El conductor de autobuses icono de Pescadería
La otra cara de Antonio Romero 'El Pescaílla'

Antonio Romero 'El Pescaílla'.
El pasado 26 de diciembre, por imperativo legal, le llegó a Antonio Romero Fuentes conocido popularmente como 'El Pescailla' su merecida jubilación como conductor de autobuses en la empresa Surbus tras una dilatada vida profesional con casi cuarenta y siete años cotizados a la Seguridad Social, catorce de ellos embarcado en alta mar y veinticinco años más en la empresa municipal de Transportes Surbus donde ingresó en el año 2000.
Antes de conocerle más a fondo hay que decir que Antonio Romero 'El Pescailla' nació la tarde-noche del 2 de abril de 1960 en las denominadas Cuevas de Las Palomas en la barriada de Pescadería-La Chanca-a mucha honra- donde sus padres Angelita la Pintá y Diego el Malagueño un forjado pescador procrearon trece hijos más. Ya con seis o siete años la familia se mudó a la calle Remo, y Antonio y otros de sus hermanos ya habían comnocido de cerca la guardería de la calle Cordoneros. La vida apretaba y Diego su padre, se multiplicaba en la mar para poder llevar el pan a la familia.
Su vida escolar la recuerda Antonio con cariño y pinceladas agridulces dadas las duras dificultades de tiempos pasados entre las gentes más humildes.
Recuerdo que mi primer colegio estaba en la calle Gerona. Varios meses más tarde a mi hermano y a mi nos mandaron al colegio de la Safa en la avenida de Santa Isabel, donde íbamos andando desde Pescadería y muchos días hacíamos zonga o “novillos”, hasta que mis padres un buen dias nos pillaron.
Pero bueno, usted ya era más grandecillo pero parecía que sus aventuras callejeras no tenían nunca fin.
A principio de los años 70 me metieron en el Hogar del Canario que estaba en la cuesta de los Callejones, donde hay ahora un gran centro comercial, y allí estuve hasta cumplir los doce años hasta que en 1972 me fui del centro y empecé a trabajar.
¿A esa edad tan temprana y sin experiencia?
Eso a veces era casi normal. Mi primer trabajo fue en un taller de radio y televisión que estaba en la plaza de San Antón y me pagaban 300 pesetas al mes. Unos cuatro o cinco meses después, un amigo del barrio me dijo que estaban buscando gente para repartir avisos de conferencias en la calle de Tirso de Molina y pagaban 1500 pesetas al mes, no sé si era de Abengoa o Telefónica. No dure mucho y en mi casa el dinero no sobraba así que me fui a la cafetería del Casino ganando 6000 pesetas y propinas.
Creo que precisamente en esa época tuvo una suculenta oferta en este mismo gremio de la hostelería que empezó a darle ciertas esperanzas.
Bueno, me fui a la cafetería Bristol en el paseo de Almería que era de los mismos dueños del café Colon donde allí cobré mi primera nómina y me dieron de alta en la seguridad Social y ahí me mantuve hasta que un buen día sin saber por qué, cerraron.
Y a partir de ahí su vida tomó un nuevo rumbo. Buscó su supervivencia y desahogo económico en la mar.
Primero me embarque en las traíñas y luego en la pesca de arrastre en los pesqueros “La joven Pura” y el “María Vizcaino”.Estando embarcado me llamaron para hacer el servicio militar. Me toco Madrid en Capitanía General y allí viví de cerca y todos los soldados inquietos en el 23 F de 1981 hasta que finalmente me destinaron a la comandancia Militar de Marina de Almería donde me licencié.
Vuelve a su barrio Pescadería y las ofertas de trabajo son más bien escasas y es entonces cuando de nuevo decide volver a la mar.
En un gran barco, “El Faro de Quilates” del armador Jose Luis Crespo y allí me tiré unos diez o doce años. Fue una experiencia dura. Nos tirábamos cuarenta y cinco o cincuenta días pescando en aguas de Larache y subastábamos el pescado en el puerto de Algeciras sin venir por Almería y yo ya había empezado a noviar con Juani que sería mi mujer. En fin, buscaba otros horizontes.
Y es entonces cuando decide ponerse a estudiar firmemente y logra sacarse el carnet de conducir para camiones y autocares.
Tuve suerte y aprobé sin problemas y en el verano de 1992 empecé a trabajar con un camión en una fábrica de jamones y embutidos, luego en Pollos La Foca y posteriormente en una empresa de congelados hasta que en el 2000 entre en Surbus donde pasé veinticinco años y me llegó la jubilación.
Hace 25 años cuando usted entró en Saltua, hoy Surbus. ¿Cuántas líneas de autobuses había en la capital?
No lo recuerdo muy bien, pero creo que eran unas ocho o diez las líneas que existían.
Y recuerda. ¿Cuál fue la primera línea que le asignaron?
Hombre eso es siempre difícil de olvidar. El primer día me enviaron a cubrir la Línea 5. Y mi último servicio hasta que me jubilé fue la Línea 19 con destino a la Universidad de Almería.
¿Y la marca y modelo de los vehículos de esos años?
-Tampoco es fácil de olvidar. Eran autobuses de las marcas Mercedes Benz, Setra y dos Volvos. Precisamente estos eran los que hacían el servicio de una guardería de la barriada del Alquian.
¿Había entonces en la ciudad algunas líneas calificadas como problemáticas?
Si le soy sincero, personalmente jamás tuve problemas en ninguno de los barrios por donde nos movíamos. Bueno, sí recuerdo que hubo un momento muy tenso estando en el polígono del Puche y el autobús en la parada esperando la hora de salida cuando un hombre en estado etílico que conducida una bicicleta de Cross por la acera se estampó con una de las puertas quedando conmocionado en el suelo. Se armó un buen jaleo, salí a socorrerlo y un grupo de personas rodearon el autobús teniendo que intervenir la Policía Local ya que fueron unos momentos difíciles.
Obviamente Almería en estos últimos veinticinco años ha crecido y cambiado bastante. ¿Estaba entonces mejor ordenado el tráfico en las calles?
Estaba acorde al propio desarrollo de la ciudad y por supuesto teníamos mucho menos tráfico y también había bastante menos obras públicas en la capital.
¿Cuál ha sido el secreto de su popularidad dentro de su gremio y entre los usuarios?
No crea que tenga ningún secreto. Lo único que he hecho siempre fue dar todo lo mejor que tenía a los pasajeros usuarios del autobús.
¿Qué supone para usted, que especialmente en su barrio sea uno de los vecinos más apreciados?
Es que aquí la gente, es muy especial. La gente de mi barrio Pescadería-La Chanca de la que me siento muy orgulloso, es única. Son mis raíces. Una parte muy importante de mi vida.
Además de ser un buen conductor. ¿Hay que tener también algo de psicología para ejercer su función al volante del vehículo?
Si algo de psicología y una buena dosis de paciencia. Ya se sabe que vivimos en un mundo donde todos tenemos prisa. Así que hay que ser comedido porque nunca se sabe lo que se puede uno encontrar.
Me dicen quienes le conocen bien, que puede contar numerosas anécdotas en el autobús. ¿Puede recordar brevemente algunas de ellas?
Uff, si bastantes. Me viene a la cabeza una, que estando en la parada de las “500 viviendas” y ya me dirigía a la zona centro circulando por la avenida de Madrid paré el autobús para subir a una chica que iba en silla de ruedas que había perdido el autobús y se dirigía a los juzgados.
Amigo Antonio, así a bote pronto. ¿Sería capaz de decir cuantos miles de kilómetros ha hecho a lo largo de su vida profesional?
Puff.. es difícil, pero entre mis tiempos trabajando de camionero y en los autobuses estimo que han sido centenares de miles de kilómetros.