Imágenes vivas en otra dimensión
La otra cara del fotógrafo artístico Domingo Leyva

El fotógrafo Domingo Leyva.
Domingo Leiva nacía la calurosa noche del 24 de julio de 1957 en Alhama de Almería, hijo de unos campesinos humildes que soñaban con crear una prole que heredase la tierra y no precisamente en el sentido cristiano de la bienaventurada expresión.
A los 15 años esta mente privilegiada para el Arte con mayúsculas, no sabía mucho sobre cómo construir grandes marcas, pero ya el mozalbete tenía claro que había que destruirlas para mejorar el mundo.
Al inicio de la década de los setenta comenzó a militar en organizaciones de la izquierda radical, en el franquismo tardío como tanta gente inquieta por alcanzar un futuro mejor para generaciones venideras. Durante su época de estudiante se forjó un sólido currículum como inmigrante ilegal de estío, en países como Suecia, Alemania o Francia. Y fue en Granada donde aprendió mucho más que Filosofía y Ciencias de la Educación (psicología), carrera en la que se licenció en 1980, para inmediatamente comenzar a ejercer como barrendero del Albaicín, trabajando para la empresa concesionaria del servicio de limpieza en la ciudad de la Alhambra, pero pronto el licenciado Leiva encontró trabajo
Le contrataron como psicólogo en el Departamento de Selección de Personal de Consurex, una consultoría de Recursos Humanos, que además contaba con una línea de actividad dedicada a la investigación de mercado. Este fue su primer contacto con el Marketing.
Pero no fue hasta que cumplidos los veintiséis años entró seriamente en contacto con el mundo de la publicidad
En verano de 1983 redacté mi primera cuña radiofónica, para echarle una mano a un amigo agobiado de trabajo, que ejercía como director creativo en Plataforma, una agencia de publicidad con la que Consurex estaba vinculado. Y a partir de ahí vino la segunda, la tercera, la cuarta cuña, y la página de prensa, y el spot de televisión, y el descubrimiento del universo de las marcas, un mundo virtual que determina la conducta de las personas en su rol de consumidores.
Y no se le dio mal. Imagino que no por su parentesco con el jefe, sino por que empezó a dar salida a su talento
En 1985 ya era director creativo de Plataforma y durante siete años fui responsable de planificar las estrategias de comunicación, definir los ejes conceptuales y establecer las líneas de trabajo de una empresa de comunicación publicitaria.
Dado el éxito del desarrollo de su trabajo en Plataforma decide dar un paso más. ¿Y qué ocurrió?
En el olímpico año de 1992, decidí cambiar de cancha y con parte de mi equipo, fundamos Estrategia Creativa, una agencia de publicidad en la que una buena parte de las personas que trabajaban eran también socias donde fui el responsable de la dirección Creativa de la agencia, además de desarrollar la asesoría externa de marketing para compañías nacionales e internacionales, de sectores como la piedra natural, la horticultura o el inmobiliario.
Después de más de dos décadas de publicista y desarrollar estrategias de comunicación por la cabeza de Domingo Leiva ya ronda un nuevo reto que cambia el rumbo de su vida profesional,
Después de tantos años desarrollando estrategias para los demás, decidí desarrollar la mejor estrategia de mi vida, abandonar la publicidad. Un campo profesional en el que te pagan por ser creativo, lo que es todo un lujo, pero que te obliga a estar en una situación de permanente tensión emocional.
Ese nuevo rumbo lo lleva a dejarlo todo y mirar hacia adelante centrándose en alimentar su actividad creativo
Abandoné la publicidad, pero no la actividad creativa. Desde entonces he investigado sobre la creatividad en la enseñanza, impartiendo Master y Cursos de formación sobre estrategias de comunicación para diversas universidades en España y Latinoamérica, y sobre todo he explorado nuevos caminos en lo que siempre fue mi pasión favorita, la fotografía.
¿Y cómo se define como fotógrafo?
Como fotógrafo, desarrollo un modo personal de ver el mundo que denomino “Realismo imposible” ya que lo que aparece en mis imágenes está presente en el momento de la toma. Pero lo que se ve en la obra final no podía ser percibido por el ojo humano. El procesado digital extrae una dimensión panorámica y textural inalcanzable para nuestra retina. Todo nos parece habitual y familiar en las imágenes, y sin embargo tenemos la sensación de que lo vemos así por primera vez.
¿Y eso cómo se consigue?
Trabajando con la mente de un pintor. Ni la cámara ni yo mismo podemos ver la imagen buscada en el momento de la captura. Habitualmente hace falta un buen número de disparos para recoger la información que después será fundida y procesada en una sola imagen. Hay mucho de sorpresa, pero poco de azar en el flujo de trabajo. Casi todo está planificado, estudiando la luz y el espacio y previendo cuál será el resultado final.
¿Díganos brevemente dónde podemos disfrutar de estas fotografías que son referenciales en el mundo creativo?
Me gusta compartir mis imágenes y explicar la manera en que las he conseguido. Normalmente lo hago en redes sociales asociadas a la fotografía como Flickr y 500px, también en mi perfil de Facebook.
¿A usted que le diferencia de otros fotógrafos artísticos?
Más bien hablaría de lo que tengo en común con ellos, que es una manera personal de ver el mundo y reflejarlo en las imágenes que realizo.
¿ De qué fotografía se siente más orgulloso?
Una de hace muchísimos años. No es de las mejores, pero sí de las primeras en las que comencé a encontrar una mirada personal. Se trata de una foto panorámica de la estación del ferrocarril de la ciudad de Almería. Hicieron un sello de correos con otra imagen de la serie de la que formaba parte.
¿Está en España bien valorado su trabajo?
-Mucho más de lo que nunca pude imaginar cuando comencé con la fotografía. En cualquier caso, el reconocimiento es algo que no me quita el sueño en absoluto.
¿Cuál es el secreto para conseguir una fotografía 10?
Tener un ojo capaz de descubrir la belleza donde la mayoría de otras personas no la ven.
¿Cómo se inició en esta técnica?
Como director creativo tuve que formarme en casi todas las disciplinas artísticas, unas veces de manera teórica y otra práctica. Tuve la suerte de tener como colaborador durante muchos años a Carlos Pérez Siquier. Su forma de mirar me motivó a inclinarme por la fotografía. Comencé queriendo hacer las mismas fotos que él hacía. Con el tiempo desarrollé un estilo personal muy alejado del suyo. A ello contribuyó el descubrimiento de todo un mundo de posibilidades asociado al procesado digital.
¿Cuál ha sido su fotografía más difícil?
Mi fotografía, en general, no es precisamente fácil. Suele estar compuesta por numerosas tomas que van a ser cosidas de manera que se podría calificar como tridimensional, es decir, a lo ancho a lo largo y fusionando la luz de varias tomas en un HDR. Pero quizás una de las fotos que me dio más trabajo fue una imagen de la iglesia de Cabo de Gata que me encargó la actual alcaldesa de la ciudad de Almería, cuando era concejala de turismo. Pasé una semana de amaneceres y crepúsculos alrededor de la Iglesia hasta encontrar la imagen. El resultado, de una aparente sencillez, es el resultado de un complejo desafío técnico.
¿En qué parte del mundo ha expuesto sus fotografías?
A estas alturas, no le sabría decir. Solo expongo cuando me lo proponen. Nunca lo busco de manera proactiva. Mis imágenes aparecen regularmente en publicaciones de prácticamente todo el mundo y son visitadas por cientos de miles de personas en Internet. Obviamente, cuando publican una foto tuya en la portada de una revista con millones de ejemplares, de tirada y difusión mundial, es cuando te sientes más satisfecho. Pero hacer exposiciones físicas, a las que van a asistir unos cuantos miles de personas, no me motiva especialmente.