La Voz de Almeria

Universidad de Almería

El profesor almeriense Juan Rafael Muñoz, reconocido por toda una vida dedicada a educar con música

El docente de la Universidad de Almería recibe el Premio de Didáctica de la Música 2025, tras más de cuatro décadas formando a generaciones de maestros

Juan Rafael Muñoz Muñoz

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Hay personas que hablan como si estuvieran afinando un instrumento. Miden los silencios antes de soltar una palabra, dan ritmo a las frases, marcan el tempo sin darse cuenta. Hay algo en su manera de mirar y escuchar que convierte cada conversación en un pequeño ensayo. De esas voces templadas que parecen venir de otra época, una pertenece a un hombre que lleva la música en la respiración. Nació en el barrio de la Almedina de Almería, en 1960, en una casa en la que memorizaba acordes de guitarra sin entender, todavía, cuán importante sería un pentagrama en su vida. Aquel niño acabaría encontrando en la música no solo un refugio, sino un modo de estar en el mundo. Se llama Juan Rafael Muñoz Muñoz y ha hecho de enseñar música una forma de enseñar a vivir.

Hoy, con una serenidad casi contagiosa, se prepara para recibir el Premio de Didáctica de la Música 2025, que le concederán en Cuenca durante el VI Encuentro Internacional de Docentes de Música. Lo hace sin alardes, sin gestos de triunfo. “Siempre es bonito que reconozcan lo que haces”, dice, “pero lo mejor es ver cómo una canción tuya suena en un aula de Argentina o Australia. Eso no tiene precio”.

El galardón lo sitúa junto a figuras de referencia en la enseñanza musical, como Maravillas Díaz, Antonio Alcázar, Francisco Javier Romero Naranjo y Andrea Giráldez, premiados en ediciones anteriores. Aun así, confiesa que el reconocimiento que más le ha emocionado no vino de un jurado, sino de sus propios alumnos: el premio que le otorgó el Consejo de Delegados de la Facultad de Educación de la Universidad de Almería (UAL). “Ese vale doble”, admite. “Porque viene de quienes te escuchan, te observan y, sobre todo, confían en ti”.

Aprender música

Doctor en Ciencias de la Educación, profesor de Didáctica de la Expresión Musical en la UAL, director de la Banda de Música de la universidad, compositor de más de 400 piezas y autor de 70 cuentos adaptados, Muñoz se define como “educador de educadores”. Es un título discreto, pero exacto. En sus clases no hay discurso solemne: hay canciones, movimiento y alegría. “Entran y empezamos a cantar, a tocar, a movernos. Se sienten felices”, resume. También imparte asignaturas como Canciones para la Educación Infantil, materia donde la teoría se convierte en práctica y donde la música se aprende viviéndola. Quizá por eso su aula se llena antes que ninguna otra: los futuros maestros quieren contagiarse de su energía tranquila.

Pero su forma de entender la enseñanza no termina en el aula. Muñoz cree que la música se comprende de verdad cuando se comparte y, por esta razón, lleva años trasladando esa experiencia a conciertos didácticos, donde los estudiantes se convierten en protagonistas y el público en parte activa del aprendizaje.

En ellos, la clase se transforma en un escenario y el aprendizaje en un juego compartido. No hay público pasivo: los niños cantan, se mueven, participan. Cada gesto, cada nota, tiene un propósito educativo. Para Muñoz, esos conciertos son la extensión natural de su trabajo en la universidad, una forma de mostrar que la música no se enseña desde el libro, sino desde la experiencia. Uno de esos espectáculos, celebrado en el Paraninfo de la UAL en mayo de 2025, tuvo un momento que todavía recuerda con emoción. Entre los cientos de escolares que llenaban el auditorio, varios niños sordos subieron al escenario para “cantar” con las manos una canción en lengua de signos. La pieza se titulaba ‘Las llaves de los sueños’, compuesta por él mismo. “La música también se mira, no solo se escucha”, dice con sinceridad en una charla con LA VOZ.

Concierto didáctico en mayo de 2025

Concierto didáctico en mayo de 2025Universidad de Almería

Muñoz defiende que la educación musical es mucho más que una asignatura: es una herramienta que forma sensibilidad, empatía y pensamiento. “Cuando hacemos música, no solo nos divertimos; estamos construyendo personas”, repite con convicción. Por eso, en sus clases caben todos los cuerpos, ritmos y diferencias. Lo importante no es hacerlo perfecto, sino sentirse parte del conjunto.

Algo que te llega

Fuera del aula, su vida sigue el compás de la curiosidad. En su coche suenan Bach y Rosalía, Tchaikovsky y AC/DC. Con sus hijos juegan a la ronda de canciones, un viaje musical sin fronteras donde cada uno elige un tema. “En cada tipo de música hay algo que te llega”, dice. Tal vez, por eso, todo en su día a día parece movido por el mismo ritmo: equilibrio, respeto, escucha. Y tal vez, por eso, en su forma de vivir hay una coherencia poco común: no separa la música de la vida, porque para él son la misma cosa.

Y esa forma de habitar el mundo, tan sencilla como profunda, también marca su manera de estar frente a los demás. Habla bajo, escucha largo, dirige sin imponer. Es de esos docentes que no buscan el aplauso, sino el silencio atento de quien está aprendiendo. Cuando el ruido se apaga, lo que queda es su esencia más pura: la de quien escucha antes de hablar. Y si se le pregunta qué le diría hoy a aquel niño que cantaba en el coro de la catedral, sonríe con un brillo que aún guarda algo de infancia: “Has conseguido hacer de la música tu vida. Sigue compartiéndola, porque solo quien hace felices a los demás con la música puede sentirse realmente feliz”.

Quizá por eso, cuando Juan Rafael Muñoz levanta la batuta o abre un libro de canciones, no dirige ni enseña: convoca. Convoca a la emoción, al descubrimiento, a esa armonía colectiva que nace cuando muchos corazones laten al mismo compás. Su vida entera parece escrita en clave de sol, pero también en clave de humanidad. Porque hay quien da clases de música y hay quien —como él— enseña a escucharla.

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