Sonsoles Onega se despide de su padre, el periodista Fernando Onega
Muerto a los 78 años, Fernando Onega es historia del periodismo español.

Sonsoles Onega con su padre, Fernando Onega.
Fernando Ónega ha fallecido este martes en Madrid a los 78 años, dejando un profundo vacío en el periodismo español y en la memoria de la Transición. Cronista clave de aquella etapa, fue jefe del Gabinete de Prensa de Adolfo Suárez y autor de la célebre fórmula “Puedo prometer y prometo”, uno de los lemas políticos más recordados de la historia reciente. Deja viuda y tres hijos, entre ellos la presentadora Sonsoles Ónega, con quien mantenía una relación profesional y personal marcada por la admiración mutua.
En los últimos años, padre e hija protagonizaron varios encuentros televisivos que permitieron ver su complicidad ante las cámaras. “Él es mi comodín de la llamada, le consulto todo. Es mi maestro, sigue enseñándome cosas”, decía Sonsoles emocionada cuando Fernando fue nombrado miembro de honor de la Real Academia Europea de Doctores, en una de sus últimas grandes apariciones públicas.

Sonsoles y su padre estaban muy unidos.
La presentadora siempre ha destacado que de él aprendió a ser honesta consigo misma y con la información, y a no confundir la prisa con la excelencia: “El que llega más rápido no llega más lejos”, recordaba al ver a su padre recoger su tercer Premio Ondas.
En esos reencuentros, también afloraba el humor familiar. Durante la celebración del 30 aniversario de Telecinco, Sonsoles bromeó diciéndole “estás cañón ahora, mucho mejor que entonces”, mientras él se declaraba orgulloso de verla convertida en una de las figuras fuertes de las mañanas en televisión. “Me vas a hacer llorar y yo no quería”, respondía ella antes de fundirse en un abrazo que hoy cobra un significado especial.

Fernando Onega junto a su familia.
La muerte de Fernando Ónega supone un golpe devastador para Sonsoles y sus hermanos, Cristina y Fernando, que han heredado de él tanto la vocación periodística como el amor por Galicia, tierra de la que el comunicador siempre se declaraba hijo antes que nada.
Allí organizaban a menudo reuniones familiares y allí se forjó el carácter de aquel niño de aldea que escuchaba la radio con su padre y que acabaría convirtiéndose en una de las grandes voces de la radio, la prensa y la televisión en España. La capilla ardiente se ha instalado en la Casa de Galicia en Madrid, abierta a compañeros, amigos y ciudadanos que quieran despedirse de uno de los periodistas más influyentes de las últimas décadas.
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