Los fotógrafos de boda almerienses que triunfan entre los mejores de España
El estudio Maubec, dirigido por Jessica Galindo y José María Fuentes, ha sido galardonado en los Wedding Awards por su estilo elegante, romántico y atemporal

José María Fuentes y Jessica Galindo, fundadores de Maubec
La fotografía tiene el poder de atrapar lo que los ojos apenas alcanzan a ver: un gesto, una emoción, un segundo que se escapa. Cada disparo es un intento de conservar lo irrepetible, de decirle al tiempo que se detenga un instante más. En las bodas, ese poder se amplifica: la alegría, los nervios, la ternura. Todo sucede a la vez y es ahí donde el fotógrafo se convierte en narrador silencioso de una historia que durará toda la vida.
Universidad de Almería
El profesor almeriense Juan Rafael Muñoz, reconocido por toda una vida dedicada a educar con música
Sara Ruiz
En ese arte de capturar lo invisible se mueve Maubec, un estudio de fotografía con alma, ubicado en pleno corazón de Almería, en Plaza Marqués de Heredia, 8. Desde allí, Jessica Galindo, de la capital, y José María Fuentes, de Carboneras, convierten cada boda en una narración visual que trasciende la imagen. Su estudio no es solo un espacio de trabajo, sino un refugio donde la luz, la calma y la sensibilidad se transforman en recuerdos.

José María Fuentes y Jessica Galindo
Alma francesa
El nombre del estudio no es casual. Maubec nace de un pequeño pueblo de la Provenza francesa, rodeado de campos de lavanda y casas centenarias. Ese lugar, que para ellos simboliza calma, elegancia y equilibrio, dio forma a su identidad. En la serenidad de sus calles encontraron la inspiración que hoy guía su trabajo: mirar con pausa, apreciar los pequeños gestos y descubrir la belleza en lo cotidiano.
Francia, explican, representa una forma de ver el mundo: refinada pero natural, estética pero profundamente humana. Ese espíritu se refleja en cada imagen que crean, en la luz suave que acaricia los rostros, en los tonos serenos que invitan al recuerdo. Maubec no solo es un nombre, sino una declaración de intenciones: un homenaje a la sensibilidad y al tiempo detenido.
Esa herencia francesa no se queda en el nombre ni en la estética. Es una filosofía que impregna su manera de mirar, de entender la fotografía como un lenguaje emocional donde cada imagen cuenta algo más que una historia. Desde esa base nace su sello propio, una forma de narrar el amor con elegancia, equilibrio y verdad.

Provenza francesa
Narrar el amor desde la elegancia
El estilo de Maubec se reconoce al primer vistazo: una fusión entre lo editorial, lo elegante y lo romántico. Jessica y José María hablan de su trabajo como quien habla de algo íntimo, de algo que se siente más que se explica. Su esencia permanece fiel a lo humano. Les apasiona cuidar los detalles —la textura de una tela, la luz sobre una flor, el brillo de una mirada—, aunque el verdadero centro de su fotografía está siempre en las personas.
Cada reportaje es un intento de atrapar la emoción, la intimidad y el vínculo entre quienes se aman. Lo hacen desde un enfoque documental que busca perdurar, sin artificios ni imposturas. En sus imágenes hay equilibrio y honestidad, una búsqueda constante de belleza real. La elegancia que transmiten no proviene de la pose, sino de la naturalidad de quienes se muestran tal como son: auténticos, vulnerables, felices.
Vivir la felicidad ajena
Jessica y José María aseguran que dedicarse a las bodas fue una elección natural. Les atraía la idea de rodearse de felicidad, de adentrarse en historias familiares y capturar un destello de ese amor que une a las personas. Para ellos, ser testigos del amor —una y otra vez— es un privilegio.
Su presencia durante una boda es discreta, casi invisible. Trabajan desde la confianza, dejando que la emoción fluya sin interferir. Esa cercanía respetuosa es la que permite que sus fotografías respiren verdad. Cada gesto, cada mirada, cada risa o lágrima se transforma en parte de un relato visual que huye de la rigidez y abraza la vida tal como sucede.
De la pasión al oficio
Maubec no nació de la improvisación ni del azar. Surgió de una pasión cultivada durante años, de una mirada entrenada en el arte y en la belleza. Antes de dedicarse por completo a la fotografía de bodas, Jessica y José ya habían recorrido un largo camino entre galerías, exposiciones y proyectos personales. Su formación, ligada a la fotografía artística y a la historia del arte, moldeó una sensibilidad que hoy se refleja en cada imagen que crean.
Durante más de dos décadas exploraron la cultura visual desde dentro, sin imaginar que algún día ese universo los llevaría a retratar historias de amor. El cambio llegó de forma natural, casi inevitable: una llamada del corazón y del tiempo. “Elegimos las bodas porque en ellas encontramos todo lo que amamos del arte y de la vida”, cuentan. Y así fue como decidieron dejar atrás sus anteriores profesiones y apostar por lo que realmente les hacía felices. Hoy, su cámara es una extensión de su sensibilidad. En cada boda, el arte y la emoción se dan la mano.
El reconocimiento del amor
El trabajo de Maubec no ha pasado desapercibido. Por tercer año consecutivo, el estudio ha sido galardonado con el Wedding Award en la categoría de Fotografía, un reconocimiento otorgado por la plataforma Bodas.net a partir de las valoraciones de las propias parejas. Más que un premio, para Jessica y José María es una confirmación de que su forma de mirar emociona, de que su arte llega al corazón de quienes confían en ellos.
Recibieron la noticia casi por sorpresa, sin haber tenido siquiera tiempo de celebrarlo. Pero la alegría fue inmediata: una mezcla de gratitud y de orgullo sereno. “Este premio no es un concurso al que aspiramos, es el reflejo de la confianza y del cariño de nuestras parejas”, cuentan con emoción. Esa confianza, precisamente, es el hilo que une todo su trabajo: la certeza de que detrás de cada fotografía hay respeto, dedicación y un compromiso sincero con las historias que retratan.
Más allá del galardón, el reconocimiento es también un impulso para seguir creciendo. Porque si algo define a Maubec es la búsqueda constante de la excelencia, no por ambición, sino por amor al oficio. Su éxito no se mide en trofeos, sino en recuerdos que perduran.
Mirando al futuro
Maubec vive un momento dulce. Tras años de trabajo, formación y constancia, el estudio se abre ahora a nuevos horizontes. En 2026 comenzarán a fotografiar bodas en distintas ciudades de España, un paso natural en su evolución que afrontan con la misma calma y dedicación que los caracteriza. Y, si todo sigue su curso, 2027 podría traer su primer proyecto fuera del país, un sueño que acarician con ilusión y prudencia.
Nada en su camino ha sido fruto de la prisa. Su crecimiento ha seguido el ritmo de la vida, ese tempo pausado que tanto valoran y que impregna cada imagen que crean. “Nos encontramos en un momento muy especial de nuestra trayectoria”, reconocen. Siguen aprendiendo, formándose junto a grandes profesionales, rodeándose de inspiración. Y lo hacen sin olvidar su esencia: capturar la belleza de lo humano, esa emoción que se esconde en los gestos pequeños y que convierte cada historia en única.
Maubec no solo fotografía bodas: retrata el amor con la delicadeza de quien entiende que el tiempo pasa, pero las emociones permanecen. En cada disparo hay arte, hay respeto, hay verdad. Y sobre todo, hay vida. Porque cuando la luz se apaga y la música se detiene, lo que queda son las imágenes: pequeños fragmentos de eternidad que guardan la respiración de un instante. Eso es lo que hace Maubec: convertir la memoria en arte y el amor en legado. Su trabajo no captura el pasado, lo hace perdurar.