Jonas, el sueco que ha llegado en una tabla de surf a Almería tras más de dos años y medio remando
Jonas recorre Europa sin patrocinadores, con lo mínimo y apoyado solo por personas de a pie

Jonas Böhlmark se ha recorrido Europa a pie, en bici, en sky y a golpe de remo.
Jonas Böhlmark alcanzó Almería por el mar, subido a su tabla de paddle surf y con la única compañía de su bolsa impermeable amarillo chillón. Debió de perfilarse en el horizonte, acercándose despacio a la playa con los brazos temblándole del esfuerzo. Llegó costeando la península desde el Atlántico para cruzar después el Estrecho de Gibraltar, arrastrando tras de sí más de dos años y medio de travesía por agua.
Con satisfacción, debió de buscar un punto tranquilo donde tocar tierra, bajar al agua con cuidado y sacar el equipo mojado hasta el arenal. Y una vez allí, empapado de sal y tostado por el sol, se encaminó directamente hacia el interior del pueblo para cortarse el pelo, cuenta a LA VOZ desde la pedanía ejidense.
Un viaje que parecía imposible
Muchos lo tildarían de loco. Otros, de valiente. Pero ninguno se imaginaba en aquel mes de septiembre de 2022 la odisea que esperaba al sueco que hace ya más de 3 años se embarcó en una de las travesías más extremas contadas en este periódico. ¿Su objetivo? Alcanzar Gibraltar.
Todo comenzó en el norte de Noruega, desde donde su mejor amigo y él partieron corriendo para atravesar Suecia y llegar al mar Báltico. "Desde allí continué solo. Remé por innumerables ríos, hice 25 maratones consecutivos en Finlandia, uno al día, hasta Helsinki. Volví al norte de Suecia esquiando y, por fin, crucé el círculo polar. Tras más de dos años y medio remando, llegué al sur de Europa", relata en un perfecto inglés.

Jonas Böhlmark en su tabla de paddle surf.
Antes de hacerse con una tienda de campaña, el sueco dormía prácticamente todas las noches a la intemperie: “He aprendido que 5ºC con viento y lluvia son peores que -5ºC en seco. He pasado noches verdaderamente duras a 0ºC, con todo mojado”.
Si las horas tras la puesta de sol son inolvidables para él, las mañanas son su vitamina: siempre se despierta con un propósito en mente: seguir adelante. “Mi vida es intensa, pero mi mente es estable cuando estoy en la aventura”, asegura con orgullo.
Habla de estar en sintonía con la naturaleza, de sencillez y, sobre todo, de salud mental. Y es que Jonas convive con un trastorno bipolar que lo llevó a atravesar una de las etapas más duras de su vida antes de comenzar el viaje, una travesía que lo ha devuelto a la vida. Si bien lleva siempre consigo una medicación que le traen sus padres cada pocos meses, insiste en que no son las pastillas las que lo mantienen sano, sino “el estilo de vida”.
Sin patrocinadores ni logos
“No es Mark Zuckerberg ni Elon Musk quienes me han ayudado. Son personas normales”, apunta. Durante su aventura, cientos de personas le han dado comida, dinero, un lugar donde dormir o compañía. “No tengo ni una sola pegatina en mi tabla. Eso también es una declaración”. Curiosamente, en Suecia ha recibido poca atención, mientras en España y Francia su historia despierta mucho más interés.
Una receta prácticamente infalible

Jonas Böhlmark con su tabla de paddle surf.
El sueco tiene claro cuál es la receta de su lograda estabilidad mental. El sol encabeza su manual de instrucciones: entre 8 y 12 horas de luz cada día, a lo que le sigue el propósito: “Sé exactamente lo que voy a hacer cada mañana”. A ambas claves se les suman el ejercicio físico diario, la ausencia de alcohol en su dieta y la desintoxicación digital: “Paso seis u ocho horas sin tocar el teléfono. Ese es uno de los mayores problemas que tiene la gente hoy en día”, señala.
"Siempre hay alguien que hace que mi día sea mejor. La gente necesita gente"
Si bien avanza en solitario, su fórmula infalible la completan las personas, quienes, allá donde va, le regalan ropa, comida y le prestan ayuda constante: “Siempre hay alguien que hace que mi día sea mejor. La gente necesita gente”.
Con lo mínimo
Viaja con una mochila diminuta, cuidadosamente calculada: si cae al agua, todo se pierde. Dentro lleva lo imprescindible: su medicación, un saco de dormir, algo de comida, un poco de electrónica y, últimamente, un ordenador.
A cambio, no carga ropa interior, calcetines, colchón ni ropa de recambio. “Duermo sobre mi ropa. Es un poco ‘hardcore’, lo sé”, admite entre risas, para después resumir su filosofía: “Cuanto menos llevas, más libre eres”. Así, cada viaje es un paso más hacia la libertad, concluye.