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Cómo nació y sobrevivió el bar de Almería que hizo historia gracias a su mítica patata asada

El establecimiento, que empezó siendo una churrería para luego pasar a las tapas, lleva en pie 40 años

David Criado, hijo de uno de los fundadores del Bar Crífer.

David Criado, hijo de uno de los fundadores del Bar Crífer.Elena Ortuño

Elena Ortuño
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En el número 63 de la Avenida Blas Infante hay un local que ha visto crecer no solo a sus clientes, sino también a sus actuales dueños. Mientras transcurre la entrevista que dará fruto al reportaje que está usted leyendo, resulta imposible mantener el orden. Los clientes interrumpen. Matizan fechas. Añaden nombres. Discuten recuerdos. David Criado pregunta algo y la respuesta le llega desde la barra. Pregunta otra y un parroquiano de pelo cano interviene antes de que él termine la frase. Y es que aquello es más que un bar. Es un museo de la memoria.

Fue entre esas cuatro paredes donde prácticamente se criaron Miguel, José, Mari Carmen y David, los hijos de los fundadores del Café Bar Crífer. Primero llegaron los pañales, después las carreras de niños por el local y más tarde la adolescencia, con sus prisas, algún que otro grano -resultado de la pubertad- y sus ganas de estar en cualquier sitio menos en el negocio familiar.

Los viejos clientes todavía recuerdan a Miguel Criado y María Ferrol, quienes abrieron aquello en 1984, no porque persiguieran el sueño romántico de la hostelería, sino por una razón mucho más simple y antigua: había que sacar adelante una casa y a toda una manada de hijos.

Un nombre que abre debate

Miguel trabajaba como policía nacional. María, mientras tanto, se ocupaba del bar. Así funcionaban muchas familias españolas de la época, que no llegaban a fin de mes con un solo sueldo en el hogar. “No tenían ningún pasado hostelero. Mi madre era ama de casa, pero la necesidad apretaba”, relata David, su hijo y uno de los actuales dueños del bar.

A David su madre le contó que una mujer de El Alquián le enseñó todo lo que ella luego pudo poner en práctica en Crifer: “Ella se encargaba de los churros. Porque antes esto era un local mucho más pequeño. Aquí había una churrería y allí, en ese rincón, estaba el barecillo, con algunas tapas”, relata, señalando a su alrededor, para después añadir que el actual bar es fruto de la unión de tres espacios distintos: “Cuando mi madre nos dejó, se acabaron también los churros”.

David Criado, tras la barra de Crifer, una mañana cualquiera en Almería.

David Criado, tras la barra de Crifer, una mañana cualquiera en Almería.Elena Ortuño

Pero no desapareció del todo; quedó el nombre. Crifer, una mezcla entre Criado y Ferrol, los apellidos de ambos fundadores. Con el paso del tiempo, el título con el que se bautizó al bar se ha convertido en motivo de debate para los almerienses: “Hay quien dice que viene de Fernández, en vez de Ferrol. Una vez una señora me aseguró que procedía de Cristina y Fernando. Yo le dije: ‘Estoy seguro de que no es así’. Pero ni con esas... Ella estaba también segura. Evidentemente ella no sabía quién era yo”, recuerda entre risas David, quien decidió no corregirla y dejar el misterio abierto.

El tapeo, estrella del barrio

Con la introducción de las tapas caseras, como las migas, las patatas a lo pobre, las patillas de pulpo y, su tapa estrella, la patata asada, el negocio comenzó a ganar protagonismo. “La patata se ha convertido en uno de nuestros emblemas. Es muy sencilla: sal, pimienta y alioli, mucho menos elaborada que las de la feria, pero aun así la gente viene aquí solo a comerla”, asegura el almeriense.

La patata asada del Crifer es una de sus tapas estrella.

La patata asada del Crifer es una de sus tapas estrella.

Elaboradas a diario y con la frescura como uno de los pilares de la cocina de Crifer, las tapas son totalmente artesanales. “Todo se mantiene tal y como mis padres lo impusieron en su día. Somos gastronómicamente los mismos”, apunta el hostelero, quien sí reconoce que hay días que, si se sienten creativos y el público lo permite, se salen de carta para servir nuevas creaciones, como carne con tomate, hojaldre de solomillo o berenjenas rellenas; tapas que hacen rugir el estómago.

Presente de una leyenda

El relevo llegó de forma abrupta e inesperada. María falleció en 2006 y Miguel la siguió apenas 8 meses después, como si el uno no pudiese estar sin el otro, un tándem indisoluble reflejado en esa única palabra que tanto significa: Crifer. Fue en ese momento cuando entró en juego la segunda generación, que decidió preservar el legado familiar. David, que había estudiado Relaciones Laborales, lo dejó todo para estar tras la barra. Nunca se ha arrepentido.

Una de las tapas del Café Bar Crifer.

Una de las tapas del Café Bar Crifer.

Cuarenta años después de su apertura, el local sigue tan vivo como en sus orígenes. Los fundadores ya no están, pero basta sentarse cinco minutos con los oídos bien abiertos para comprobar que María y Miguel dejaron algo más duradero que un negocio a su prole: dejaron una tribu. Y a diferencia de otras herencias, que no aparecenen los balances, esta se reconoce porque, cuando David duda de un recuerdo, media docena de clientes se apresuran a responder por él.

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