a generalizar y critica el uso excesivo del ‘racismo’ como una defensa. "Es la excusa perfecta para tomar decisiones que afectan a todos, cuando tiene que ser algo que es personal". Insiste en que no todo es discriminación: “Hay que ser justos [...] si has hecho algo mal, y hay condena se te condena. Pero solamente por el mero hecho de ser extranjero no puedes ser visto como un delincuente o que vienes a provocar o a robar”.
Para ella, el verdadero avance no está en magnificar el racismo como excusa universal, sino en reconocerlo donde existe y combatirlo con hechos, esfuerzo personal y justicia sin etiquetas. En vísperas del Día Internacional contra la Discriminación Racial, su testimonio —el de una mujer que llegó niña, se integró sin ruido y hoy defiende en juzgados a paisanos y españoles por igual.