La Voz de Almeria

Entrevistas

De los invernaderos de Campohermoso al podio mundial del kayak

Darius Petrulius es subcampeón del mundo de pesca en kayak y trabaja duramente en el sector agrícola

De izquierda a derecha: José Puchal, Albert VIcedo y Darius Petrulius

De izquierda a derecha: José Puchal, Albert VIcedo y Darius PetruliusLa Voz

Melanie Lupiáñez
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Autónomo, blanqueador, pescador, padre, subcampeón mundial de pesca con kayak y lituano asentado en Campohermoso. La historia de Darius Petrulius (1986) que trabaja nueve meses de lunes a lunes para dedicarse los inviernos a su hobby por completo.

Con la chispa de la ilusión todavía brillante en los ojos cuenta como hizo la segunda captura más grande del campeonato; un blackbass de 57 centímetros. Un hombre acostumbrado a duros trabajos de riesgo, como es subirse a la cubierta de un invernadero y pintarlo con creta para sombrear la superficie. Un padre de familia que siempre cuenta con su apoyo: “mi mujer y mis hijas son mis mayores fans”, dice Darius.

Darius, acabas de regresar de un campeonato del mundo celebrado en el lago Chapala, México. Para quien no esté familiarizado con este deporte, ¿qué se siente al llegar tan lejos en la pesca deportiva?

Es una mezcla de orgullo, alivio y mucha satisfacción. No es algo que se consiga de un año para otro. Para llegar a un mundial tienes que pasar por varias fases durante años: club, regional, autonómico, nacional… y si fallas en alguno, vuelves a empezar desde cero. Cuando por fin estás allí, representando a España, te das cuenta de que todo el esfuerzo ha valido la pena.

¿Cómo hicisteis para transportar vuestro material hasta México?

No pudimos llevarnos los kayaks porque miden algo más de cuatro metros y era inviable, pero en México nos dejaron unos. Por supuesto se notaba la diferencia era como llevar un kayak de juguete. Al campeonato solo llevamos nuestras cañas.

En vuestro caso, además, habéis conseguido una medalla por equipos. ¿Cómo funciona esa dinámica colectiva en un deporte tan individual?

Aunque cada pescador va solo en su kayak, el mundial se gana en equipo, nosotros somos tres cada uno de una parte de España. Durante el campeonato compartimos información constantemente: qué señuelo funciona, a qué profundidad se mueven los peces, qué zonas están más activas. Si uno guarda información para sí, el equipo se resiente. Eso lo aprendimos bien después de la experiencia en Italia. En México jugamos como un bloque, y ahí se notó el resultado.

Uno de los momentos más comentados del campeonato fue tu captura de un blackbass de 57 centímetros.

Ese blackbass de 57 cm acabó siendo la segunda mayor pieza de todo el campeonato por solo un centímetro de diferencia con el primero, y no es algo que pase todos los días.

¿Cómo se prepara uno para pescar en un país tan diferente como México?

Con mucho trabajo previo. Yo estuve casi seis meses recopilando información: redes sociales, contactos, pescadores locales, vídeos… No es lo mismo pescar en España que en Italia o en México. Cambia el clima, cambia el comportamiento del pez, todo. Este año tuvimos la suerte de contar con la ayuda de un pescador español que vivía en México y fue clave.

Todo esto implica viajes, material y tiempo. ¿La federación cubre los gastos?

Ojalá fuera así, pero la realidad es que no. La federación nos cubrió aproximadamente un 30% de los gastos. El resto sale de nuestro bolsillo. Es una modalidad relativamente reciente, solo tiene cuatro años, y todavía no tiene el apoyo económico que debería. Aun así, si quieres ir a un mundial, tienes que hacer el esfuerzo. Es un hobby, pero llevado al máximo nivel.

¿Cómo es ser lituano y competir por España?

Un orgullo, yo no tengo nacionalidad española, pero la federación no me puso ningún impedimento para formar parte de ella. He vivido 15 años en Andújar, allí empezó mi afición por la pesca en agua dulce. Después nos trasladamos a Campohermoso porque me ofrecieron este trabajo del blanqueo donde podía ganarme mejor la vida. Desde entonces llevo en Almería ocho años, soy autónomo y tengo dos camiones de blanqueo.

Compaginar trabajo, familia y alta competición no debe de ser fácil.

No lo es, pero tengo mucha suerte. Trabajo muy duro durante nueve meses al año. Mis vacaciones son invierno entonces aprovecho para entrenar y competir. Y, sobre todo, tengo el apoyo total de mi familia. Mi mujer es la que más me anima: si tiene que regalarme algo, me regala una caña; si dudo, me empuja a seguir. Sin ese apoyo, sería imposible.

Practicas captura y suelta de forma estricta. ¿Qué significa eso para ti?

Es la base de todo. La pesca deportiva no va de llevarte el pez a casa, va del respeto al entorno. Sacas el pez, lo mides, lo devuelves al agua y se va nadando. Eso te enseña valores que luego aplicas en la vida diaria: respeto, paciencia y cuidado de la naturaleza. Si no cuidamos los peces, este deporte no tiene futuro.

Mirando hacia adelante, ¿qué objetivos te marcas después de este éxito?

Ya tengo la vista puesta en le próximo mundial que se celebrará a finales de este año en Italia.

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