El primer jefe de la Policía Local de Almería en democracia
La otra cara de Manuel Castaño Cano

Manuel Castaño.
Nació en junio de 1949 en Antas. Hijo único, cuya infancia transcurrió como el resto de chavales jugando en las calles del pueblo mientras daba sus primeros pasos escolares en el colegio del pueblo. Pasan los años, Manolito va creciendo y la familia por motivos laborales y su padre agente de la Guardia Civil es destinado al acuartelamiento de Viator. Llega el momento de comenzar el bachillerato yes cuando la familia decide su internamiento en el colegio Diocesano de la capital donde supera el sexto curso y la reválida, mientras el preuniversitario lo hace en La Salle. Como todos los chicos y chicas de esos años, su destino predestinado lo lleva a Granada. La Medicina le atrae, pero al enterarse que solo un libro de anatomía costaba un pastón, mientras su padre solo contaba con el sueldo de sargento de la Guardia Civil en Fiñana, cambió los “quirófanos y las batas blancas” por el “orden y la ley” a lo que ya estaba acostumbrado en los cuarteles de la Guardia Civil donde vivió y pasó su niñez y adolescencia. Durante más de un año sirvió copas en un bar de Granada, en la calle Recogidas, descargó cajas de cervezas y otra serie de ocupaciones que no vienen al caso. Y así, en esta encrucijada situación, fue cuando se decidió por presentarse a unas oposiciones al Cuerpo Superior de Policía
¿A qué edad aprobó las oposiciones para el Cuerpo Superior de Policía?
A los 22 años. Disfrutaba entonces de una de aquellas prórrogas que los triunfadores del “golpe de estado” en nuestro país concedían graciosamente por estu-dios.
Cuando fue reclamado a filas, le tocó Melilla. ¿Usted era ya inspector de Policía?
Sí, Fui destinado a Regulares 2. Una etapa oscura. Los militares franquistas, no soportaban que por las tardes y de paisano me tenían que dejar salir del acuar-telamiento para trabajar en la Comisaría Provincial de Melilla. Al licenciarme mi cartilla militar estaba plagada de suspensos, menos en tiro con pistola. Para mi fue dura la cosa.
¿Antes de ser destinado a Almería donde desempeñó su trabajo?
En Algeciras, en la comisaría del puerto. Me tiré seis años navegando en la ruta Algeciras, Tánger y Málaga. Fue una época complicada pero muy fructuosa per-teneciendo a la unidad policial de “Información Extranjera”. Navegué en los barcos españoles de Tarifa, “Virgen de África”, el “Vicente Puchol” y en el “Inb Batouta” de bandera marroquí, junto otros dos compañeros marroquíes con los que manteníamos unas relaciones aceptables. Durante la “marcha verde”, otro compañero y yo, metimos las narices donde “no debíamos” y fuimos “retenidos” por la policía marroquí. La información que obtuvimos y les facilitamos a nues-tros superiores en esos momentos de expectaciom fue muy interesante.
En su etapa en el CNP tuvo una fuerte implicación en el mundo sindical, especialmente en el SUP (Sindicato Unificado de Policía). ¿Cómo fue esta experiencia?
Con la llegada de la democracia, conformé en Almería el Sindicato Unificado de Policía. Tuve algunas tensiones lógicas, con los comisarios de entonces, solventando bastantes problemas a compañeros afiliados. Y fue entonces cuando, realmente, “adivinaron” mi vena “izquierdosa” y en esa etapa por esa razón, tuve muy pocos afiliados.

Manuel Castaño.
En su currículo profesional acumula diferentes condecoraciones. La más impor-tante es la Cruz Roja al Mérito Policial, con distintivo rojo. ¿Por qué le fue otorgado este valioso reconocimiento?
El 16 de junio de 1979 sobre las tres de la tarde, y ante mi instancia, el comisario jefe me autorizó a montar un dispositivo y con cuatro agentes y un sargento para interceptare a unos sujetos que se habían llevado 12 millones de pesetas de una sucursal de Unicaja del Zapillo. Los atracadores se localizaron en unos aparta-mentos de la calle Artes de Arcos. Al ir a detenerlos hubo un intercambio de dis-paros y yo sufrí un impacto que me afectó seriamente al riñón. Otros agentes también resultaron heridos leves y los atracadores se entregaron, pero uno de ellos murió al precipitarse al vacío cuando pretendía huir descolgándose a la calle por unas tuberías desde un tercer piso.
¿Cómo fue su paso de Inspector jefe de la Policía Nacional a ser el máximo responsable de la Policía Local de Almería?
Después de casi un año de baja, por aquello de las presiones familiares, pensé en jubilarme. Pero fue entonces cuando se convocó la plaza de inspector jefe de la Policía Local y me lo repensé. Presenté mis méritos y un trabajo sobre la or-ganización de este colectivo y aprobaron mi solicitud. El tribunal lo conformaban los distintos concejales de los partidos presentes en el ayuntamiento junto a un representante de la Junta de Andalucía. Era entonces alcalde Santiago Martínez Cabrejas que, con el tiempo y los avatares sufridos, fuimos grandes amigos a los que siguieron Fernando Martínez López y Juan Megino con quien ya me jubilé.
Cuando usted se incorporó. ¿Cuántos agentes y medios técnicos tenían en la plantilla?
Aquello era un desbarajuste. Algunos portaban armas, pero su manejo era muy precario. Y eso me preocupó mucho. Otros, ya mayores, cubrían las salidas de los colegios y el resto, dirigían el tráfico en las calles conflictivas. El más conocido era Joaquín que, con su sidecar, se dedicaba a repartir la correspondencia del Ayuntamiento.
Pero cuando usted llegó ¿Cuál fue el mayor problema que tenía entonces la Policía Local?
La dejadez y el olvido. Con el alcalde Martínez Cabrejas se hicieron varias pro-mociones de policías formados en Aznalcázar (Sevilla), y todos fueron dotados de su armamento reglamentario y la Policía Local de Almería, con sus motocicletas bien equipadas y a punto, cuando aún no existía la autovía, escoltaban las ambulancias que trasladaban los órganos que se iban a trasplantar en Torrecárdenas. Aquello era un servicio al pueblo. Desde el alcalde, concejales, prensa y ciudadanos, todos manteníamos la respiración hasta que la ambulancia con el corazón u otro órgano vital llegaba. Yo, al menos, respiraba y felicitaba orgulloso a los mejores “motoristas del mundo”.
¿La puesta en marcha del 092 en la capital fue uno de sus mayores logros?
Modestamente sí. Casi todos los policías recibieron formación en la Escuela de Policía de Emergencias y Seguridad Pública de Andalucía e hicieron prácticas de tiro. Se creó la policía de barrio y, además se conformó la academia de Policía Local, donde daban clases y conferencias, desde miembros cualificados de la Policía Nacional, Fiscales, Jueces y jefes de Servicio del propio Ayuntamiento dina-mizándose la estructura básica de Protección Civil Local. Y ahí está la cosecha.

Manuel Castaño.
¿Qué supuso para la Policía Local el denominado “caso de las horas extras”?
Alcanzar un logro justo, ante el Ayuntamiento. Ya se sabía muy bien que, desde el Sindicato Unificado de Policía Nacional, yo había intentado que aumentaran el precio de las horas extras, pero no se tuvo éxito esperado, porque en el Cuerpo Nacional, como ya he dicho el SUP era minoritario.
Desde la creación de la Policía local y ya en Democracia este cuerpo protagonizó el primer y único encierro en su cuartel y en la catedral. ¿Qué reivindicaban?
Alcanzar el precio justo de las horas extras. Y lo lograron porque el concejal Roque López responsable de Seguridad Ciudadana-gran persona y amigo- y un servidor se acordó aumentar 1/3 el valor de las horas extras, puesto que la Co-misión Mixta Paritaria, le solicitó a Roque López que solucionara el tema. Y la Policía Local comenzó a trabajar con esas condiciones y así se cubrieron eficazmente las famosas riadas de pescadería. En este proceso apareció “un traidor” que le fue con el cuento a la oposición y el caso se judicializó con el resultado que todos sabemos.
A usted lo jubilaron tras sufrir en acto de servicio un fuerte ataque cardiaco que le mantuvo un cierto tiempo hospitalizado. ¿Cómo fue su recuperación?
Bastante difícil. Esta profesión, para quien le gusta, es adictiva. Y, sinceramente, no me agrada mucho hablar de ello. Mi familia fue quien lo pasó peor.
De sus años al frente de este colectivo. ¿Qué servicios a los ciudadanos y por distintos índole destacaría más?
El “092” y la Policía de Barrio. La Policía de Barrio, contactaba con los alcaldes de cada barrio, para hacerles llegar a los distintos concejales sus necesidades de diversa índole. A su vez, yo recibía en mi despacho a cada uno de ellos y se trata-ban de solucionar los problemas de seguridad surgidos en mercadillos, colegios, rotura de vías, etc., etc,
¿Tiene alguna espina clavada de su tiempo en activo que le hubiera gustado haber hecho realidad?
Sinceramente, proyectos muchos y espinas clavadas, alguna que se quiso quedar clavada, pero la extraje y la enterré.
Y ahora como ciudadano de a pie. ¿Qué valoración hace de la Policía Local?
Perdoneme que me reserve esta valoración.