Renata: la perrita que buscaba un hogar y encontró uno en las páginas de un libro
La autora Anna M. Romaguera convierte una historia real de adopción en un cuento ilustrado que emociona y une a las familias en torno a la lectura

Anna Romaguera, autora del libro, junto a su perrita Renata
Hay historias que no se escuchan con los oídos, sino con el corazón. Historias que empiezan en un camino de tierra, con el viento de la Sierra de Cádiz acariciando a una cachorra que no entiende del abandono, pero sí del miedo. Renata no habla, pero dice. Dice con la mirada, con el temblor de sus patas, con la esperanza silenciosa de quien solo desea un lugar en el mundo. Su viaje comienza ahí, en ese paisaje donde todo parece perdido y, sin embargo, nace la posibilidad de ser querido.
De esa vivencia nace ‘Renata. En busca del amor y del hogar’, el segundo libro de Anna M. Romaguera (el primero fue 'El cruce de la gran parada'), un cuento ilustrado por Nicolás Milano y publicado por Círculo Rojo que invita a leer en familia. La obra narra la historia de una perrita abandonada que persigue un propósito tan sencillo como profundo: encontrar un hogar donde la quieran de verdad. A través de su mirada, el cuento combina valores como la confianza y el amor incondicional con emociones como la tristeza, el miedo o la alegría, construyendo un relato que enseña a los lectores —niños, jóvenes y adultos— que crecer es aprender a sentir, a reflexionar y a no renunciar a la esperanza.
Inspiración
La autora reconoce que fue su propia experiencia la que dio forma a esta historia. La Renata real llegó a su vida sin avisar y fue precisamente ese encuentro el que encendió la necesidad de escribir. “Me inspiró su silencio, sus miradas, sus gestos”, explica Romaguera a LA VOZ, para quien la conexión con el animal no necesitó palabras. A partir de ahí, la perrita dejó de ser solo una compañera y se convirtió en la voz narrativa que guía el relato, un puente para hablar de emociones desde la inocencia.
Ese punto de vista —el de Renata, sintiendo el mundo por primera vez— permite que el cuento respire autenticidad. No hay artificio ni moraleja impostada: hay una pequeña vida que se abre paso, que aprende a superar el miedo y la tristeza, y que encuentra en el amor incondicional la fuerza para seguir adelante. Romaguera lo resume con sencillez: “Ella me dio la voz para contar su historia”. Y así, la literatura se convierte en una prolongación de la vida, en un hogar más donde la perrita también es acogida.

Renata. En busca del amor y del hogar
Valores aprendidos
En ‘Renata. En busca del amor y del hogar’ no hay lecciones dictadas desde arriba, sino emociones que se descubren paso a paso. El cuento invita a lectores de todas las edades a comprender que la vida es un proceso lleno de etapas: algunas luminosas, otras difíciles, todas necesarias. “Me gustaría que los niños y sus familias pensaran que nadie está exento de vivir situaciones diferentes”, afirma la autora, que defiende la importancia de acompañar las emociones en lugar de negarlas. Tristeza, miedo, confianza, alegría… Renata las transita como quien cruza un puente hacia sí misma.
Esa mirada convierte el libro en una herramienta emocional útil tanto en el hogar como en el aula. La identificación con la protagonista es inmediata porque, como recuerda Romaguera, todos buscamos pertenecer a algún lugar. “Cualquier adulto, joven o niño desea sentir que pertenece a una familia, a un hogar”, relata. En ese deseo late el motor del cuento: la certeza de que crecer no es dejar de tener miedo, sino aprender a seguir adelante a pesar de él. Y Renata —como muchos lectores— lo hace acompañada.
Hogar como propósito
El motor de la historia es claro: Renata quiere un hogar. No un techo. Un lugar donde el amor sea recíproco, donde sentirse mirada, entendida, querida. Ese objetivo, sencillo y a la vez inmenso, conecta con la esencia de la infancia. “Su propósito es encontrar un hogar donde la quieran, un amor recíproco; los más pequeños sienten ese amor con sus padres y ese sentimiento es innato”, explica la autora. La historia recuerda así que los animales no están al margen de la emoción humana: sienten, se ilusionan y también buscan pertenecer.
Al acompañar a Renata en ese viaje, los lectores se enfrentan a preguntas que, sin solemnidad, abren puertas a la reflexión: ¿qué significa cuidar? ¿Qué es querer de verdad? ¿Cómo se construye un hogar? Para Romaguera, el cuento funciona como un espejo que devuelve estas cuestiones con ternura, sin perder la esperanza. Y es ahí donde reside su fuerza: en mostrar que crecer no es solo sumar años, sino aprender a nombrar lo que uno siente y a reconocer dónde —y con quién— la vida se vuelve refugio.

Anna Romaguera, autora del libro
Para recordar
Romaguera imagina la lectura de su libro como un momento compartido, un paréntesis cálido en mitad del día: un sofá, una cama, una escuela, un abrazo. “La literatura infantil es una ventana que se abre a los más pequeños para que desarrollen su curiosidad, para que pregunten”, afirma. Cada página, entonces, se convierte en una conversación posible: entre padres e hijos, entre docentes y alumnos, entre quien lee y quien escucha. Leer Renata no es solo seguir una aventura; es acompañar a alguien a descubrirse. Es vínculo.
Por eso, cuando se cierra el libro, no termina el viaje. La autora desea que los lectores recuerden que un perro es mucho más que una mascota; es una vida que siente, que entiende, que ama. “Vamos a quererlos y a honrarlos como ellos hacen con nosotros”, resume. Y ahí queda Renata: pequeña, valiente, esperanzada, caminando hacia un hogar que ya no es solo suyo, sino de todos los que han paseado con ella por sus páginas. Porque a veces —parece susurrar este cuento— el amor empieza por atreverse a mirar a alguien como si siempre hubiese pertenecido a tu vida.