Luis Guillén, el fichaje de Blanes que se hizo eterno en el Almería
Llegó en el verano de 1993, se quedó para siempre y acabó siendo un consejero ejemplar

Luis Guillén llevaba la paz y la calma a los momentos de alta tensión en el Almería.
Aquel verano de 1993, Guillermo Blanes no solo reforzó su proyecto en el campo: también reclutó talento fuera de él. Luis Guillén llegó junto a Guillermo Sáez para dar forma a áreas clave que entonces nacían en el club, como la deportiva y la de afición. Era ya un empresario consolidado, con poco margen en la agenda, pero aceptó probar. Bastaron un par de reuniones en la sede de la calle Altamira para entender que aquello no iba a ser una aventura pasajera.
No lo tuvo fácil en un tiempo con dos Almerías y una ciudad dividida. Pero Guillén siempre tuvo claro que el proyecto iba a salir adelante. Con el paso de los años, su figura aparece en cada momento relevante del fútbol almeriense, testigo silencioso de ascensos, crisis y reconstrucciones. Su permanencia no fue casualidad: fue convicción.
Ver, oír y hablar cuando toca. Ese ha sido su credo. Lejos de los focos, ha sido un primer espada en la toma de decisiones, primero como directivo y después como consejero. Blanes acertó rodeándose de perfiles complementarios: mientras otros apagaban fuegos, Guillén aportaba mesura y criterio. Nunca buscó protagonismo, pero siempre tuvo peso.

Luis Guillén se supo rodear de hombres del fútbol para la comisión deportiva.
Educación en los días de tensión
Vivió etapas de máxima rivalidad en la ciudad, con palcos incompletos y gradas encendidas. En ese contexto, Guillén fue equilibrio. Conciliador, respetado por todos, nunca protagonizó un conflicto. Se ganó el cariño transversal de la afición por su talante y su forma de representar al club. Para muchos, el consejero más completo de aquella etapa.
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Maestro en la sala de máquinas
Desde sus inicios, participó en la comisión deportiva en una época sin maquillaje de marketing. Su criterio pesaba en decisiones delicadas, especialmente con los entrenadores. Más de reflexión que de impulsos, defendía analizar antes de cortar. Junto a Pepe Valverde, apostó por exigir a los futbolistas antes que señalar al banquillo. Era refugio para técnicos cuestionados y jugadores en apuros: escuchaba, ordenaba y marcaba líneas.

No se pierde una ofrenda floral del Almería a la Virgen del Mar.
Imagen del Almería dentro y fuera
Con Alfonso García primero y posteriormente con Turki Al-Sheikh, le tocó ser la cara del club por España. Y dejó huella: del Bernabéu al Camp Nou, de San Mamés a campos modestos como Las Chocillas o Miramar, siempre con el mismo señorío. Donde iba, generaba respeto y afecto duradero.

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La Vieja Guardia y el recuerdo eterno
No ha tenido tiempo de detenerse a mirar su obra, pero el reconocimiento le persigue. Cada Ofrenda Floral a la Virgen del Mar reúne a aquella Vieja Guardia que edificó el club en tiempos difíciles. Allí, entre recuerdos, se mide su legado. Blanes supo fichar; con Guillén acertó de lleno. Más que un dirigente, un señor del fútbol y un almeriense de categoría.