La startup de Cabo de Gata que usa IA y tecnología para dirigir conciertos de música
Muse Scene Lab democratiza la música, explica el ingeniero que desarrolla el proyecto, José Cantón

A la derecha el cabogatero José Cantón, junto con sus socios Luis Parra (izquierda) y Pedro Barboza (centro)
La intersección entre música y tecnología está dando lugar a nuevas formas de aprendizaje y creación artística. Desde Almería, pero con una clara vocación internacional, Muse SceneLab desarrolla herramientas que permiten a músicos y directores de orquesta practicar en entornos virtuales e inmersivos, algo hasta ahora reservado a contextos muy limitados. Al frente del desarrollo tecnológico se encuentra José Cantón, ingeniero y músico, que nos explica cómo la realidad virtual, la inteligencia artificial y la educación musical se combinan en un proyecto que busca democratizar el acceso a la música.
Lleváis varios años desarrollando Muse Scena Lab. Mirando atrás, ¿qué ha sido lo más gratificante de todo este proceso?
Ver cómo el proyecto ha ido creciendo gracias a las colaboraciones. Desde universidades como la Complutense, centros en Brasil, Perú o conservatorios en Galicia, hasta instituciones internacionales como Berkley o contactos en Alemania. Empezamos en 2022 en una incubadora en Madrid y, poco a poco, el proyecto fue tomando forma gracias a la suma de muchas personas y contextos distintos.
¿Cómo llegaste tú al proyecto?
Mis dos socios, Pedro y Luis, tenían la idea inicial: una aplicación para que los músicos pudieran practicar de forma inmersiva. Buscaban un perfil técnico y me encontraron a través de LinkedIn después de muchas entrevistas. Lo curioso es que los tres somos músicos, y eso fue clave para entender bien qué experiencia queríamos crear.
El producto principal es MuseLabConductor. ¿Cómo lo definirías?
Es un simulador de dirección de orquesta. Permite a los estudiantes practicar algo que en la vida real es casi imposible: dirigir una orquesta completa. Contratar a 30 o 40 músicos cuesta una barbaridad, así que normalmente un director en formación solo tiene una o dos oportunidades reales en toda su carrera. Nosotros queremos democratizar ese acceso.
¿Cómo funciona?
Analizamos el movimiento de las manos en 2D o 3D: posición, velocidad y aceleración. Con esos datos, en tiempo real, la orquesta virtual responde al tempo y a las dinámicas que marca el director. Una mano controla el tiempo y la otra la intensidad de cada sección: cuerdas, percusión, vientos… Es física aplicada a la música.
Habéis trabajado tanto con realidad virtual como con realidad aumentada.
Exacto. La realidad virtual es muy inmersiva, pero requiere un casco. Para democratizar el acceso desarrollamos la versión de realidad aumentada, que funciona con un portátil y una webcam. No es tan inmersiva, pero permite que cualquier persona pueda practicar desde casa.
Recientemente habéis recibido una subvención importante del CDTI.
Es una de las ayudas tecnológicas más importantes a nivel estatal. Quedamos quintos entre unas 400 empresas. Esto nos permite dar el siguiente paso: entrenar redes neuronales para que el sistema entienda mejor los gestos del director.
¿Qué aporta la inteligencia artificial en este caso?
Hasta ahora interpretábamos los gestos mediante programación basada en físicas. Con la IA queremos grabar a directores reales, etiquetar sus gestos y entrenar una red neuronal que sea capaz de reconocer parámetros más sutiles: carácter, articulación, intención musical. No es solo “más rápido o más lento”, sino cómo se expresa la música.
¿Tenéis competencia en este ámbito?
Hay productos parecidos, pero suelen ser más juegos, tipo Guitar Hero. Nosotros somos una empresa de educación musical con una base pedagógica fuerte. La aplicación corrige, da feedback y sigue la teoría musical real. Eso nos diferencia claramente.
Aun así, el mercado de la dirección de orquesta es muy nicho.
Exacto. Y eso nos llevó a plantear un segundo producto: MiHeArsal. Está pensado para cualquier músico, no solo directores. Un guitarrista, un bajista o un cantante puede practicar con músicos virtuales que responden a comandos de voz y a lo que está tocando en tiempo real.
¿Este segundo producto está pensado para instituciones o para usuarios finales?
Queremos que cualquier músico pueda suscribirse y practicar desde casa. Empezamos con canciones conocidas para prototipar y validar la experiencia, pero a largo plazo la idea es que los usuarios puedan subir sus propias partituras o composiciones.
A nivel personal, ¿qué es lo que más te compensa de todo este esfuerzo?
Ver que la herramienta se usa y es útil. Como ingeniero, no hay nada más satisfactorio que construir algo que la gente aprovecha, y más si está relacionado con la música y la educación.
¿Y el mayor reto al que os enfrentáis ahora?
La financiación y el talento. Encontrar perfiles muy especializados no es fácil. Pero siempre digo que lo más importante es el equipo. Sin equipo, una empresa no es nada. Tenemos cinco personas que trabajan desde el principio con nosotros por amor al arte y esto de agradecer infinitamente.