El almeriense que venció al cáncer y al Covid: “Llamaron a mi mujer para que se despidiera de mí"
“Me han quedado muchas secuelas, pero también unas ganas de vivir enormes”, cuenta emocionado en 'Pegados a la cal'

Juanjo López pasó por los estudios de la Cadena SER Almería para contar su historia en 'Pegados a la cal'.
“Si hoy estoy aquí no es por ser fuerte, es porque otros lo fueron por mí”. Emocionante y sentimental testimonio de Juan José López Fernández. Almeriense, de 54 años, creció en Barcelona porque su padres tuvieron que emigrar por motivos laborales. Volvió a los 14 a su verdadero hogar y ha pasado el periodo más duro de su vida, venciendo al cáncer, a un grave problema de hígado y a un Covid “que casi me arrolla de verdad”.
El presidente de la Peña Sotanillo Ortiz Bernal, es el primer protagonista del podcast ‘Pegados a la cal’, que recuerda a aquel mítico programa de Localia con Tony Fernández y Rafa Góngora. Juanjo López asegura en LA VOZ y SER que se crio en un ambiente “de almeriensismo puro”. Son cuatro hermanos más: Vicente, Antonio, Serafín e Iván, “y recuerdo que con 7 años, viviendo en Barcelona, mi sueño era bajar a Almería de vacaciones”.
"Me detectaron un linfoma no Hodgkin en grado 4"
Ya en casa, en su amada tierra, conoció a su mujer, Ana Belmonte. Se casaron y tuvieron dos hijas, Ana y Marina. Ha llegado al mundo su primer nieto, Neizan, su otra gran alegría. Levantó la Peña Sotanillo en honor a José Ortiz Bernal en Huércal de Almería allá por 2010 junto a un grupo de amigos, y recuerda que fue un empujón para el futbolista al estar atravesando “un momento complicado”.
"Estuve dos meses de pruebas. Vi las caras de los médicos y me asusté mucho"
Difícil para Juanjo fue el partido que la vida le puso por delante. En 2019 le detectaron un cáncer, linfoma no Hodgkin: “Estaba ‘cagado’. Vi las caras de los médicos y claro, me asusté. Fueron dos meses de pruebas hasta que detectaron qué tipo de cáncer era. Pasé por maxilofacial y luego hematología. Vino el doctor con un montón de papeles en la mesa y extremadamente serio. Me dio el diagnóstico: linfoma no Hodking en grado 4”.

Con una pequeña parte de su colección de camisetas, destacando la de Ortiz Bernal.
"No podía venirme abajo y arrasar a mi familia"
Casi sin tiempo para reaccionar, Juanjo tiene grabado qué hizo en la consulta cuando le dieron tremenda noticia: “Miré a mi mujer, Ana, y tenía dos opciones: venirme abajo y llevarme a mi familia por delante, o coger el toro por los cuernos y ganar esta guerra. Opté por lo segundo. Recuerdo que me eché a reír para quitarle hierro al asunto y me explicaron el tratamiento. Tengo que decir que el trato humano fue excelente por parte de todo el grupo de sanitarios de Torrecárdenas”.
"Entraba a las 8 a Torrecárdenas, me ponían las bolsas y salía ya por la noche"
Fueron cinco meses de quimioterapia. Entraba a las 8 de la mañana, “me ponían las bolsas y salía ya por la noche. Aguantaba dos o tres días en casa, medio normal, y luego me ingresaban. Fue durísimo”. Actualmente Juanjo sigue en revisión porque ha habido complicaciones por el camino, “que gracias a Dios se han ido solucionando”. De hecho, en mayo de 2020, “un hematólogo me dijo que podía morir de cualquier cosa menos de linfoma no Hodking”.
"Se me paralizó el hígado en cuestión de dos días"
Cuando el partido de la vida parecía terminado, llegó otro golpe. “La quimioterapia dispara, pero no apunta”, sentencia. “Se me paralizó parte del hígado en cuestión de dos días. Empecé a encontrarme mal y me llevaron al hospital. Marta, una eminencia en digestivo, me comentó que si en tres días no respondía al tratamiento me mandaban a Málaga para un trasplante urgente. Eran daños colaterales de la quimioterapia. Salí adelante y unos 15 días más tarde volví a casa”.
"La médica me dijo que si no mejoraba me mandaban a Málaga para un trasplante"
Dos mazazos bien aguantados por Juanjo, arropado por los suyos, pero le quedaba otra durísima prueba. El 15 de agosto de 2022 le ingresaron por Covid. “Fui en ambulancia de la casa a Torrecárdenas. Estaba en camilla y escuché a la médica decir que me preparasen, que yo era un paciente crítico. No me lo creía. Pero sí, ya tenía muy poco oxígeno en sangre. El Covid no me hundió de milagro”.

No podía faltar una camiseta con su nombre, la del ascenso a Primera de 2022.
"Al principio me negué a que me intubasen"
Fue ahí cuando Juanjo López estuvo a punto de tirar la toalla. No quería que lo anestesiaran ni lo intubaran porque temía no volver a despertar: “La doctora vino para intubarme y le dije que no. Me quedaban pocas horas de vida porque mis pulmones no funcionaban. Le comuniqué que me dejasen la ventana abierta, que quería morir viendo el cielo azul de Almería, ya que mi familia no podía entrar al ser positivo en Covid”.
"Dije a los sanitarios que quería morir viendo el cielo azul de Almería"
Se emociona cuando echa la vista atrás y revive ese momento: “Me vine abajo”. No esperaba la intubación en ningún momento. “Luego con la traqueotomía también pensaba que tiraría la toalla. Todo era doloroso, pierdes la noción del tiempo, pero me agarré a la familia, a los amigos. Me pusieron tantísima medicación que he perdido incluso audición; el 15% en un oído y el 50% en el otro, y más cosas. Volví a casa con 48 kilos y sin poder subir los escalones del porche a la entrada”.
"A mi mujer le dijeron que no podían hacer más"
Tan delicado era su estado de salud que mientras él estaba intubado y anestesiado totalmente, “los médicos le dijeron a mi mujer que ya no había nada más que hacer, pero un compañero sanitario comentó que yo seguía ahí luchando, que tocaba hacer todo lo posible para que siguiese viviendo. No sé ni cómo, pero yo escuché esa conversación”.
"Yo seguía ahí luchando, pero mi estado de salud era muy crítico"
Su esposa, Ana, fue varias veces a Torrecárdenas temiendo lo peor: “Un día la llamaron y le comunicaron que subiese al hospital, que los médicos estaban esperando que me fuese... Era la una de la mañana. Pero yo tenía tanta energía dentro y de la gente que me quiere que no me rendí. Me han quedado muchas secuelas, estoy incapacitado, pero cada minuto con los míos es una bendición”.
Ahora es una persona feliz, arropada por su familia, por los amigos, y con su gran locura que es su nieto Neizan. Y que no falten los partidos del Almería en el Mediterráneo. Lección de un Juanjo López que, pese a tantos reveses de la vida, no ha perdido la sonrisa.
CARTA DE JUANJO LÓPEZ PARA TODA ALMERÍA
Yo decidí afrontar el proceso con la mayor serenidad posible, confiando en los tratamientos y en las personas que me rodeaban. Llegó la quimioterapia y con ella el miedo, pero también llegó algo mucho más fuerte: el apoyo incondicional de mi familia, sobre todo el de Ana, mi mujer, y mis dos hijas Ana y Marina. Ellas fueron mi ancla. Cuando yo flaqueaba, ellas sostenían todo. No hay palabras suficientes para agradecer lo que hicieron -y siguen haciendo- por mí.
El tratamiento funcionó frente al linfoma, pero en 2021, cuando parecía que lo peor había pasado, la quimioterapia dejó una secuela grave en el hígado (como dijeron una vez, la quimio dispara, pero no apunta). Estuve al borde de un trasplante. Fue otro golpe durísimo, otro momento de incertidumbre absoluta. Y cuando aún estaba intentando recomponerme, llegó el Covid. Pasé tres meses en la UCI, intubado, luchando literalmente por respirar, y dos meses más en planta en el Hospital Universitario Torrecárdenas.
En 2022 me dieron el alta en un contexto muy delicado, con un nuevo brote de Covid, porque mantenerme ingresado era incluso más peligroso. Si hoy puedo contar todo esto es, en gran parte, gracias a los sanitarios. Médicos, enfermeras, auxiliares, personal de UCI y de planta. Profesionales excepcionales, pero sobre todo personas con una humanidad que nunca olvidaré. Su trabajo no es solo técnico; es emocional, constante, agotador… y vital.
Mi gratitud hacia ellos es absoluta. Y hay algo que quizá no todo el mundo entiende hasta que lo vive: el poder del apoyo social, una fuente enorme de ánimo y motivación. Los aficionados del Almería, las peñas, y muy especialmente Grada Joven, estuvieron ahí. Mensajes, ánimo, pancartas de “Fuerza Juanjo” en el quesito de nuestro estadio, sentir que no estás solo incluso en los peores momentos. También el de la Unión Deportiva Almería, su primer equipo y el filial, me enviaron al hospital sendos videos dándome fuerzas en mi lucha por la vida, demostraron que el fútbol también puede ser humanidad y cercanía.
Quiero agradecer también a los medios de comunicación, que no miraron hacia otro lado. En especial a esta casa La Voz de Almería su sección de Deportes, marcados en mi corazón quedan Tony, Rafa y Carlos. También la extensa familia de Marcador Almería, con Víctor y José Luis a la cabeza, por su sensibilidad, su respeto y su apoyo constante.
Todo este camino me ha enseñado que la vida puede cambiar en un segundo, pero también que la solidaridad, el cariño y el compromiso de las personas pueden sostenerte cuando tú ya no puedes hacerlo solo. Si algo quiero transmitir con mi historia es que, incluso en los momentos más oscuros, no estás solo, aunque a veces lo parezca. Yo soy prueba de ello.
Hubo momentos en los que no podía hablar, ni respirar, ni decidir. Y aun así, nunca estuve solo. Mi familia estuvo ahí cada segundo, los sanitarios del Hospital Universitario Torrecárdenas me cuidaron cuando mi vida dependía de ello, y sentí el apoyo del Unión Deportiva Almería, de su afición y de Grada Joven, incluso cuando yo no era consciente de nada.
“La enfermedad me quitó muchas cosas, pero también me enseñó algo esencial: nadie sale adelante solo. Si hoy estoy aquí es por el compromiso de los sanitarios, el amor de mi familia y el apoyo de mucha gente a la que nunca olvidaré.”
“Hoy doy gracias a la propia vida, me ha regalado una segunda oportunidad y a Neizan, mi nieto, del que estoy muy orgulloso y espero verlo crecer muchos años más.
“Si hoy estoy aquí no es por ser fuerte, es porque otros lo fueron por mí. Y eso no se olvida nunca.”