La Voz de Almeria

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Llegó en patera a Almería, durmió en la calle y ahora es propietario: la historia de superación de Samba

Una noche, salió por la ventana de su casa y emprendió un viaje incierto. No huía de su tierra; huía de la falta de oportunidades

Samba, en una imagen cedida por NOESSO.

Samba, en una imagen cedida por NOESSO.La Voz

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Samba no quería irse de su país. Su vida, aunque marcada por la pobreza, estaba llena de vínculos: su familia, sus amigos, su pueblo. Era un adolescente como tantos otros en Malí, con el deseo sencillo de estudiar y construir un futuro digno. Pero la realidad se imponía con dureza: su familia no tenía recursos para sostener su educación, y desde muy joven tuvo que trabajar en el campo junto a su padre, cultivando mangos, papayas y otros productos para sobrevivir.

Con apenas 16 años, tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre. No fue una decisión fácil ni compartida. De hecho, su padre no sabía nada. Una noche, en silencio, preparó una mochila, salió por la ventana de su casa y emprendió un viaje incierto. No huía de su tierra; huía de la falta de oportunidades. Lo hacía con un objetivo claro: ayudar a su familia.

Un camino incierto, entre el horror y la supervivencia

El camino fue duro desde el primer momento. Llegó a Bamako sin apenas recursos, durmiendo en la calle y comiendo lo que podía. Allí tuvo que enfrentarse, además, a la barrera del idioma, en un país donde conviven múltiples lenguas. Poco a poco, trabajando en lo que encontraba, logró reunir algo de dinero para seguir avanzando.

Atravesó fronteras y llegó a Argelia. El desierto fue uno de los tramos más difíciles: un territorio hostil, peligroso, donde la vida humana muchas veces pierde valor. Samba era solo un niño, y quizá por eso, en ocasiones, lo dejaban pasar. Aun así, fue testigo del miedo, de la violencia, de la fragilidad de quienes emprenden ese camino.

En Argelia trabajó en la construcción, ganando lo justo para continuar. Más adelante llegó a Marruecos, y desde allí, como tantos otros, se subió a una patera rumbo a España. Un trayecto arriesgado, donde muchos pierden la vida, pero que él logró superar.

Por fin en Europa, pero como un indocumentado

Cuando llegó a España, comenzó otra etapa, también compleja. No hablaba el idioma, no tenía documentación y se sentía solo. Durante un tiempo vivió en un centro donde permaneció dos años. A pesar de las dificultades, empezó a adaptarse, a conocer gente, a encontrar pequeños apoyos.

Al cumplir los 18 años tuvo que abandonar ese recurso, y fue entonces cuando llegó a NOESSO, en Vícar. Recuerda aquel momento con una mezcla de miedo y tristeza. Dejaba atrás un lugar donde había hecho amigos y tenía cierta estabilidad. Al llegar, volvía a ser un extraño, no conocía a nadie. Durante la primera semana apenas hablaba.

Samba, junto a miembros de NOESSO.

Samba, junto a miembros de NOESSO.La Voz

Personas que hacen que la vida merezca la pena

Sin embargo, poco a poco, algo empezó a cambiar. Encontró acogida. Encontró personas que le escuchaban, que le acompañaban en lo bueno y en lo malo. También le sorprendieron cosas sencillas, como la comida, tan distinta a la de su país, o la cercanía de la gente.

Pero lo más importante fue el apoyo constante. En NOESSO no solo le ofrecieron un lugar donde estar, sino un camino para reconstruirse. Aprendió el idioma, algo que al principio parecía imposible. Aprendió a leer y escribir. Aprendió a desenvolverse en una sociedad completamente nueva. Y, sobre todo, ganó confianza en sí mismo.

Uno de los momentos más importantes de su vida llegó cuando consiguió la documentación. Hasta entonces, no podía trabajar legalmente, lo que le generaba frustración y una profunda sensación de inseguridad. Cuando por fin obtuvo los papeles, sintió que una puerta se abría de verdad.

A partir de ahí, su vida comenzó a estabilizarse. Encontró un trabajo fijo en una empresa, donde se siente valorado y bien tratado. Con esfuerzo y constancia, logró algo que para muchos resulta inalcanzable: comprarse una casa. Hoy la comparte con compañeros, también vinculados a su proceso, construyendo juntos una nueva etapa.

Hoy tiene una vida digna y es una persona nueva

Samba reconoce que ha cambiado mucho. Antes era tímido, inseguro, con miedo. Ahora se siente fuerte, capaz, integrado. Ha conseguido aquello que soñaba cuando salió de Malí: ayudar a su familia. Cada mes envía dinero para contribuir a su sustento, algo que para él tiene un valor enorme.

Sin embargo, su sueño ha evolucionado. Si antes su objetivo era llegar a Europa, ahora su mirada vuelve a su origen. Quiere regresar a su país. Quiere estar con su familia. Quiere emprender allí un proyecto que genere empleo y oportunidades, para que otros jóvenes no tengan que pasar por lo que él vivió.

Balance de un viaje que trastocó todos sus sueños

Samba tiene claro que el camino que recorrió fue extremadamente duro. Por eso, cuando piensa en jóvenes de su edad que se plantean emigrar, su mensaje es contundente: “Que no lo hagan. Que intenten formarse y trabajar en su país, porque el viaje está lleno de riesgos y sufrimiento”.

Aun así, guarda un profundo agradecimiento por lo vivido en España. Considera este país como un lugar maravilloso, donde ha encontrado personas que hoy siente como su familia. Porque, aunque esté lejos de los suyos, no ha estado solo.

La historia de Samba es la historia de un joven que, desde la dificultad, ha sabido construir una vida digna. No ha sido fácil. Ha habido miedo, soledad y obstáculos. Pero también ha habido esfuerzo, acompañamiento y esperanza.

Hoy, cuando mira atrás, no solo ve el camino recorrido, sino todo lo que ha sido capaz de lograr. Y cuando mira hacia adelante, lo hace con un propósito claro: devolver a otros lo que la vida, con mucho esfuerzo y ayuda, le ha permitido alcanzar a él.

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