El bus del ascenso del Almería arranca en Torrecárdenas
El equipo convierte cada partido en una prueba cardíaca colectiva y somete a su afición a un sufrimiento constante

Paco Sánchez loco de contento aplaudiendo la rúa del Almería 2021-22.
LA OPINIÓN DEL DÍA: Si el Almería asciende, no será una simple celebración deportiva. Será la culminación de un proceso vivido con el corazón en la boca. Cada jornada se juega al límite, cada minuto pesa una tonelada y cada descuento acelera pulsaciones. En el estadio, frente al televisor o pegados a la radio, los aficionados viven atrapados en una tensión permanente que no concede respiro. Ser del Almería es esto. Desde que se fundó como Almería Club de Fútbol: toca sufrir.
Este Almería no sabe ganar sin sufrir. Ha hecho del drama su ecosistema natural y de la angustia una forma de competir. No hay partidos tranquilos ni finales cómodos, solo resistencia emocional. Por eso, cuando el bus del ascenso salga a la calle, antes de la rúa y las bufandas al viento, habrá que hacer una parada simbólica en Torrecárdenas: ser rojiblanco exige un corazón entrenado. Es la mejor forma de agradecer a los sanitarios que cuidan nuestra salud.
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El autobús del Almería volverá a partir del Mediterráneo y recorrerá la ciudad.
Noventa minutos sin anestesia
El Almería juega siempre al filo. No duerme los partidos ni administra ventajas. Cada balón dividido se disputa a pecho descubierto y cada resultado se decide con el pulso disparado. Así se compite y así se sufre en clave rojiblanca. No es nuevo y la historia del club está salpicada de momentos milagrosos en cada una de sus gestas. Ser del Almería exige tener un corazón de hierro y vivir cada partido al borde de un ataque de nervios.
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Los equipos rivales suelen celebrar más de la cuenta en el Mediterráneo.
Hay que tomarse la tensión
El equipo arrastra a su gente a una montaña rusa emocional permanente. Se anima con fe, se resiste con nervios y se cree hasta el último segundo. Los almerienses han aprendido a sobrevivir en la ansiedad sin bajarse nunca del barco. Desde los tiempos de los ‘capotazos’ de la Virgen del Mar con el fundador Guillermo Blanes, ser del Almería ha sido un sinvivir constante y lo mejor es que la mayoría de las veces se pasa de la tensión a la celebración.

Lo mejor de todo es que sabe mejor ganar sufriendo.
Corazones forjados en el sufrimiento
Ser del Almería no garantiza calma, pero sí fortaleza. Años de finales agónicas y objetivos al límite han construido una afición de hierro. Si llega el ascenso, será también la victoria de un corazón que nunca falla cuando más sufre. Da lo mismo marcar antes del minuto uno porque el equipo no es fiable. Ni con dos goles de ventaja se deja de mirar el reloj. Si se hace la Ola no falla: el Almería recibe un gol. Y la tranquilidad es el cuento de nunca acabar. Lo mejor de todo es que la victoria sabe mejor sufriendo.