El almeriense que triunfa en la élite de la música tocando el trombón: "Exige muchas horas, pero compensa"
Agustín Alférez, natural de El Ejido, ha conseguido en los últimos meses alzarse con varios premios nacionales e internacionales como trombonista

Agustín Alférez durante el Concurso Nacional Miguel de la Fuente.
Entre ensayos, procesiones y conciertos. Así comienza la historia de Agustín Alférez, un joven de El Ejido que desde bien pequeño supo que la música formaría una importante parte de su vida. Hoy, este almeriense ha conseguido alzarse con varios concursos nacionales e internacionales de la mano del instrumento que le inculcó su padre y que le ha visto crecer: el trombón.
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"Mi relación con la música empieza muy pronto. Con solo cuatro años comencé a aprender a tocar la caja en un entorno donde la música siempre estuvo muy presente por parte de toda mi familia. A los seis años mi padre empezó a enseñarme a tocar el trombón", detalla el almeriense en conversación con este periódico.
La referencia de ver a su padre tocando el trombón fue la que hizo a Agustín decidirse por dicho instrumento. "Al final, cuando tienes que elegir instrumento eres muy pequeño y la idea de saber qué quieres tocar no está muy clara. Verle a él me obsesionó porque no quería aprender otro", cuenta.
El trombón, el camino al éxito de Agustín
Con el instrumento ya escogido y la pasión por seguir los pasos de su padre, la carrera de este joven almeriense comienza con tan solo 7 años y su formación en el conservatorio. "Ni más ni menos que 14 años" de mucho sacrificio y dedicación a un instrumento que, después de tanto, le han dado muchas alegrías.
A lo largo de todos estos años, este almeriense decidió mudarse a Córdoba para continuar a pleno rendimiento sus estudios en la música. Lo hizo motivado por una persona, su profesor José Luis Moreno Miras, la persona que, según el ejidense, más ha marcado su carrera desde los primeros años. "Sabía que si me iba a estudiar el superior de música con él me iba a hacer sacar todo mi potencial y yo conseguiría objetivos que solo podía soñar", cuenta. José Luis para Agustín, además de ser su profesor en el Conservatorio Superior de Música 'Rafael Orozco' de Córdoba, es un "mentor, manager y buen amigo".
Desde entonces, con mucho sacrificio de por medio -y el apoyo de toda su familia-, Agustín ha conseguido poco a poco hacerse un hueco en la élite de la música. La lista de premios y concursos en los que ha participado es muy extensa, pero para él el más especial fue el Concurso Nacional de trombón Miguel de la Fuente, en Castellón. "Obtuve el segundo premio y lo hizo tan especial porque fue al que más horas le dediqué y el que más me ha hecho mejorar y superarme a mi mismo", detalla.

Agustín en el Concurso Nacional de trombón Miguel de la Fuente, en Castellón.
Entre tantos reconocimientos, este joven almeriense también ganó el primer premio en un concurso internacional en Hungría, una experiencia "muy intensa" rodeada de un altísimo nivel que también recuerda con cariño por el aprendizaje que obtuvo.
"Exige muchas horas, pero compensa"
Para conseguir todos estos reconocimientos que Agustín ya guarda en su estantería no hay ningún secreto. La constancia, el esfuerzo y el sacrificio van de la mano, y el almeriense sabe bien en qué consiste. "Practicar la música a este nivel exige muchas horas de estudio y cierta renuncia a la vida social, pero se compensa con la satisfacción de mejorar, aprender y poder vivir experiencia únicas a través del trombón. Exige muchas horas, pero compensa", apunta el ejidense.
Sobre el futuro, pese a lo incierto, Agustín tiene claro que quiere seguir creciendo como trombonista y participando en pruebas de orquestas de alto nivel. Asimismo, no descarta transmitir todo lo aprendido a otras personas: "Me atrae la idea de la enseñanza, pero no descarto ninguna opción".
Ahora, cada vez que Agustín entra en el aula de estudio o se sube a un escenario, lo hace con la misma referencia que tuvo siendo niño: la imagen de su padre tocando el trombón. Aquel gesto casi cotidiano, el de enseñarle las primeras notas cuando apenas tenía seis años, acabó marcando un camino que hoy se traduce en premios, disciplina y ambición.

Agustín tras ganar el concurso internacional en Hungría.
Entre ensayos, sacrificios y sueños por cumplir, el joven ejidense sigue avanzando con los pies en el suelo y el trombón bien sujeto, consciente de que su historia comenzó mucho antes de los concursos, en casa, y de la mano de quien le inculcó que "no hay arte sin disciplina".