Ben Barek y el Almería del 74: oro en las botas, tierra en el camino
El entrenador marroquí no pudo con los millones del Decano y la historia del Córdoba

El Almería concentrado para afrontar la promoción con el Córdoba.
Lo hablamos en la Ciudad Deportiva de Macael cuando entrenaba a uno de sus últimos clubes, el Melilla, y le brillaban los ojos recordando aquella temporada 1973-74 cuando tuvo 6 minutos al Almería en Segunda División. Muchos aficionados salieron del Estadio de La Falange llorando y prometiendo que no iban a volver más al fútbol, porque aquello no tuvo nombre. Estaban a un paso de la gloria y se toparon con la lágrima del desencanto siendo mejor que su rival. La temporada tuvo momentos polémicos que salpicaron al Almería como una alineación indebida del Real Jaén que daba el campeonato y el ascenso directo al Recreativo de Huelva.
Me decía Ben Barek que su equipo fue el mejor aquella temporada 1973-74 pero su campo de tierra y su economía de guerra no era lo que se estilaba en la Segunda División. Pasaron tres eliminatorias de la Copa del Rey cayendo ante el Real Oviedo de Primera y se midieron al Córdoba de Segunda por una plaza en la división de plata y los blanquiverdes impusieron su mayor calidad no exenta de fortuna en aquella tarde aciaga. Ben Barek se fue de Almería con la cabeza bien alta y era recibido por un Alavés de Segunda División. Era un técnico extraordinario y los clubes de Segunda y Tercera lo buscaban por el buen fútbol que practicaba.
Era presidente de la Agrupación Deportiva Almería Ángel Martínez y el verano de 1974 tomaba el relevo Antonio Franco Navarro con un campo de fútbol proyectado, porque con La Falange subir a Segunda pasaba por tener un escenario en condiciones para competir del que carecía la ciudad. Ya esa temporada se anunciaban los terrenos y en el reverso de las entradas aparecía el campo soñado.

Aquel Almería de la 1973-74 jugaba al fútbol en campo de tierra.
UD Almería
“Vendí mi coche para poder operarme de la rodilla y seguir jugando al fútbol”
Carlos Miralles
Ben Barek llevó a la AD Almería a rozar la Segunda División con fútbol de calidad y pasión en cada partido
Una plantilla de fantasía
El equipo enamoró a la afición con nombres como Aramayo, Belmonte y Morales que aún se recuerdan
La Falange hasta la bandera
El estadio se llenó en cada cita clave con una ciudad volcada en el sueño del ascenso
El Decano y el Córdoba, verdugos
El Recreativo y los blanquiverdes truncaron el camino al ascenso en duelos marcados por la desigualdad
Un legado imborrable
Ben Barek dejó huella en Almería y en el fútbol español con su estilo elegante y su acento hispano-marroquí
El Almería lanzó su carrera
Cuando llegaba al Almería solo había dirigido al Atlético Malagueño y al San Fernando. Firmar con la Agrupación fue el trampolín para la carrera en los banquillos de Abdallah Ben Barek El Antaki nacido en Rabat, Marruecos. Luego, el Alavés, Tarrasa, Córdoba, Granada… Hasta la UD Melilla donde puso el punto y final a su larga etapa de entrenador. Le dieron una plantilla de mucho nivel. La más cara de la historia en aquel tiempo y el marroquí estuvo a la altura con llenos en cada partido y una pugna con el Decano al que derrotaron en La Falange por (3-0) en tarde memorable.
Eliminaron al Marbella de Tercera y al Linares de Segunda y se toparon con el Real Oviedo en la Copa del Rey más recordada por nuestros mayores ya que Maxi era traspasado al equipo Carbayón. Los partidos de casa se ganaban sufriendo y se arañaban positivos fuera. Los aficionados se sabían de memorial aquella alineación: Aramayo, Zapata, Murcia, López, Gil, Cayuela, Rojas, Unamuno, Belmonte, Artero y Morales. Salió campeón el Recreativo con dos puntos de ventaja cuando ganar no daba tres como en la actualidad y existían los positivos y los negativos.
Obituarios
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Tony Fernández

Ben Barek es el embajador del Málaga y distingue a Huijsen.
El Decano de Martín Berrocal
El gran rival del Almería era un club presidido por el empresario y ganadero que quiso hacer grande el fútbol onubense. Fichó a Enrique Alés para el banquillo y confeccionó una platilla de mucho nivel que tenía un once formado por: Espejo, Paniagua, Rivas, Ortiz, Otero, Montiel, Mora, Jeromo, Morón, Robles y Dorrego. Martín Berrocal pagó un avión para desplazar a su equipo hasta Almería y dar un golpe definitivo a la Liga, pero esa tarde Antonio Belmonte le hizo tres goles a su equipo y volvieron a Huelva de la mano en aquel vuelo jugadores y aficionados. Almería y Decano fueron los reyes de aquel Grupo IV de la Tercera División pero en lo económico las diferencias saltaron al campo.

La AD Almería aquella tarde inolvidable cuando se jugó el ascenso a Segunda.
Un valle de lágrimas
Terminada la temporada con el Decano en Segunda quedaba una plaza más para el ascenso que se jugaba a doble partido entre equipos de plata mal clasificados y los segundos de los cuatro grupos. Tocó el Córdoba que daba un repaso en el partido de ida ganando por (3-1) dejando la eliminatoria casi sentenciada, pero fue Ben Barek el que en las emisoras de radio y en la prensa animaba a la afición de Almería a que fueran al campo para intentarlo. Había que conseguir un 3-0 para eliminar al Córdoba y lo tuvo el Almería, pero un gol de Manolín Cuesta mandaba el partido a la prórroga y llegaría otro gol más del equipo teóricamente superior, que aprovechó que su rival se había vaciado en la primera mitad.

Ben Barek dirigiendo un entrenamiento en el Estadio de La Falange.
Recordaba Ben Barek en Macael aquella tarde cuando el desencanto era total con niños llorando y los mayores prometiendo que no volverían más al fútbol. Fue un palo cruel que no repercutió en su brillante hoja de servicios, pero la ciudad de Almería se volvía a quedar con las ganas con un campo hasta la bandera y un equipo de fantasía que había sabido dirigir con maestría. Me decía el marroquí que escuchó muchos comentarios sobre ‘maletines’ y otros ‘desajustes’ propios de los comentarios de calle, cuando salía en defensa de sus muchachos de la AD Almería a los que llamaba: “valientes y buenos profesionales”, con un acento hispano-marroquí que nunca ha perdido. Ahora lo disfrutan en el Málaga.